Abertzales don´t like PAI

El PAI sigue siendo un enemigo a batir para el nacionalismo. No sólo es que se hay convertido en un punto de fricción y casi una brecha dentro del régimen pentapartito, sino que los sindicatos abertzales y toda la galaxia de organizaciones, mesas, coordinadoras y plataformas nacionalistas han convocado una manifestación contra el PAI para este sábado.

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Curiosamente, el problema de todas estas organizaciones convocantes no es que ellos no puedan elegir el euskera en el modelo educativo, sino que otros puedan elegir el inglés en vez del euskera. O sea, el problema no es que ellos no puedan elegir, el problema es la libertad de los demás. ¿Y cómo llamamos a aquellos para los que es un gravísimo problema la libertad de los demás?

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Los colectivos convocantes de la manifestación no han ahorrado palabras gruesas contra el PAI en la presentación de la convocatoria, llegando a decir que “es tremendo que el PAI se convierta en un modelo lingüístico navarro”, que “poner en el centro el posible derecho a conocer el inglés es perverso”, que los defensores del PAI “quieren poner una fachada de derechos inexistentes a las decisiones que irradian odio contra el euskera”, y que ya es hora de “hacer más presión”, de “poner en el centro el euskera” y de “apretar las tuerkas”. Miedo da cuando hablan de apretar las tuercas estos odiadores de la libertad educativa y de la libertad de elección.

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Desde luego ya sólo el lenguaje que utilizan pone de manifiesto una mentalidad intolerante y liberticida. Su modelo educativo es que ellos puedan elegir y los demás no. La Educación en la que creen es que hagas lo que ellos quieren, que elijas lo que ellos elegirían, o que en caso contrario se te obligue o se te deje sin opciones. Si antes nos planteábamos cómo llamar a aquellos para los que es un tremendo problema la libertad de los demás, hay que plantearse también cómo llamar a un modelo que hay que imponer porque la gente no lo elige cuando tiene la libertad de elegir otro. Atractivo o bueno seguro que no.

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Titulábamos esta entrada hablando de amantes del euskera y de odiadores de la libertad, pero no debería ser así. No debería haber ningún problema para amar al vascuence y también la libertad. Amar por supuesto la libertad de los demás. Creer en la libertad no es amar la libertad de uno, cosa que es fácil, sino defender la libertad de los demás. En este sentido interesa y es justo establecer una distinción y es que no hay ningún amante del euskera que quiera imponer el euskera que no sea nacionalista.

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El problema no es el amor al vascuence, es el nacionalismo. El daño que el nacionalismo le está haciendo al vascuence es incalculable. Lo han convertido en un idioma ideológico. Si no vieran el euskera como un instrumento útil para la construcción nacional y la extensión del nacionalismo, odiarían al euskera. Si no pensaran que sirve a sus fines, lo abandonarían. Si no les sirviera para, en el fondo, subvencionarse a sí mismos, no existiría en el presupuesto. No les importa convertir al euskera en su paragolpes y, con ello, en un idioma que puede inspirar rechazo. Apropiándoselo, no les afecta que el amor al euskera se acabe limitando a sólo la población que vota al nacionalismo. Imponiéndolo, les da igual estar convirtiéndolo en un símbolo de opresión. Su objetivo no es que lo hable el que quiera, sino que lo hable el 100%. Su objetivo también es que el 100% de los que hablan euskera sean nacionalistas. Ese es el pack y el sentido de toda esta imposición.

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