La OMS es muerte, sanchismo y destrucción

La OMS. La todopoderosa e intocable Organización Mundial de la Salud. Lo que diga la OMS. Pues bien, desde hace unos meses se viene preparando un acuerdo internacional para que la OMS se convierta en una especie de ministerio de Sanidad global. Con la excusa de la pandemia, los poderes de la OMS se verán multiplicados al punto de que las decisiones de cara a nuevas amenazas globales a la salud las tomará la OMS, socavando la soberanía de los estados en un asunto tan sensible y delicado como la salud.

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Como todo lo que tiene que ver con la OMS y otros organismos internacionales de este estilo, todo es oscuro y discreto, si no secreto. Es decir, casi nadie es consciente de esta cesión de soberanía global que se va a realizar a favor de la OMS. Ni siquiera un español medianamente informado sabe quién manda en la OMS, quién elige al que manda la OMS, ante quién responde la OMS. O sea, en España podemos tener un ministro de Sanidad detestable, pero sabemos quién es, a qué partido pertenece y de quien depende. Si el Ministerio de Salud comete un grave error se le pueden al menos pedir cuentas al ministro y al gobierno. Hay debate. Arden las redes sociales. El asunto va al Congreso de los Diputados. Se produce un escándalo. Puede que el gobierno detenga el golpe en las instituciones pero el partido del gobierno, en último término, tiene que presentarse a las elecciones y hacer frente a los errores cometidos por todos sus ministerios, el de Sanidad incluido. Por el contrario, la OMS no responde ante nadie.

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La OMS no comparece ante el parlamento español a dar explicaciones ni España se las puede exigir. No votamos a la OMS. Si de algo pasa a encargarse la OMS perdemos totalmente el control sobre ese asunto, ya no podemos fiscalizarlo. De la mayor parte de cosas que hace la OMS ni siquiera nos enteramos. Esto que podemos decir respecto a la OMS, por otro lado, es algo que podemos decir respecto a muchos otros organismos internacionales y muchas otras materias además de la Salud. Tenemos una democracia bastante precaria, pero en vez de mejorarla transferimos nuestra soberanía hacia organismos todavía mucho menos democráticos y transparentes que los que tenemos a escala nacional. Cada vez más cosas y más importantes quedan bajo el poder de decisión de organismos no sólo menos nuestros, sino cada vez menos democráticos, menos transparentes y menos obligados a darnos explicaciones o a responder de sus actos.

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Una pregunta pertinente llegados a este punto sería la de qué tal lo ha hecho la OMS en esta pandemia del COVID. O sea, si en nombre del COVID empoderamos todavía más a la OMS y la convertimos en un ministerio de Sanidad central, renunciando a nuestra soberanía, será por lo menos que la OMS lo ha hecho muy bien durante la pandemia. Todo lo contrario, todos recordamos cómo la OMS recomendaba al principio de la pandemia no cerrar fronteras, no tomar medidas de cuarentena, no usar mascarillas asegurando que el virus no se transmitía por aerosoles… Unos meses después se daba la vuelta a todo eso y se empezó a decir exactamente lo contrario. Está claro que en algún momento la OMS recomendó hacer justo lo opuesto a lo que había que hacer, y que eso costó vidas,  ¿quién ha respondido por eso? ¿Qué explicaciones se le han pedido a la OMS? ¿Qué cabezas han rodado en la OMS?

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Da la impresión, por el contrario, de que los políticos nacionales, particularmente los más cobardes e incompetentes, están encantados de lavarse las manos con la posibilidad de poder delegar toda su responsabilidad en la OMS. Sólo hicimos lo que nos aconsejaba la OMS, el Foro de Davos, la ONU, el FMI…  Los políticos nacionales derivaban su responsabilidad hacia la OMS u otros organismos y la OMS y esos otros organismos no responden de sus errores ante nadie. No desde luego directamente ante los ciudadanos afectados de ninguna nación concreta. Es un win/win para los malos gobernantes y para la OMS. Por eso ahora se quiere ampliar y perpetuar esa situación. ¿Por qué se le da más poder a la OMS si no responde ante nadie de su incompetencia? Pues precisamente por eso.

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Aproximadamente el 90% de los países de la ONU son o regímenes autoritarios, o regímenes híbridos, o “democracias imperfectas”. Desde luego se pueden discutir tanto los porcentajes de cada tipología como la propia tipificación, pero en todo caso parece bastante evidente que la ONU y sus organismos no son mejores que los estados que la componen. Si casi todos los países de la ONU son regímenes dudosos, no esperemos que la ONU y sus organismos sean más virtuosos que la media de los estados que componen la ONU.

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Aparte del hecho de que el carácter internacional de la OMS o de la propia ONU puede ser un elemento preocupante más que una ventaja, tanto por la pérdida de soberanía como por el carácter escasamente fiable del conjunto de países de la ONU y sus organismos, es preciso apuntar que la financiación de estos organismos y por tanto su dependencia no sólo se establece respecto a un conjunto de países con regímenes dudosos, sino también respecto a fundaciones privadas y particulares asimismo dudosos y cuestionables. La segunda fuente de financiación de la OMS, por ejemplo, es una fundación de Bill Gates. No es casualidad que Bill Gates se pase la vida en los medios dando lecciones sobre las pandemias, la salud, las enfermedades de las que nos va a salvar, los derechos que nos va a recortar o las hamburguesas sintéticas de sus empresas que deberemos comer en vez de chuletón, es que Bill Gates paga un alto precio para convertirse en gurú de la planificación mundial de la salud, la economía o la alimentación.

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No resulta extraño que frente a esto surjan voces críticas y discrepantes, o que por lo menos alerten del proceso que se está produciendo en virtud del cual asuntos tan importantes dejan de estar en manos de gente a la que al menos en teoría podemos votar o dejar de votar, y exigirles por tanto algún tipo de responsabilidad. El hecho es más bien que las decisiones sobre los aspectos más importantes de nuestras vidas las van a tomar órganos todavía más lejanos, antidemocráticos y opacos que nuestros propios gobiernos. Gente que no sólo no tiene que responder de nada ante nosotros aunque toda nuestra vida vaya pasando a estar en sus manos, sino que por no tener no tendríamos demasiado claro ni a quién habría que pedirle por cada cosa las explicaciones que no nos tendrá en absoluto que dar.

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Añade tu firma. ¡Bloqueemos el tratado de la OMS!

Petición lanzada por el Instituto Ordo Iuris

https://stopwhotreaty.org/es/

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