¿Resulta satisfactorio para un auténtico abertzale ser la muletilla del PSOE?

Las últimas medidas aprobadas por el gobierno de Pedro Sánchez nos han dejado la foto de Bildu convertida en la formación estrella del Congreso de los Diputados, con los representantes de la formación abertzale sonriendo para la foto ante los medios españoles, después de volver a salvarle la silla al presidente del gobierno de España.

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Esto indigna intensa y dolorosamente, como es lógico, a todas las fuerzas de la oposición. No insistiremos mucho más, por evidente, en la anomalía de que Bildu sea una coalición liderada por un secuestrador, o en la que nos encontremos en los puestos de decisión al último jefe de ETA. Es obvio que una formación que se dota de estos líderes no quiere romper con su pasado, sino hacer ostentación de él. Absurdo por tanto extrañarse de que bendiga los ongi etorris o llame a los terroristas presos políticos en vez de asesinos. Naturalmente para Bildu también merecen ongi etorris y ser llamados presos políticos los que mataron a Ernest Lluch o a Isaías Carrasco, o los que le pusieron la bomba a Madina, pero esto ya es problema del PSOE y Madina. Lo significativo puede ser detenerse un momento a pensar en el punto de vista de los propios simpatizantes de Bildu.

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Está claro que para toda la gente que fue víctima de ETA, salvo para el PSOE, ver al PSOE en brazos de Bildu y a los diputados de Bildu convertidos en sonrientes diputados estrella representa un escarnio, ¿pero qué representa para los propios simpatizantes de Bildu? ¿Qué piensa de todo esto un abertzale radical? Como apuntábamos anteriormente, puede que no se sienta demasiado contento. ¿Qué sentido tiene matar a Buesa o apedrear la furgoneta en la que Chivite iba a Alsasua (contado por ella misma) para ahora acabar pactando con el PSOE? ¿Para convertirse en la muletita de Pedro Sánchez, el presidente al final del Gobierno de España, se hace uno radical abertzale? ¿Para dar estabilidad al parlamento, al gobierno y al sistema español?

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¿Y todo eso a cambio de qué? ¿De ir acercando y soltando a los presos? Si de lo que se trataba era de que no hubiera presos y no de la independencia y el socialismo, para eso que no  hubiera existido siquiera en ETA. Desde luego resulta difícil pretender que Bildu no tiene nada que ver con ETA al mismo tiempo que subordina todo a los presos de ETA, pero una vez más esto es sólo parte del problema.

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Las sonrisas, los sueldos, la acaparación de portadas y las simpatías mediáticas comienzan a perfilar a Bildu, a los ojos de sus propios simpatizantes, como una fuerza más asimilada por el sistema. Bildu ha pasado de ser el enemigo número uno del gobierno español al principal apoyo del gobierno español. Esto es una vergüenza para los españoles, pero en el fondo también para los simpatizantes de Bildu. De la sonrisita autocomplaciente de Sánchez y Chivite la responsabilidad es de Bildu. ¿Tanta ekintza y tanta txabalada para eso? Y cuando los votantes de Bildu miran a sus representantes, lo que se encuentran es la misma sonrisita autocomplaciente y satisfecha ante las cámaras y los focos de los medios españoles del estado español cuyos fotógrafos les devuelven la sonrisa. ¿Han llegado ya la independencia, el socialismo, la territorialidad y la república euskaldún? ¿Qué punto de la alternativa KAS incluía poner a la izquierda abertzale al servicio del PSOE? ¿Qué está pasando aquí? ¿Nadie se lo pregunta en la izquierda abertzale? ¿O sí? ¿Ahora Bildu sólo es independentista a tiempo parcial según quién gobierne el estado español? ¿Cómo va a movilizar Bildu a las masas abertzales contra el estado y las leyes españolas si se ha convertido en su sostén fundamental?

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Salta la vista que como poco media España no quiere ver a Bildu donde está y le resulta una ofensa dolorosa, pero a lo mejor a buena parte del electorado abertzale tampoco le gusta ver a Bildu donde está. Una de las notas características del electorado de la izquierda abertzale es su grado de movilización electoral. El abertzale abstencionista no existe. O no existía hasta ahora. Más allá de la indignidad de pactar con Bildu, si un voto para el PSOE es también un voto para Otegui votar Otegui también es un voto para Sánchez. A lo mejor estamos infravalorando el entusiasmo de las bases abertzales por Pedro Sánchez y por el PSOE, pero si esto se empieza a convertir en costumbre a ver cómo se presenta Bildu a las próximas elecciones ante su gente, a poco que piense, pretendiendo que votar a Bakartxo Ruiz no es votar a María Chivite, o que votar a Otegui no es votar a Marlaska, Margarita Robles y a Sánchez. Pero claro, a poco que piense.

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