Irene Montero es a la educación sexual de los niños lo que la Estrella de la Muerte al planeta Alderaán

Llega un punto en que resulta muy difícil que Irene Montero sea noticia. Es decir, ya todo el mundo sabe antes de que habrá la boca que a continuación vendrá algún tipo de enorme insensatez. Por consiguiente la ministra de Igualdad la tiene que decir muy gorda y muy bestia para que algo de lo que dice resulte no ya abominable, sino noticiable. El caso que ayer durante una comparecencia en la comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados la ministra vaya si se superó a sí misma y vaya si consiguió decir no sólo una barbaridad, sino una barbaridad digna de ser noticia, digna de su dimisión y digna de la desarticulación de todo el Ministerio de Igualdad.

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Literalmente, Irene Montero llegó a decir ayer que “Los niños pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les de la gana”.

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La ministra puntualizó respecto a esas relaciones sexuales de los niños que tenían que estar “basadas eso sí en el consentimiento”. Como si conseguir el consentimiento de un niño para tener sexo con él lo purificara todo.

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Montero sostuvo que tener relaciones sexuales con quienes quieran los niños es un “derecho” y que por tanto no es una cuestión opinable y que tiene que ser el gobierno, “independientemente de quiénes sean sus familias”, quien eduque a los niños en esta peculiar visión de la sexualidad.

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Todo es tan grave que resulta difícil decidir por dónde empezar.

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Desde luego la frase de que “Los niños pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les de la ganapodría firmarla, además de la ministra de Igualdad del Gobierno de España, Michael Jackson, el marido de Mónica Oltra o cualquier pederasta en busca y captura o cumpliendo condena.

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No se entiende que alguien que niega la prostitución, y por tanto el derecho de una persona adulta a tener relaciones sexuales con quien quiera, conceda en cambio ese derecho a los niños.

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Atendiendo a la literalidad de las palabras de Montero, ¿puede un niño, una niña o un niñe participar en el rodaje de una película porno? ¿Es su derecho inalienable hacerlo? Por supuesto, como ella puntualiza, con el consentimiento del niño.

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El artículo 183 del Código Penal tipifica como delito lo que Montero llama “derecho” y determina que “El que realizare actos de carácter sexual con un menor de dieciséis años, será castigado como responsable de abuso sexual a un menor con la pena de prisión de dos a seis años”.

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¿Cómo puede aparecer una ministra del Gobierno de España diciendo que un niño puede mantener relaciones sexuales con quien quiera y seguir un minuto más en su puesto?

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Ese mismo niño que no podría comprar alcohol o tabaco, o firmar una hipoteca, o entrar a un bingo, ¿resulta que pude mantener relaciones sexuales con todo pichichi? ¿Se escucha Irene Montero a sí misma cuando habla? ¿Pero qué clase no ya de ministra sino de persona es Irene Montero?

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Montero habla del consentimiento del niño, pero es que el problema con los niños es precisamente que todavía no tienen la voluntad formada como para poder tener un consentimiento pleno. Por eso no pueden invertir en criptomonedas, pedir un préstamo, comprar tabaco o enajenar sus bienes. Para evitar que se aprovechen de ellos los desaprensivos. Para evitar que por desconocimiento e inmadurez padezcan un perjuicio. No es para fastidiar a los niños, es para protegerlos. Que un usurero o un pederasta tengan la firma con el consentimiento de un niño resulta irrelevante por completo.

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Interesa subrayar que en todo momento Irene Montero habla de niños. Además habla con desprecio y hostilidad de las familias, atacando que pueda haber padres que no compartan la visión del sexo de Montero, y sosteniendo que el estado debe garantizar que los niños sean educados en estas ideas tan maravillosas de la ministra y no en las ideas y valores de los padres.

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Por si fuera poco, Montero utiliza a lo largo de toda su intervención, como es habitual, un tono matonesco y despectivo impropio de una ministra para dirigirse no sólo a los diputados, sino a los españoles que no piensan como ella, de los que es una mera empleada, que además le pagan el sueldo y el presupuesto del ministerio.

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Es posible que hoy vuelva a utilizarse ese tono matonesco y soberbio para sostener que quienes critican a Montero no entendieron nada de sus palabras, porque esta gente cuando se equivoca ataca en vez de pedir disculpas. Por el contrario, sus palabras son cristalinas. Otra cosa es que no dijera exactamente lo que quería o que no fuera capaz de articular coherentemente sus pensamientos, sustituyendo la lógica por agresividad y asertividad. La cuestión es que eso no es algo que le pasara a Montero ayer, sino un problema con el que lleva varios años sin progresar y que se ha convertido en una característica de su forma de actuar.

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Ante un asunto de esta gravedad más le vale presentar su dimisión, pedir perdón, reconocer su incapacidad y volver a la caja del Saturn a aprender un poco de humildad.

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Por lo demás, en el fondo y sin querer, Irene Montero da todos los días una clase magistral sobre la importancia de la libertad educativa, mostrando que el peligro de que algún padre perturbado eduque de forma inapropiada a sus hijos (cosa que por otro lado se puede interferir desde los tribunales) palidece en comparación con el peligro de que un gobierno desquiciado eduque de forma demencial a todos los niños. Donde hay tiranías no hay libertad educativa y donde hay libertad educativa no hay tiranías, por si alguien tiene dudas sobre el perfil de los enemigos de la libertad educativa.

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