Si España hubiera apostado en las últimas décadas por el modelo irlandés de bajos impuestos, ganaríamos el doble

Si los españoles volvemos la vista atrás 32 años, hasta 1990, los políticos nos suelen hacer el truco de proponernos contemplar todo lo que ha progresado el país. Que a lo mejor tampoco es tanto. O sea, ha progresado la humanidad. Han aparecido cosas como internet, los móviles, o se ha desarrollado a tal punto la globalización del comercio que nos han cambiado la vida. Pero a todos, no sólo a los españoles, por lo menos en los países mínimamente desarrollados. Si -por ejemplo- repasamos el PIB per cápita de España en 1990, nos encontramos con que era de 10.331 euros frente a los 25.460 de 2021. Visto así parece un avance bastante portentoso. Nuestros políticos a lo mejor tienen razón. Ellos, nuestros políticos, quizá no lo podían haber hecho mejor.

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Pero claro, hemos tenido también la curiosidad de no compararnos con nosotros mismos sino con un curioso país como Irlanda, que en 1990 tenía casi el mismo PIB per cápita que España. En ambos países rondaba los 10.000 euros. El problema es que en 2021 ya no se parecen nada el PIB per cápita de España y el de Irlanda. El de Irlanda es de 83.990 euros frente a los citados 25.460 de España. Comparándonos con Irlanda que aquí nadie nos hable del efecto capitalidad. Señores políticos españoles, a lo mejor sí que lo podían haber hecho ustedes un poco mejor.

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Si seguimos comparando magnitudes macroeconómicas, el resultado recurrente es que casi siempre nos gana Irlanda. Aparte de tener un PIB per cápita mucho mayor y unos salarios mucho mayores, tiene un paro mucho más bajo que nosotros. Lo cual por otro lado es muy lógico. Si por cada empleo que se ofrece aparecen 7 demandantes la presión de los salarios es a la baja. Si cada persona en busca de trabajo tiene 2 ó 3 ofertas de empleo la presión de los salarios es al alza. Para subir los salarios primero hay que acabar con el paro. Tener salarios altos con un paro desbocado sólo resulta posible en las barras de los bares de las facultades podemitas. Una cosa en la que ganamos a Irlanda es en que tenemos menos deuda per cápita. Lamentablemente es un dato engañoso. Si tienes un 50% más de deuda pero un 100% más de salario en realidad estás menos endeudado que tu vecino.

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Buscando la gran diferencia entre España e Irlanda que explique una evolución tan dispar al cabo de las décadas, lo cierto es que lo más evidente es algo que ya sospechábamos: la presión fiscal. Efectivamente, la presión fiscal española es de un 37% frente al 20% de Irlanda. Irónicamente los políticos españoles, muy señaladamente los de la izquierda y su galaxia mediática, aún quieren incrementar más esa presión fiscal.

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El caso irlandés resulta llamativo también porque rompe por completo el discurso socialdemócrata sobre el estado del bienestar. O sea, podría pensarse que Irlanda a lo mejor tiene menos paro y mayor PIB per cápita o mejores salarios, pero que como resultado de la baja presión fiscal tiene una sanidad y una educación públicas infrafinanciadas y deplorables. Pues bien, resulta que no. Por el contrario, el gasto público en sanidad o educación, y el gasto público en general es mucho mayor.

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Las cifras anteriores constituyen todo un reto para la izquierda, incluso para un estatalista y defensor de lo público convencido. Obviamente el “milagro” tiene una fácil explicación. El estado del bienestar y el gasto público no pueden alimentarse del presupuesto sino del crecimiento económico. Irlanda ha conseguido crecer mucho más que nosotros a lo largo de estas décadas, el resultado es que su PIB per cápita triplica el nuestro. Eso significa que con unos impuestos más bajos recauda mucho más que nosotros. En España el estado se lleva el 37% de la tarta, pero es una tarta de 1 kilo. En Irlanda el estado se lleva sólo el 20% de la tarta, pero es una tarta de 3 kilos. Si el estado del bienestar sólo dependiera de los impuestos Somalia sería como Suecia. El problema es que el estado del bienestar depende del tamaño de la economía, del tamaño de la tarta, y a la economía la estimulas o la asfixias subiendo o bajando impuestos. Desde luego cualquier liberal preferiría el modelo por el que ha apostado Irlanda en las últimas décadas que el modelo por el que ha apostado España. Pero un socialdemócrata, a la vista de los resultados, debería ser todavía más fan que el liberal  del modelo irlandés que del modelo español.

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