Yo mate a una niña a los 16

La noticia es que el gobierno va a presentar una nueva ley del aborto que, pese a mantener los plazos y supuestos ya en vigor, por supuesto amplía el aborto ya que permitirá, por ejemplo, que puedan abortar chicas de 16 y 17 años sin permiso paterno. Además se regulará la objeción de conciencia de los profesionales y se creará un registro de objetores en cada comunidad autónoma, con el propósito de marcar a los médicos y sanitarios provida y acrecentar el porcentaje de abortos en la sanidad pública.

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¿Por qué esto y por qué ahora? Parece que la clave se encuentra en una disposición de la nueva ley que deroga la actual norma de 2010 recurrida por el PP desde hace 12 años ante el Tribunal Constitucional. De este modo, quedaría blindada la legislación abortista frente a una eventual sentencia provida del Constitucional, al hacer referencia a una ley ya derogada y sustituida por la actual.

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De este modo, a la anormalidad de que el Constitucional lleve 12 años sin pronunciarse sobre la constitucionalidad de la actual ley del aborto, se suma la anormalidad de que se pueda sortear una sentencia derogando la ley recurrida y aprobando otra que, siendo igual o peor e incurriendo en los mismos hipotéticos defectos de constitucionalidad, podría seguir vigente otros 12 años o los que fueran, sentando la impresión de que aquí es lo mismo que se haga algo legal o ilegal. Bien es cierto que el PP, en vez de reformar la ley cuando tuvo mayoría para ello, se desentendió del asunto delegando el problema en el Tribunal Constitucional, que a su vez ha delegado el problema en la eternidad. Por supuesto todo esto se hace porque se sabe o se teme que toda la actual legislación abortista es inconstitucional. Pero da igual. Ya vemos que además del control de los jueces existen muchos resortes en este país para estirar o recortar a placer y con impunidad los límites de la legalidad, el aborto es sólo un ejemplo más. Puede que el más sangrante, pero uno más.

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El hecho sin embargo es que difícilmente se puede presentar esta reforma como un avance de los derechos de las mujeres. Desde luego no del derecho a la vida de todas las mujeres abortadas. Aparte de que la mitad de los abortos por estadística se cometen sobre niñas, el sexo de un ser humano se puede conocer desde la semana 8. No sólo es que si la madre tuviera la curiosidad podría saber el sexo del hijo que elimina, sino que podría eliminar al hijo porque quiere una hija o viceversa. Lo que en todo caso está claro es que los abortos tienen género. Esto resulta relevante porque malamente se puede decir que abortar es decidir sobre el propio cuerpo. ¿Cómo va a ser decidir sobre el propio cuerpo de la mujer matar a un ser humano que tiene su propio género y que puede ser distinto del de la madre? Si el aborto fuera decidir sobre la muerte del propio cuerpo, además, no sería aborto, sería suicidio.

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Finalmente, resulta sobrecogedor pensar que se está facilitando el aborto sin siquiera el conocimiento, el consejo o el consentimiento de los padres de niñas de 16 y 17 años. Para estas niñas siempre quedará como un recuerdo traumático de por vida que a los 16 años mataron a un niño. Podría lucharse por salvar esos niños y darles a las mujeres un apoyo o una salida sin eliminar ninguna vida. Por el contrario, el autodenominado progresismo prefiere eliminar cien mil vidas y traumatizar de por vida a otras tantas madres todos los años. Y encima lo celebra con entusiasmo.

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