Armonización, contrafuero, recentralización y tiranía fiscal

Vuelve a ser objeto de debate estos días la armonización y la autonomía fiscal. O la una o la otra, claro está. Cabe entender por ello que la armonización fiscal también es una amenaza al Fuero navarro o al Cupo vasco. O hay autogestión fiscal, o hay armonización. El debate es fiscal, pero también administrativo, no se puede armonizar sin recentralizar el estado. Por otro lado el debate se encuentra lleno de lagunas, incocherencias e inconsistencias. Vayamos a ello.

La armonización fiscal, para empezar, parte de la premisa de que la competitividad fiscal es mala. Asimismo de que la pluralidad política y la descentralización es mala. Es decir, hay quien piensa que una sociedad prospera más con una administración pequeña y unos impuestos bajos y hay quien piensa que lo mejor es una sociedad con muchos impuestos y mucho estado. Con una armonización fiscal de por medio desaparece la posibilidad de que una comunidad practique otra política que la de impuestos altos y mucho estado. O sea, desaparece la posibilidad de no practicar una política socialista. Entonces, ¿para que necesitamos un estado autonómico, parlamentos autonómicos y elecciones autonómicas? ¿Qué más da quien gane en cada autonomía si todas tienen que practicar obligatoriamente una política socialista?

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No obstante, con un gobierno central que no fuera socialista podría revertirse la tostada. Es decir, se podría imponer una armonización fiscal por lo bajo. ¿Aceptan este escenario los defensores de la armonización fiscal o pretenden que esa armonización sólo se produzca cuando gobiernen ellos?

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La armonización fiscal es por otro lado un castigo a la buena gestión. Por un lado, puede haber un gobierno autonómico al que le parezca prescindible una consejería de Igualdad, o una dirección de Memoria, o una televisión pública, o que decida no endeudarse, lo que se traduciría a largo plazo en una reducción del gasto y una menor necesidad de recaudar con impuestos. También puede ser que un gobierno gestione mejor que otro y que lo que un gobierno consigue por cada 100 euros otro lo consiga por 90, lo que una vez más se traduce en una menor necesidad de recaudar con impuestos. ¿Por qué hay que armonizar los impuestos para que el que gasta menos, se endeuda menos o gestiona mejor no pueda fijar unos impuestos menores que quien gasta más, se endeuda más o gestiona peor?

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Existen además dos vías para recaudar más y poder pagar mejores servicios públicos. Si entendemos el PIB como una tarta, una vía es tener impuestos altos y que el estado se lleve un gran trozo de tarta cada año. No obstante, existe una vía alternativa, acaso más interesante, que consiste en que el estado se lleve un porcentaje de tarta más pequeño, pero conseguir que la tarta sea más grande. En los años 90, por ejemplo, España e Irlanda tenían el mismo PIB per cápita. Irlanda apostó por una economía liberal y España por una economía socialdemócrata. Ahora la presión fiscal de Irlanda es del 20% y la de España casi del 40%, pero sin embargo el gasto por habitante en Educación o Sanidad es el doble en Irlanda que en España, esto es posible porque en todos estos años España ha pasado de tener un PIB per cápita de 10.000 euros a uno de 25.000, mientras que Irlanda ha pasado de tener un pib per cápita de 10.000 euros a tener uno de 83.000. La moraleja podría ser, por un lado, que si Irlanda y España hubieran sido dos autonomías de un mismo país y se le hubiera impuesto a Irlanda una armonización, su riqueza se hubiera quedado en un tercio de la que es. La otra moraleja es que, si quieres más gasto por habitante en Sanidad y Educación, abandona la defensa de los impuestos asfixiantes y hazte liberal.

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Puestos a armonizar y teniendo en cuenta por otro lado que España es el único país o casi en el que todavía existen impuestos como sucesiones o patrimonio, ¿no es España la que debería ser armonizada de forma que se eliminaran estos impuestos anacrónicos, injustos y extintos en el resto de nuestro entorno?

En el debate actual, por lo demás, se observan algunas piruetas dialécticas y contradicciones dignas de mención. Los separatistas catalanes, por ejemplo, piden independencia fiscal por un lado y armonización fiscal por otro. Independencia para ellos, claro está, y armonización para los demás. O que todo el mundo se tenga que armonizar con los impuestos que se establezcan en Cataluña. Los nacionalistas vascos, obviamente, cabalgan la misma contradicción. La armonización fiscal es progresista, solidaria y maravillosa, pero para los demás. El estado central debe fijar la política fiscal de Andalucía o Madrid, pero respetar la de la CAV.

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Podemos, por su parte, no defiende la competitividad fiscal. La formación comunista es más de defender el independentismo fiscal. Podemos no te deja eliminar el impuesto de sucesiones o establecer tu propia fiscalidad, pero reconoce el derecho de las regiones ricas a independizarse de las pobres. Por lo visto eso es lo más coherente, progresista y bolivariano que se puede defender.

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En Navarra también resulta curioso, empezando por la propia presidenta Chivite, ver a partidos supuestamente foralistas defender la armonización fiscal. ¿Cómo se compadece el régimen foral con la pérdida de la autonomía fiscal? ¿O la idea es defender la autonomía fiscal para las comunidades con gobiernos de izquierdas y la armonización para las autonomías con gobiernos de derechas? A final siempre estamos con lo mismo. Socialismo o coherencia. Socialismo o eficacia. Socialismo o prosperidad. Socialismo o libertad.

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