¿Por qué el combustible cuesta casi el doble en 2022 que en 2008 si el barril de petróleo casi cuesta lo mismo?

Se trata de una cuestión no sólo razonable sino importante para entender la situación, así como para evitar la manipulación de algunos discursos demagógicos. ¿Por qué el combustible cuesta casi el doble en 2022 que en 2008 si el barril de petróleo cuesta aproximadamente lo mismo?

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Efectivamente el precio del barril de petróleo cuesta ahora un precio aproximadamente igual al de 2008, mientras que el precio de la gasolina es mucho mayor. Pero antes de sacar conclusiones precipitadas al respecto, como que se están forrando los vendedores de gasolina y gasóleo, es preciso adelantar alguna aclaración.

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Para empezar, como es obvio, uno no compra barriles de petróleo en Arabia, sino gasolina o gasóleo en la gasolinera de al lado de su casa. Entre el precio del barril de petróleo y lo que compramos en la gasolinera existe por tanto un largo camino lleno de etapas y procesos que van encareciendo el producto.

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En este sentido, viendo algunas de las cosas que dicen nuestros políticos, también se hace preciso aclarar que lo que marca el beneficio de un vendedor no es el precio de venta de un producto, sino la diferencia entre sus costes y el precio de venta. Miembros del gobierno deducen de la subida de los precios de los combustibles o la energía que las empresas del sector se están forrando con la subida de precios, sin tener en cuenta si esa subida de precios viene acompañada de una subida de costes para las empresas. Es posible que los beneficios de las empresas estén bajando aunque suban los precios, si los costes suben aún más que los precios. O que caigan los beneficios aunque suban los precios si descienden las ventas.

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Volviendo al camino entre el barril de petróleo de Arabia y la gasolinera en la que repostamos nuestro vehículo, cabe señalar que entre 2008 y 2022, para empezar, se ha producido una notable subida de impuestos. El impuesto especial ha subido pero es que el IVA ha pasado del 16% en 2008 al 21% en 2022. Si alguien se forra con las subidas de precios siempre suele ser el gobierno.

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Por lo que se refiere a la inflación, entre 2008 y 2022 el IPC ha subido un 22% en  España. Es decir, los 100 dólares que se pagaban en 2008 por un barril de petróleo tampoco valen lo mismo que los 100 dólares de la actualidad. Comparativamente, pagar 100 dólares en 2008 era más caro que pagar 100 dólares en la actualidad.

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Por supuesto el petróleo para llegar desde Arabia u otro lugar hasta España tiene que ser transportado. En este sentido resulta también llamativo el aumento del precio del transporte marítimo. El parón debido a los confinamientos juega asimismo un papel en todo este asunto. Parar la economía a causa de la pandemia trajo como consecuencia un efecto presa. Muchos cargamentos quedaron parados, se fueron acumulando y después al abrirse la presa no se ha podido dar curso a toda esa acumulación de cargamentos. Esto ha pasado en todos los sectores, dando lugar a los fenómenos de escasez e inflación que venimos observando. El problema es que si antes del parón había un flujo de mercancía 10, y había barcos o aviones para dar salida a ese flujo nivel 10, tras el parón y el efecto presa el flujo al abrir otra vez la compuerta pasó a ser 15 en vez de 10. Pero no se pueden construir barcos en dos días para dar curso a ese aumento de flujo. Por tanto la situación no se puede normalizar a corto plazo, escasean suministros y suben los precios. Tampoco las empresa del transporte se precipitan a construir más barcos con el coste correspondiente para solucionar una situación que en principio va a ser sólo puntual y que, una vez resuelta, va a hacer imposibles de amortizar los nuevos barcos. Todo esto es una simplificación, pero nos puede ayudar a entender la situación.

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Otro tanto pasa con las refinerías. El crudo que sale de los pozos no es la gasolina o el gasóleo que le echamos al coche. Además de transportarlo hay que refinarlo y aquí ha pasado un poco lo mismo que con los petroleros y un efecto presa parecido. Consiguientemente el precio del refinado también ha subido.

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Un elemento que no podemos pasar por alto es el cambio euro-dólar. En 2008 el cambio era casi 1,5 dólares por euro, mientras que ahora el euro y el dólar están casi a la par. Un euro fuerte abarata el precio de los combustibles ya que el mercado se encuentra referenciado al dólar. El barril de petróleo cuesta algo más de 100 dólares, como en 2008, pero eso significaba pagar 66 euros cuando el cambio era 1,5 ahora tenemos que pagar casi 100 euros porque el cambio es 1 a 1. Todo tiene que ver con todo. En esto, aparte de otros factores, también tiene algo que ver el BCE creando dinero masivamente para comprar deuda pública para mantener los desajustes de gobiernos como el de España.

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Por supuesto tenemos de por medio la guerra de Ucrania y el pseudo embargo a Rusia añadiendo nuevos problemas adicionales y exacerbando la ecuación, pero tampoco debemos olvidar las políticas contra las grandes empresas de energía y combustible que han practicado algunos gobiernos con gran pasión y entusiasmo popular. Estrujar fiscalmente a las empresas de energía implica que estas empresas, además de ver recortados sus beneficios, van a dedicar menor dinero a la inversión. O sea, no sólo es que si estas empresas tienen menos beneficios materialmente les queda menos dinero para invertir, sino que si se persigue fiscalmente el sector y se intervienen y topan los precios, la inversión huye de este sector y busca otros pastos más verdes. De este modo se infrainvierte en prospección, transporte, refinado, almacenamiento, comercialización… el resultado es que baja la producción, se encarece el proceso, se producen cuellos de botella por falta de medios e infraestructuras… No es infrecuente que lamentemos ahora las consecuencias de lo que aplaudimos ayer.

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En este sentido resulta asimismo llamativo que se hable de imponer impuestos especiales a las empresas por unos beneficios que, en primer lugar y por todo lo expuesto, habría que ver si son tales. Los beneficios de muchas empresas energéticas se producen ahora fuera de España. Es más, se producen fuera de España porque invertir en España es menos negocio que invertir en España, y a veces encima más arriesgado por la inseguridad política y del marco fiscal y regulatorio. Si, por otro lado, cargamos contra las empresas del sector energético cuando ganan dinero, ¿habrá que darles dinero cuando lo pierden? O sea, el sector de la energía es característicamente cíclico. Si en el ciclo bajo del negocio no hay beneficio o muy poco y en el ciclo alto se les quita, ¿cuándo hay negocio? ¿Qué sentido tiene la inversión en el sector?

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El problema de la energía se resuelve generando mucha energía, generándola a los precios más baratos posibles y generando energía siempre disponible. Poner trabas a esto puede tener sentido desde el punto de vista de la ecología u otros puntos de vista pero es preciso buscar un equilibrio, que parece que aquí no se ha producido, y ser conscientes de que a más trabas que se pongan más hay que asumir que la energía pueda ser cara y escasa. Un país moderno no puede crecer y prosperar con la energía muy cara o racionada. Ni limitar tampoco las presiones inflacionistas.

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