La guerra híbrida la inventó ETA

Rusia acusa a Occidente de estar librando una “guerra híbrida” contra ella. En Ucrania se libra una guerra híbrida. Rusia también libra una guerra híbrida contra Occidente. Todo es una guerra híbrida, no existe una guerra que no sea híbrida. Llamamos ahora híbrida a la guerra porque implica no sólo las acciones directas en el campo de batalla entre los ejércitos, sino el suministro de armas a las partes, las sanciones económicas, el uso de la energía y las materias primas como arma, la utilización de asesores e instructores, la entrega de información e inteligencia, la propaganda,  los ataques informáticos de origen incierto…

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Acudiendo a la RAE nos encontramos con que “híbrido” significa que algo es producto de elementos de distinta naturaleza, o que procede de sujetos de distintas especies, o que tiene más de un motor y utiliza más de una forma de energía. Hablar de coches híbridos además de guerras híbridas también se encuentra por completo al orden del día. Por supuesto la sexualidad también ha de ser híbrida. Híbrido es la palabra de moda. Eres híbrido o no eres nada.

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Es sin embargo una pena que esta palabra no se haya puesto de moda antes. O sea, en realidad todas las guerras han sido siempre híbridas. No ha cambiado tanto la naturaleza de la guerra como las palabras con que la describimos. No se les llamaba barcos híbridos, pero había barcos con máquinas de vapor y con velas. Y si lo pensamos detenidamente, la ETA libró contra nosotros lo que bien podíamos haber llamado una guerra híbrida. No es que ETA inventara tampoco ese tipo de guerra, pero para mucha gente en España fue una novedad, o por lo menos durante mucho tiempo no fue capaz de entenderla.

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Lo cierto es que siempre nos resultó complicado explicar adecuadamente qué era ETA o cómo hacía la guerra ETA. Bien es cierto que, para empezar, era ETA la que nos hacía la guerra a nosotros y no nosotros quienes se la hacíamos a ella. Pero en todo caso aquello que nos hizo ETA fue lo que ahora llamaríamos una guerra híbrida.

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La dificultad esencial para entender la forma en que hacía la guerra ETA y por tanto la forma en que había que combatirla es que ETA luchaba contra nosotros en dos frentes. Por un lado estaban los pistoleros y por otro los diputados. Si les llevabas la contraria los diputados te mataban los pistoleros. Había un frente militar, pero junto a este un frente político, cultural, lingüístico, deportivo, sindical, educativo, sindical…

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El caso es que, aunque nadie dudaba de que había que perseguir a la rama militar de la ETA, la de los pistoleros, nunca tuvimos muy claro, y desde luego no hasta muy tarde, si había que perseguir o no a la rama de los diputados, la rama institucional, la rama legal, la rama de Herri Batasuna y sus siglas sucesivas. No sabíamos cómo llamar a eso. No entendíamos que una misma guerra se podía librar por dos frentes y que había que combatir igual ambos frentes. Nos exigían una mesa de negociación para poder avanzar en una mesa de pacificación. No sabíamos qué nombre ponerle a eso. No veíamos que era una guerra híbrida.

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De hecho, la guerra a ETA no se ganaba precisamente porque la combatíamos sólo en un frente, el de los pistoleros, como si no hubiera otro frente, como si no hubiera una guerra híbrida, como si se pudiera acabar con la planta si arrancar la raíz. En cuanto se metió mano al frente de los etarras de moqueta, los de Batasuna, los que estaban en las instituciones, la derrota de ETA sobrevino de forma casi inmediata. En cuanto tuvieron que elegir entre votos o pistolas, en vez de seguirles dejando tener tranquilamente una rama de diputados paralela a una rama de pistoleros, se acabaron los tiros. Los de los tiros no les servían de nada si les dejaban sin concejales y diputados.

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El problema entonces es que no entendíamos bien lo que era una guerra híbrida y tardamos décadas en ilegalizar a Batasuna. La cuestión es si ahora que la rama política no sólo es que siga estando en las instituciones, sino decidiendo investiduras, aprobando o tumbando presupuestos, quitando o poniendo a directores del CNI, hemos entendido al fin o seguimos sin entender lo que es una guerra híbrida. Por lo menos ahora sabemos que ese tipo de guerra existe, nos pasamos el día hablando de ella y tenemos una palabra para explicar la forma en que ETA funcionaba y nos atacaba, y cómo sólo nos defendíamos parcialmente de nuestro atacante porque nos hacía una guerra híbrida. Irónicamente quizá seguimos perdiendo actualmente la guerra con ETA porque ha vuelto  a dejar de ser híbrida. Antes no reconocíamos bien al enemigo porque era híbrido, y ahora no lo reconocemos bien porque ha dejado de serlo. Obviamente no podemos pedirle a nuestro peor enemigo que tenga la amabilidad de o ser siempre híbrido o no serlo nunca para evitar que nos deje desconcertados.

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