A Irene Montero no le gusta la prostitución. Esto significa que siempre hay esperanza para todo el mundo o que hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces al día. El caso es que la ministra de Igualdad se opone frontalmente a la prostitución, lo que está muy bien, sólo que con graves problemas de coherencia a la hora de explicar su posición. Por supuesto esto no sólo le sucede a Ïrene Montero sino a la generalidad de la izquierda e incluso a una parte de la derecha. De hecho a la izquierda no le salen las cuentas para incluir la abolición en la ley del «sólo sí es sí» porque del abolicionismo teórico, que supuestamente defienden todas y todos, rápidamente se pasa al librecambismo efectivo.

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Como apuntábamos en el título, no tiene demasiado sentido defender por un lado que las mujeres pueden abortar porque pueden hacer lo que quieran con su cuerpo y que por otro se persiga la prostitución. Entonces, ¿no tienen derecho a hacer lo que quieran con su cuerpo? ¿Sólo según lo que le parezca a Irene Montero? Eso por no mencionar que el aborto no consiste en que la mujer mate a su cuerpo, lo que sería suicidio, sino consiste en matar el cuerpo del niño (o la niña). O sea, que la izquierda apoya el aborto en base al derecho a decidir sobre el propio cuerpo, cuando no se decide sobre el propio cuerpo, y en cambio se opone a la prostitución que sí es una decisión sobre el propio cuerpo. La izquierda tendría un problema con esto, si los votantes y los simpatizantes de izquierda tuvieran a veces dudas sobre los mantras que esparcen sus líderes o manifestaran alguna tendencia a castigar sus contradicciones.

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Por otro lado, da la impresión de que el problema que aprecia la izquierda con la prostitución no es tanto el hecho en sí o el desafío moral como el asunto de la voluntariedad. O sea, en realidad a la izquierda no le parece mal la prostitución, sino la prostitución forzada. Naturalmente la izquierda abolicionista propone una prohibición general de la prostitución porque, en términos izquierdistas, resultaría implanteable prohibir toda la prostitución menos la de lujo. Si el salario mínimo de las prostitutas fuera 500.000 euros anuales la izquierda tendría problemas argumentales para prohibir la prostitución en base a la involuntariedad. Para la izquierda materialista, en el fondo, en el problema de la prostitución no estamos ante una cuestión ética sino salarial.

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Parece existir un cierto consenso social en que la prostitución es algo repugnante cuando se realiza de forma involuntaria. Por el contrario, el consenso se debilita cuando de lo que se trata es de la prostitución voluntaria. El mito de la puta feliz. Podríamos preguntarnos cuántas mujeres se prostituyen realmente de manera voluntaria, pero la verdad es que la respuesta a esa pregunta resulta irrelevante. La base del rechazo a la prostitución, en definitiva, no puede consistir sólo en la voluntariedad.

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¿Creen ustedes que quien trabaja en una mina lo hace de manera voluntaria? Si el viernes a un minero le toca la lotería, ¿el lunes sigue bajando a la mina? Pues habrá que abolir la prostitución y la minería.  O sea, que lo de voluntario es sólo relativamente voluntario, como el trabajo de casi todos nosotros. Sin embargo, nadie puede dudar de que sea dignísima la profesión de minero. Al revés. Imagínense a un puta que le toca el euromillón y sigue siendo puta. En realidad, puede que sólo entonces fuera realmente “puta”. Por tanto no sólo es que la voluntariedad no convierta la prostitución en algo bueno, sino que podría suceder hasta lo contrario.

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Esto nos lleva al aspecto central del asunto, el de si ser prostituta es un trabajo como otro cualquiera. Parece ser que en Alemania, pero tanto da si la historia es real o un mero supuesto filosófico, una mujer vio amenazado su subsidio de desempleo al rechazar trabajar como prostituta. Y es que si la prostitución es un trabajo como otro cualquiera y un parado rechaza un trabajo, deja de ser un parado para convertirse en un vago, por lo que al menos en Alemania pierde el subsidio. El argumento aún puede retorcerse un poco más pensando en si alguien a quien el INEM coloca como prostituta (o prostituto) al menos podría elegir el sexo de los clientes. No parece claro, si realmente es un trabajo como cualquier trabajo. Pregúntese usted, en todo caso, si le parecería un trabajo normal para su madre, su novia, su hija, su mujer o su hermana, y si le parecería bien que el INEM las obligara a aceptarlo.

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Al final tampoco se entiende que la izquierda rechace la prostitución en base a la voluntariedad porque entonces, si hay que asumir por un lado que el 99% de las prostitutas trabajan forzadas, y por otro que es un trabajo como otro normal, ¿por que el 99% de las mujeres iban a estar trabajando a la fuerza? ¿Por qué asumir un rechazo casi universal de algo que por otro lado tratamos de vender como un trabajo normal? Y si no es un trabajo normal, ¿qué mas da entonces la voluntariedad?

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Podríamos concluir la reflexión aventurando que, en la medida en que alguien trivializa la sexualidad, mayores problemas tiene para condenar la prostitución. Fíjense que, quien defiende la prostitución, lo hace afirmando básicamente que es un trabajo como otro cualquiera. Es decir, que ofrecer sexo o lavar coches es en esencia la misma cosa. No sé qué pensarán de esto quienes tienen sexo con estas personas. Pero o a los demás se nos escapa casi toda la emoción que ellos deben sentir al lavar un coche, o a estas personas de algún modo se les escapa casi todo lo que significa el sexo. O al menos casi todo lo importante. Y claro, eso tiene consecuencias. A lo mejor la compraventa de sexo sí es esencialmente distinta de cualquier otro trabajo, con o sin consentimiento. A lo mejor es un error partir del supuesto de que es lo mismo. Y si partimos de esta otra base, a lo mejor entonces encaja todo.

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Comentarios (2)
  1. mac says:

    Lo que hay que abolir es la trata e incluyo la FIVET.

    A ver, aunque todavía esté prohibida la gestación subrogada, de hecho la FIVET incluye tratamiento donde se gestan embriones de sabe Dios quiénes son el padre o la madre… no hay obligación de hacer pruebas de ADN para verificar si son hijos o no de la persona encargante de la gestación. Y digo encargante porque muchas veces no son padres, son *propietarios*… y esto lo hemos visto ahora en la guerra de Ucrania, primer país que tiene un próspero negocio con esta práctica aberrante. Por 65.000 € te entregan un niño ya parido del que se ha elegido hasta el color de los ojos y la salud total, y todo esto ¡garantizado! Por mucho menos también te lo entregan, pero si esos pluses. Si fuese una mascota, nos horrorizaríamos.

    En España se aborta también pro cosas como esta, porque la criatura no reúne los estándares de calidad y la criatura puede ser hasta hija de sus padres.

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  2. Egia says:

    Estos lo arreglan todo «prohibiendo», es su acción favorita. En general las prohibiciones solucionan poco. Primero tenían que empezar haciendo un estudio serio sobre la prostitución, por supuesto por expertos y no por afines, como les gusta, para que salga lo que quieren. A priori todos estamos bastante de acuerdo en controlar la trata, basada esencialmente en engaños y abusos, y que entra en el área de la delincuencia. La prostitución es mucha más amplia que lo que a primera vista parece. Estudiado el problema y las motivaciones de quien ejerce el «oficio», se puede establecer un marco de intereses de las trabajadoras o trabajadores, valorando y orientado sus posibilidades, si así lo quieren, de buscar otra ocupación. Para quien continue en la actividad, es preciso legalizarla a todos los efectos, exactamente igual que para él resto de trabajadores: seguridad social, impuestos, seguridad, locales adecuados, controles sanitarios, etc. y normas específicas según la actividad. Estoy seguro qué, la prohibición no solucionará nada, incrementará los delitos y abusos sexuales, y se continuará ejerciendo en peores condiciones.

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