Con Sánchez de aliado la Diada se queda en nada

Sin pena ni gloria, abucheos y hasta una torta se celebró ayer la Diada nacionalista en Cataluña. Para empezar, a la división interna de los mandarines del prusés se sumó un fracaso apreciable de asistencia popular. La movilización permanente parece que empieza a fallar. Pero no conviene quizá confiarse demasiado. De hecho la pregunta es por qué los separatistas se han desmovilizado y qué puede pasar cuando el PSOE pierda el poder.

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Contemplando a Sánchez desde nuestra perspectiva, o la de su hemeroteca, resulta sencillo considerarlo un traidor y un vendido. El “que te vote txapote” lo dice todo en este sentido. No obstante, desde la perspectiva de los nacionalistas también sus líderes pueden aparecer como vendidos. O sea, no solemos ponernos en el lugar de un votante de Bildu, pero hasta cierto punto bien podría pensar que Otegui se ha vendido al PSOE, al sistema y a las seducciones de la vida muelle dentro de la política del estado español. Y una sensación parecida pueden tener todos los separatistas catalanes respecto a ERC. Desde luego es lo que el JXCAT intenta que piensen en mayor número posible de separatistas catalanes, puede que con razón. No te puedes abrazar a los independentistas y combatirlos al mismo tiempo, pero los separatistas también tienen el problema de que no pueden abrazarse el gobierno español y al mismo tiempo combatirlo.

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Llama la atención observar que ahora el JXCAT, la antigua Convergencia, es el partido más separatista por encima incluso de ERC. Es decir, hubo un tiempo en que se nos decía que los convergentes eran la facción sensata del nacionalismo catalán. Convergencia era el PNV catalán y el PNV era la Convergencia vasca. A fin de cuentas eran partidos con los que habitualmente pactaban el PSOE y el PP para llegar al poder. Igual que si pactas con Bildu o lo blanqueas o te mancha, si gobiernas con ellos también tienes que blanquear a Convergencia y al PNV, como hemos hecho durante mucho tiempo. El problema es que al final todos forman parte del problema y son lo que son.

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Para comprender la Diada de ayer hay que ser conscientes de que Pedro Sánchez y el separatismo catalán se encuentran en un momento en el que los separatistas acaban de ser policialmente derrotados, vuelven a ser minoría en voto popular, sus líderes están en la cárcel y su debilidad ha quedado de manifiesto. Entonces aparece Sánchez y les ofrece un cheque en blanco a cambio de su apoyo. Esa debilidad y ese cheque en blanco explican la legislatura socialista y la desleída Diada de ayer. ¿Pero qué pasará cuando Sánchez salga de la Moncloa, los separatistas dejen de recibir su cheque, y socialistas y separatistas estén en la oposición con un enemigo común? Al decir que con Pedro Sánchez de aliado la Diada se queda en nada casi podría parecer un piropo para el PSOE, pero la cuestión es si Pedro Sánchez está solucionando el problema nacionalista o aumentándolo, desarmándo a los nacionalistas o rearmándolos, o si todo lo que ha conseguido es provocar una desunión y una tregua trampa temporal que se revertirá en cuando el PSOE salga del poder y ya no lo puedan exprimir más.

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El problema al que se enfrenta a España cuando las urnas expulsen a Sánchez de la Moncloa es si la izquierda y el nacionalismo van a aceptar pacíficamente el resultado electoral, o si van a provocar un estallido social como el que se ha visto en Chile, en Colombia, o incluso en los EEUU, cuando la izquierda se ha visto temporalmente desplazada del poder. Cabe temer que los separatistas puedan volver a plantearle un pulso al estado en cuanto salga el PSOE del poder y vuelvan a presentarse unidos frente a un enemigo común. Y cabe temer aún más que la alianza entre separatistas y socialistas perdure también en la oposición. Que los separatistas hagan arder Cataluña, puede que también la CAV, mientras la izquierda hace arder las calles del resto de España, es algo más que una posibilidad impensable. Izquierda o fuego. O votas a la izquierda o arden las calles. Si suman todos sus votos más los de los cobardes podría funcionar. De hecho en Chile, Colombia o EEUU funcionó. Y luego está la posibilidad de que la propia derecha, atenazada por el temor a que la izquierda le queme la calle, renuncie a gobernar según su propio ideario lo que también sería otra forma de desvirtuar la democracia y de que ganara el terror.

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La pregunta que conviene hacerse tras el fracaso de la Diada de ayer es si el separatismo ha tirado la toalla o si, simplemente ha tomado una opción. Esta opción era, entre plantarle el siguiente pulso al estado español gobernando el PSOE o gobernando la derecha, qué escenario era mejor para ellos. Tal vez han decidido que es mejor echar el pulso al estado cuando gobierna la derecha que cuando gobierna la izquierda, porque mientras gobierna la izquierda pueden tomar fuerzas, y cuando la izquierda esté en la oposición puede no sólo no apoyar al gobierno, sino incluso ayudar a provocar el estallido social general dentro del que al separatismo le sería más fácil ganar.

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