Los provida triunfan en Madrid y un juez negro criado por sus abuelos se carga el aborto en los Estados Unidos

Los defensores del aborto van de disgusto en disgusto en los últimos días. Por si no fuera poco la decisión del Supremo de los EEUU de derogar el derecho obligatorio al aborto para todos los estados, dejando a partir de ahora a cada uno legislar respecto a esta materia, los provida organizan una manifestación en Madrid que concluye con un éxito destacable. La lucha contra el aborto está muy viva. Todos sabemos que algún día el “derecho” al aborto será historia. Existe el derecho a la vida del hijo, no el derecho de la madre a matar a su hijo. ¿No estábamos en que los hijos no son de los padres?

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El progreso mata el aborto porque cada vez el embarazo tiene menos de misterioso, pese a las premisas de ciertos discursos. Se equivocan quienes piensan que esto del aborto es algo sobre lo que en algún momento dejará de debatirse porque, por el contrario, todas las mujeres que se han quedado embarazadas y todos los hombres que estaban a su lado saben que abortar no es otra cosa que eliminar un niño. Para figuras como Pérez-Reverte, que creen que de esto del aborto sólo deben opinar las mujeres, o que todas las mujeres son sin excepción partidarias del aborto porque el género determina la opinión, por lo visto para una mujer embarazada resulta inconcebible, no digamos para un hombre, pensar que es un niño eso que le abulta la tripa. No existen las ecografías. Cuando la mujer da a luz y aparece el niño es inexplicable de dónde viene el niño. Se materializa de repente entre las manos del médico. Lo que hay fuera es ya un niño. Lo que había un instante antes de nacer en el vientre de la mujer es un misterio inexplicable. Pero un niño no, por tanto podemos matarlo.

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Frente al escándalo de que vaya a poder haber estados en los EEUU en los que no se apruebe el aborto, el escándalo por el contrario es que pueda haber estados en los que siga siendo legal el aborto. No puede ser que haya estados en los que se respete el derecho a la vida y estados en los que no. Porque de eso estamos hablando. Esa es la clave de la cuestión. Si al abortar estamos matando a un niño o no. Si abortar es matar un niño no puede ser legal hacerlo ni en un estado ni en el estado de al lado. ¿O normalizamos la eliminación de los niños? ¿O establecemos de pronto que el derecho a la vida tiene carácter nacional, autonómico o estatal?

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Claro que traer al mundo un niño indeseado es un problema. No se trata de negar eso. La pregunta es si la forma de resolver ese problema es matar al niño. Y si a la postura favorable a matar al niño la podemos llamar “progreso”. Si algo tiene en común toda legislación abortiva es su inconsistencia. Los niños abortados o son o no son seres humanos. Si tienen su propio corazón, su propio cerebro o su propio ADN no tiene sentido sostener algo tan burdo como que cuando la mujer aborta simplemente toma una decisión sobre su propio cuerpo. Salvo que aceptemos la premisa de que hay mujeres con dos géneros, dos ADN, dos corazones o dos cerebros. Hay mujeres y hombres que parece que no tienen corazón ni cerebro, pero no hay mujeres con dos corazones o dos cerebros.

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Puesto que el núcleo de todo este asunto es si abortar es o no es matar a un ser humano, y que por tanto es una cuestión fundamental determinar el comienzo de la vida humana, tampoco tiene sentido ninguno una ley abortista de plazos. Si la vida humana comienza en un determinado momento, después no puede haber una ley que establezca varios plazos distintos sin asumir que aprueba el asesinato de niños. Ni puede haber una ley posterior con plazos distintos de la ley anterior sin asumir que una de las dos, o las dos, están matando niños en algún plazo. Ni puede ser que los plazos para abortar en un país sean distintos de los del país de al lado, como si la vida humana comenzara en distinto momento en Francia, en España o en Alabama.

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Uno de los miembros del Supremo de los EEUU que ha tumbado el aborto como derecho nacional tiene una historia peculiar. Se trata del juez Clarence Thomas, de raza negra, criado por su abuelo, un hombre que a los 8 años dejó los estudios pero estaba dotado de un espíritu emprendedor que le llevó a abrir una gasolinera. Thomas fue acogido y criado por sus abuelos después de que su padre abandonara a su madre y ardiera la casa en la que vivían. El juez Thomas cree que con una legislación abortista él mismo hubiera podido ser una víctima propicia del aborto. Lo progresista es dar una oportunidad al niño, no eliminarlo.

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Llegará un día en que, como sucede con otros asuntos, todos los partidos y todos los medios negarán haber defendido en algún momento el “derecho al aborto”, cuando en el futuro se contemple la eliminación de los niños como una costumbre bárbara, atrasada e inhumana. Eso sí, dará un poco de risa ver a algunos actuales defensores del aborto ver cómo intentan negarlo todo si ese momento llega bastante pronto.

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Comentarios (1)
  1. BURBUJISTA LADRILLISTA says:

    Dicen que las comparaciones son odiosas pero si comparamos la asistencia a la manifestación contra el aborto y la manifestación contra la OTAN…algunos se ponen a llorar

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 5 Thumb down 0

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