En la residencia de 443 metros cuadrados de Yolanda Díaz no cabe ni un inmigrante

Uno de los momentos épicos que ha dejado la última y luctuosa crisis migratoria en la valla de Melilla ha sido el de la rueda de prensa de la vicepresidenta Yolanda Díaz. Preguntada por su predisposición personal para acoger inmigrantes en su casa, la nueva estrella de la galaxia progresista dijo que no, que estaba muy a favor de abrir las puertas del país en general a los “migrantes”, pero que de abrirles las puertas de su casa en particular nada de nada. Ya saben, una teoría para la puerta de entrada al país y otra opuesta para la puerta de entrada de tu casa. Cómo podrían sentirse moralmente superiores a todos los demás los líderes de la izquierda sin todas estas pequeñas incoherencias vitales y discursivas.

En este caso concreto, no obstante, nótese que la vicepresidenta y faro de la nueva izquierda ultraprogresista recurre para su negativa a acoger a ningún “migrante” en su casa a una cuestión de falta de espacio. Ella estaría encantadísima de la vida de acoger emigrantes en su casa, le provoca una enorme frustración no poder acoger inmigrantes en su casa. Pero es que no tiene espacio. Por más que quisiera es que no cabe ni un inmigrante en su casa. No habría manera. Es que física y materialmente no cabría y no cabe luchar con la física.

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La pregunta siguiente es cómo es la casa de Yolanda Díaz. ¿Existe algún dato al respecto? ¿Nos dice algo la hemeroteca?

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Pues efectivamente, la hemeroteca tiende a ser implacable con los políticos y el caso de Yolanda Díaz no es una excepción.

Hace un poco menos de un año, el Consejo de Transparencia y Buen Gobierno obligó a revelar (porque al parecer no tenían muchas ganas de desvelar voluntariamente el dato) a los Ministerios de Trabajo y Economía Social y al de Interior los datos de las viviendas oficiales, propiedad por tanto de la administración pública, de las que están haciendo uso residencial sus respectivos titulares. Llama la atención por consiguiente la resistencia a desvelar los detalles de las residencias de sus señorías cuando se da el agravante de que ni siquiera se trata de residencias privadas, sino a costa de todos los españoles. La información publicada puso de manifiesto el dato de que hasta 12 miembros del ejecutivo habían recurrido para establecer su residencia a estos inmuebles de la administración (con todos los suministros a cargo de los Presupuestos Generales), incluyendo a Yolanda Díaz y dándose la circunstancia de que la residencia de esta además era la mayor de todas ellas con 443 metros cuadrados de superficie.

Ignoramos si este tipo de viviendas imponen algún tipo de limitación legal (que por otro lado podría cambiarse) a quienes las disfrutan a la hora de invitar a nadie más a residir en ellas, pero por otra parte Yolanda Díaz no acudió a ninguna limitación de este tipo a la hora de explicar el motivo por el que ella estaba dispuesta a abrir de par en par las puertas del país a los inmigrantes pero no las de su residencia. Ella se limitó a justificarse apelando a una simple cuestión de falta de espacio. En cualquier caso esto delimita bastante, aparte de la coherencia política y vital de Yolanda Díaz, el número de inmigrantes que puede acoger España. Este número sería el resultante de todos los que estuvieran dispuestos a acoger voluntariamente en sus casas los españoles con viviendas de más de 443 metros cuadrados de superficie. Salvo que asumamos, claro está, que los españoles pueden hacer milagros con el espacio que no puede hacer Yolanda Díaz en ningún caso.

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