Enseñanza, Educación, adoctrinamiento y PSOE

Los nuevos libros de texto que va a imponer el Ministerio de Educación a los colegios son el penúltimo escándalo gravísimo que merecería parar el país y salir todos a la calle a pedir la dimisión en pleno del gobierno, pero como todos los días hay un escándalo gravísimo que merecería esto y tenemos que hacer nuestra vida, lo vamos pasando todo y el gobierno se va apuntando todos sus atropellos y desmanes como otras tantas muescas en su culata. Lo de los nuevos libros de texto, no obstante, resulta particularmente inasimilable por afectar a un asunto tan importante como la Educación, por dirigirse a un público tan vulnerable como los menores, y por ejecutarse de un modo tan burdo y grosero.

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En los últimos tiempos se hace absolutamente necesario reintroducir en el debate la distinción entre educación y enseñanza. La enseñanza es la mera transmisión de conocimientos mientras que la educación implica más bien, o además, la transmisión de una serie de valores. El problema actual es en primer lugar que la educación se está comiendo totalmente a la enseñanza, y en segundo lugar que los valores que se trata de transmitir a través de la educación no son ya valores transversales, propios de nuestra cultura, sobre los que existe un consenso social, sino valores particulares y discutibles de la izquierda y su discurso dominante, que se nos intentan imponer a través de todo el sistema de educación, particularmente el sistema público. La pregunta, no obstante, es si a cualquier cosa que no sea enseñanza se le puede llamar educación.

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Seguramente hemos de asumir con normalidad que en los colegios exista enseñanza y educación, pero lo que de ninguna manera se puede asumir con normalidad es que haya adoctrinamiento. Particularmente cuando se trata de algo impuesto por los partidos en el gobierno. Es decir, las familias no sólo deben poder, sino que tienen el derecho a poder elegir una educación para sus hijos acorde con sus valores. Por tanto el gobierno tiene el deber de no imponer una educación basada en sus discutibles, particulares y privadísimos axiomas ideológicos. La Educación pública no es del gobierno, no la paga el gobierno, no tiene como fin formar a los futuros votantes del gobierno.

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Es que esto que estamos viendo, que por otro lado viene de lejos pero está experimentado ahora una aceleración inaudita, ya ni siquiera es Educación. Es decir, no cabe ni siquiera dentro de los apartados discutibles que se podrían y no se deberían incluir en la Educación. Dentro de la Educación caben cosas que casi nadie discutiría, como que está bien no tirar papeles al suelo, ayudar al prójimo o no poner la música a tope de madrugada si tienes vecinos. Hay cosas discutibles, como las creencias de cada cual. Hay cosas que ya escapan por completo de lo que podríamos considerar una educación aceptable, como la ideología de género, el feminismo, el aborto o el anticapitalismo. Y finalmente, y es el punto al que ya hemos llegado, hay cosas que no llegan más que a propaganda de partido barata, algo que que desde luego no es enseñanza, que tampoco es educación y que ya incurre en la politización sectaria pura y dura, pero dirigida a los menores en los colegios usando en provecho propio el sistema educativo y el presupuesto. Vota a tal partido. No votes a tal otro. Todo se lo debes a Pedro. El mal son todos los que no adoran a Pedro.

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Cabría preguntarse a qué viene todo esto y cómo se puede estar implementando de una forma tan urgente como grosera. A lo mejor es la desesperación del gobierno. La izquierda cuenta en este momento desde el gobierno, saliéndose del marco democrático convencional, con tres armas para intentar ganar las elecciones pese a las actuales expectativas demoscópicas. La primera es la regularización masiva de inmigrantes, la segunda reducir la edad de voto a los 16 años y la tercera el pucherazo. Algo se está escuchando de lo primero y los libros de texto que se están conociendo para el curso que viene pueden ser a lo mejor un anticipo de lo segundo. Porque claro, de nada sirve bajar la edad de voto a los 16 años si no tienes a la población de 16 años adecuadamente adoctrinada desde el colegio.

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