La manada de Burjassot y los polémicos vídeos de Cristina Seguí

Hace unos días se publicaba el terrible caso de la violación múltiple de un par de niñas de 12 y 13 años en Burjassot. Poco después se publicaba la noticia de la detención de 5 sospechosos, también menores, y un poco después la de que la juez, porque fue una juez, los había dejado en libertad, con cierto escándalo social. Pero tampoco con un gran escándalo social. Donde habitualmente el gobierno y los medios hubieran puesto el grito en el cielo, aquí hubo sin embargo un “silencio estruendoso” como el del general Sosabowski. O había gato encerrado o aquí todo el mundo se había convertido en prudente y sensato. Lo segundo ya sabemos que no puede ser.

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Sobre los hechos y las noticias anteriores, los medios recogen ahora que la Fiscalía ha abierto una investigación contra Cristina Seguí por difundir un vídeo con las caras y los nombres de las menores.

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Todo lo anterior, que es lo que se está difundiendo a través de los medios, se entiende muy mal. Para empezar, tal y como está la cosa, ¿cómo es que la juez deja en libertad a los 5 sospechosos de unos hechos tan graves? ¿Y cómo es que no arde el país? ¿Y qué tiene que ver en medio Cristina Seguí?

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Lo cierto es que decir que la Fiscalía investiga a Cristina Seguí por revelar las identidades de las niñas es no contar toda la historia. Efectivamente Seguí desveló sus identidades, o por lo menos lo facilitó repercutiendo un vídeo hecho público en sus redes sociales por las propias niñas, después del suceso. Y es verdad que a lo mejor, ya lo dirá el juez, eso es un delito. O no. Pero no se puede dejar ahí la historia sin añadir que los vídeos de los que se hizo eco Seguí, u otros que al parecer se han aportado a la Justicia, pueden poner en cuestión la versión de las niñas y explicar la decisión de la juez de dejar a los sospechosos en libertad.

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Como siembre en estos casos tan vidriosos, lo que procede es defender por un lado la presunción de inocencia, por otro que si se demuestra la culpabilidad de alguien por algo tan grave sea severamente castigado, por otro que hay que dejar trabajar a la Justicia y, finalmente, que hay que evitar que los políticos puedan meter las manos en la Justicia.

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En La Malagueta, por ejemplo, hace unos días también se produjo otro caso extraño de una violación múltiple que, al parecer, se ha ido deshaciendo conforme se iban conociendo los hechos. Frente a quienes creen que las mujeres o los pelirrojos dicen siempre la verdad, o viceversa, la realidad es mucho más complicada y determinados simplismos ideológicos no se pueden aplicar sin más en el terreno judicial, menos aún en el penal.

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Significativamente, varios ridículos estrepitosos han provocado en los últimos tiempos un repliegue en el ardor combativo de los políticos, que ya no salen en tromba a manifestarse frente a los parlamentos y ayuntamientos o a hacer declaraciones hasta haber pasado un tiempo y conocerse más detalles de cada caso. Al final a lo mejor no eran los jueces los que necesitaban un curso de feminismo, sino las feministas las que necesitaban un curso de derecho.

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Que la realidad se empeñe todos los días en romper los estrechos corsés de determinados discursos mostrando su complejidad, no impide sin embargo que el mundo vaya por un lado y algunos políticos por otro, como acaba de evidenciar la aprobación de la ley del “sí es sí”. La verdad no tiene género y la culpabilidad es algo que se debe demostrar. Alguien que cree que los blancos, los géminis, las mujeres o los hipertensos dicen siempre la verdad, o que por el contrario mienten siempre, no puede ser juez. Tampoco debería poder ser ministra o ministro, pero parece que eso ya es demasiado pedir.

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