El ecologismo y el meteorito destructor

Las últimas semanas ha habido una serie de movilizaciones bastante acentuadas en determinados puntos del planeta, las cuales han ocupado algunos de los titulares de actualidad y listados de tendencias de las redes sociales.

En los Países Bajos, hemos visto ya varios momentos de bloqueo de la circulación de las carreteras y de paralización de la actividad agrícola, llegando incluso a protestar ante las dependencias estatales con base en La Haya.

Puede decirse incluso que el gabinete del liberal Mark Rutte estaría atravesando una de sus mayores crisis en la historia, y no necesariamente por no tener mayoría absoluta (en el plano político neerlandés es muy habitual que haya coaliciones entre distintos bloques partidistas).

Mientras, en Sri Lanka, han explotado los niveles de indignación al máximo. Este fin de semana, una gran multitud de personas, desesperada por la inflación, ocupó la casa del presidente del país, Gotabaya Rajapaksa, con una orientación económica bastante comunista, intervencionista.

La situación económica de ambos países no es exacta y precisamente la misma. No obstante, el motivo-raíz más concreto de estas situaciones de caos está en el llamado «ecologismo» o ecosocialismo, siempre tan orientado hacia la Agenda 2030 y otras directrices del globalismo neosoviético revolucionario.

Las restricciones ecologistas, una soga espinosa

A los granjeros neerlandeses les están obligando a cerrar sus explotaciones agroganaderas (en otros términos más sencillas, sus granjas). Sí, tal cual, a efectos prácticos. Parece absurdo y difícil de creer, pero es cierto, y todo tiene un por qué.

Precisamente, se está poniendo el pretexto de la «necesidad» de reducir las emisiones de óxido de nitrógeno en proporciones comprendidas entre un setenta y un noventa y cinco por ciento. Incluso llegaron a hablar de una «transición inevitable«.

Mientras, en Sri Lanka (una de las economías más restringidas de Asia), se quiso prohibir total y drásticamente el desarrollo de la agricultura industrial. Se quiso poner freno a cualquier uso de fertilizantes sintéticos y se quiso obligar a la gente a instalar «huertos urbanos» en su domicilio.

Como consecuencia, la producción de arroz ha caído hasta en un cincuenta por ciento mientras que el desplome interanual en la producción de té ha rondado el veinte por ciento. Y sí, es que el rendimiento agrícola está empezando a verse deteriorado.

Todo socialismo es inhumano

Las primeras aplicaciones de la Tercera Fase de la Revolución, implementadas con la consolidación de la Unión Soviética, a la luz de El Capital de Karl Marx, fueron totalmente desastrosas, igual que sus imitaciones más próximas en la actualidad.

Las ejecuciones en masa de disidentes, las explotaciones de esclavos, las hambrunas intencionadas al más puro estilo del Holodomor ucraniano… Todo ello es razón para atribuir al comunismo un carácter criminal.

Del mismo modo, durante años, ha habido una brecha económica muy notoria entre los países europeos occidentales y aquellos más orientales. Incluso estriba aquí uno de los motivos por los que no pocos hispanoamericanos huyen hacia Florida, Texas y España.

La esperanza de vida y la supervivencia a determinadas enfermedades es, a día de hoy, muchísimo más baja en Corea del Norte y en Cuba que, por ejemplo, en España, Suecia y Suiza. También hay dificultades de acceso a estándares mínimos de calidad alimentaria y sanitaria.

El eco-socialismo no se libra

El «ecologismo» es un pretexto para imponer la máxima intervención económica bajo el pretexto intimidatorio de una «necesidad» de salvar el planeta Tierra, de evitar que podamos seguir gritando algo en plan «¡Vamos a morir todos!«.

Estará lleno de contradicciones, como ocurre cuando se promueve el litio frente al diésel porque «se contamina menos». Pero, como ocurre con el resto de derivados de su base ideológica, siempre habrá perjuicios contra la humanidad.

Estamos viendo cómo el caos provocado en Holanda y en Sri Lanka no solo devendrá en unos días de paro. Habrá pérdidas económicas, pero aquellos más desfavorecidos correrán un riesgo mucho mayor de desnutrición. La cadena de producción y distribución estará afectada para mal.

Con lo cual, con este breve ensayo, uno espera haber llamado a la reflexión, aunque haya sido con modestia. Del mismo modo que la pretérita lucha de clases no acabó con la pobreza, la incongruente defensa de la salud y del eco-sistema solo fomentará la insalubridad y un medio ambiente mucho más perjudicado.

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