El Ministerio de Igualdad sigue haciendo de las suyas, obviamente siempre con nuestro dinero. En este caso ha hecho un spot a favor del hombre blandengue, por lo menos del hombre blandengue tal y como era definido por El Fary en una entrevista de 1984. Por si tienen la curiosidad, les dejamos con el vídeo en que se gastado nuestro dinero la ministra Montero, respecto al que ha tenido que explicar además a mucha gente, particularmente la gente joven que no ha visto Torrente, quién era El Fary.

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Respecto al contenido del vídeo seguramente no merece la pena analizar con más esmero del que sería razonable unas declaraciones del Fary en los ochenta, pero en cambio no deja de llamarnos la atención el “hastag” que acompaña al vídeo del ministerio: #ElHombreSeHace. O sea, esta afirmación de que el hombre no nace, sino que se hace, es un mensaje oficial e institucional, lo cual no deja de resultar curioso primero porque es una afirmación totalmente discutible, por no decir totalmente falsa. El hombre no se hace. Ser hombre o mujer es algo que sigue a un hecho biológico. Una mujer no llega a hacerse una vagina a base esfuerzo, ni un hombre llega a tener cromosomas XY después de leer una serie de libros sobre la masculinidad. Lo que un hombre sí puede (y debe) hacer en su vida es decidir la clase de hombre que es. Por otro lado cabría calificar el hastag del Ministerio como de transfobo. Todo el día bombardeándonos con que hay niños con problemas porque son mujeres que nacen en el cuerpo de hombres, u hombres que nacen en el cuerpo de mujeres, para al final decirnos que uno no nace nada sino que se hace, y que si un niño tiene un conflicto por sentirse niña y tener pirula es que alguien le ha provocado ese conflicto porque nadie nace hombre o mujer, sino que se hace, y por tanto nadie puede tener ese conflicto de nacimiento. Y si ser hombre o mujer es algo que se puede hacer, lógicamente también será algo que se puede deshacer. Irene Montero te dice lo que tienes que ser y, para llegar a serlo, cómo te tienes que hacer o deshacer. Un hombre blandengue es el que se convierte en lo que Irene le dice que tiene que ser.

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Como sin embargo habrán visto por el título, aunque no hayamos podido evitar caer en la tentación de cuestionar un poco el mensaje de fondo, la perspectiva desde la que queremos atacar esta campaña es la del contribuyente español. Más aún cuando, aunque es una campaña oficial, como hemos visto se dedica a propagar una serie de ideas de partido de la ministra. O sea, la ministra convierte sus ideas particulares en doctrina oficial y las publicita con nuestro dinero y un sello gubernamental. Es por tanto el momento de empezar a hablar del contribuyente blandengue, o del contribuyente que ve todo esto que se hace con su dinero y no se sube por las paredes.

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Un contribuyente blandengue es un español que paga sus impuestos con mucho esfuerzo y dinero y después no se preocupa de cómo lo gasta el gobierno. Un contribuyente blandengue también puede ser alguien que ve cómo el gobierno se gasta el dinero en campañas absurdas, en campañas que atacan sus valores, o en campañas que sólo son propaganda ideológica privada de los partidos en el gobierno, pero que no hace nada al respecto, ni siquiera enfadarse, aceptando que se malgaste su dinero con fidelidad de voto y total sumisión. Por la cantidad de campañas gubernamentales estrafalarias a las que asistimos en los últimos tiempos parece claro que en España hay mucho contribuyente blandengue, por lo que vamos a ofrecer unos “tips” sobre cuál es la actitud que debe adoptar un contribuyente para no ser un contribuyente bandengue.

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Para no ser un contribuyente blandengue hay que tener claras al menos estas cuatro cosas:

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-El gobierno no se puede gastar mi dinero en chorradas.

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-No basta con que el gobierno no se gaste el dinero en chorradas. El dinero que el gobierno no se gasta en chorrradas, sino en cosas importantes, lo tiene que gestionar eficazmente.

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No es aceptable que el gobierno nos pida un sólo euro más de impuestos mientras no demuestre que ya no puede recortar más en gastos superfluos o que ya no puede mejorar más la gestión.

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Incumplir alguno de los puntos anterior tiene castigo. No se acepta sumisamente el incumplimiento de alguno de los puntos anteriores. Como poco y como tarde al menos el día de las elecciones uno demuestra si es o no es un contribuyente blandengue.

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Al contribuyente blandengue, parafraseando al Fary, el gobierno que es pícaro y granujilla lo exprime, lo estruja, lo desprecia y abusa de él. La buena noticia es que el contribuyente blandengue se hace. O sea, que es algo que también se puede deshacer. De ser un contribuyente blandengue se sale. Dejar de ser un contribuyente blandengue, además, no es algo que cueste dinero sino que por el contrario ahorra dinero. Para dejar de ser un contribuyente blandengue mañana ya es tarde. El momento de empezar a rebelarse es ya.

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#ElContribuyenteSeHace

#NoSeasBlandengueDeMente

#IrenePagaloTu

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Comentarios (1)
  1. mirentxu says:

    Mas claro el agua.
    Mas cierto…….no veo qué pueda ser.
    Ojalá lean este artículo todos los ciudadanos con derecho a voto.
    Y todas las ciudadanas.
    Y todes les ciudadanes.
    Y luego que decidan

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 5 Thumb down 0

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