La «izquierda dura» andaluza retrocede, pero lo «progre» no

Hoy, 19 de junio, los andaluces han tenido una cita con las urnas para renovar la composición del Parlamento de Andalucía, la cámara legislativa autonómica. La magnitud poblacional de este territorio y la necesidad de pasar el termómetro sobre Moncloa hacen que estos comicios tengan bastante interés en líneas generales.

Había cierta inquietud, ya que los sondeos no vaticinaban un retorno de la izquierda, a manos del PSOE, como ocurriese, en 2015, en Extremadura (tras los «cuatro años perdidos» de José Antonio Monago). Incluso se estaba expectante ante la evolución de VOX, que ha arriesgado a uno de sus principales activos parlamentarios, Macarena Olona, para intentar asegurarse un buen resultado.

Ahora bien, a medida que veíamos los sondeos a pie de urna y la evolución a pie de urna, se confirmaba algo impensable: mayoría absoluta del Partido Popular (PP). Decimos que es impensable no solo porque Juanma no sea Ayuso ni por la rivalidad de VOX, sino porque Andalucía ha sido un feudo esencial para el PSOE, con importantes redes clientelares sumadas a la mentalidad socialista.

Tanto unos como otros, insisto, estamos sorprendidos (insisto, hablamos de Andalucía, no de Galicia, Madrid o Castilla y León, comunidades donde la derecha sociológica ha tenido, habitualmente, un peso mucho más elevado). No lo podemos negar. Incluso se puede hablar de cierto tipo de emociones, aunque también hagamos ciertas puntualizaciones. Sobre todo ello hablaremos a continuación.

Derrota de la izquierda, hasta cierto punto

Aunque a uno se le ha de juzgar por sus frutos, hay que recordar que el PP sigue siendo visto como una formación que no es de izquierdas, pese a que Juanma Moreno haya incidido en ocasiones en «el sesgo de centro-izquierda» andaluz. Sus votantes no suelen ser «rojos», aunque quienes estén ya más preocupados por lo cultural no les voten ya.

Con lo cual, se puede decir que la izquierda ha perdido, ya que la suma de escaños entre PP y VOX sigue siendo elevada en contraposición con el Frente Popular (a la filial del Elíseo en España no se le cuenta porque allá tampoco se ha librado de la desaparición, como le ocurriese en mayo de 2021, en Madrid, a Ignacio Aguado).

Incluso se puede decir que Pedro Sánchez no pasará una buena noche (el PSOE a día de hoy solo tiene «solidez de poder» en la Junta de Extremadura, la Diputación de Badajoz y algunos municipios de Cáceres y de Badajoz). Estamos ansiosos por expulsar de poder a uno de los presidentes más incompetentes y liberticidas que ha tenido España.

No todo es bajar impuestos

Yo estoy de acuerdo con que haya habido rebajas fiscales sobre el IRPF, el Impuesto de Sucesiones y las tarifas de autónomos. Me alegra que Málaga sea, tras Madrid, el nuevo polo de atracción de empresas (tecnológicas principalmente), desplazando a otras urbes como pudieran ser Barcelona y Bilbao. Tampoco lloro ante el hecho de que Andalucía ya no sea líder en desempleo.

Pero la economía no lo es todo. En otros aspectos, la izquierda (no olviden que la Revolución también es cultural) no ha sido vencida en Andalucía, más allá del chanchullo con la mujer del socialista Juan Espadas y del poco interés en hablar sobre la corrupción de los EREs en campaña, cosa que sí hizo claramente, cuando correspondió, VOX.

Ante la posibilidad de un pacto con VOX, Juanma Moreno y su equipo dieron a entender que habría líneas rojas tales como las historias del «cambio climático» y la «violencia de género» (realmente, discriminación positiva contra el varón). En otras palabras, hicieron del feminismo, el homosexualismo, el multiculturalismo y el ecosocialismo «principios no negociables».

¿Por qué confiaba uno en cierto margen de maniobra de VOX?

En estos momentos, VOX solo puede seguir abriendo debates parlamentarios sobre los distintos tabúes que marca la corrección política. El PP ya no le necesita para formar gobierno, con lo cual, no se da el escenario de febrero en Castilla y León, en el que Mañueco necesitaba de Juan García-Gallardo para seguir gobernando.

Pero, por lo demás, sin creer en las panaceas partidistas, podemos decir que VOX era necesario no solo para reducir gasto autonómico, sino para frenar y revertir en la medida de lo posible aquellos proyectos políticos favorables al totalitarismo de género, la cultura de la muerte, el fraude ecologista o los efectos llamada a la invasión migratoria musulmana.

No olvidemos que el PP mira hacia otro lado ante los problemas de inseguridad que se dan en municipios de Cádiz, Granada, Málaga y Almería. Los MENAS también dan problemas en esos territorios (recordemos además que la proximidad geográfica con África es mayor en Andalucía que en Madrid, Vascongadas y Cataluña).

El compromiso con la comunista Agenda 2030 también es algo que caracteriza al PP andaluz, igual que, durante los meses de la pandemia del COVID-19, del llamado «virus chino», se optó por directrices totalitarias, vulnerando la libertad de elección sanitaria y la libertad de circulación y actividad económica (los andaluces no disfrutaron de «la mayor libertad relativa» de Ayuso).

Con lo cual, podemos celebrar que no haya ganado nada «la izquierda dura» y que el PSOE no pueda estar tranquilo, por sus peligro para el bien de los españoles. Pero no son mejores momentos para quienes apostamos por llevar a todos los rincones la necesaria batalla cultural contra la nueva izquierda (defensa de las libertades concretas, la dignidad humana y el orden natural).

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