El veto institucional a los creyentes y al Angel de Aralar

El Angel de Aralar llevó a cabo ayer su visita anual al Ayuntamiento de Pamplona, donde fue recibido por el alcalde Enrique Maya, el cual recordó que se trata de una «tradición de largo recorrido», ya que la primera salida del Angel de Aralar se produjo nada menos que en el año 1127 con motivo de la consagración de la catedral de Pamplona, fecha desde la que se mantiene esta cita puntual el martes de la segunda semana de Pascua. Hasta aquí la normalidad.

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Decimos que hasta aquí la normalidad porque, por el contrario, el Gobierno de Navarra ha rechazado que el Angel de Aralar pase también durante su recorrido por el Palacio de Navarra. Ya el año anterior la visita había quedado suspendida, pero entonces se apeló como justificación a la pandemia. La visita no se había interrumpido nunca desde los inefables tiempos de la Segunda República. Ahora ya Chivite reconoce abiertamente que no quiere al Angel de Aralar en la sede del gobierno foral.

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Por lo que se refiere al Parlamento de Navarra, fue en 2017 cuando tras varios años con polémicas el propio capellán de Aralar decidió eludir el debate y evitar motu proprio la visita al Parlamento. Es decir, que de las principales instituciones navarras ya sólo recibe al Angel de Aralar el Ayuntamiento de Pamplona.

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Aunque se trata de un asunto también de naturaleza religiosa, es evidente que no se trata sólo de un asunto de naturaleza religiosa, sino de la forma en que las distintas formaciones políticas y este gobierno entienden la forma en que deber quedar configurado el espacio público e institucional.

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Una forma de entender el espacio público es que debe ser confesional. Otra forma de entenderlo es que no debe ser confesional, pero tampoco anticonfesional. Y la tercera forma de entenderlo es que sea anticonfesional. Si se concibe el espacio público como un espacio abierto y un espacio común, ese espacio no sería sólo católico, pero tampoco se podría cerrar a los católicos en particular, o al fenómeno de la religión en general. En este sentido, constantemente vemos cómo el Parlamento de Navarra o el Palacio de Navarra reciben todo tipo de visitas. Es más, las fuerzas políticas presumen continuamente de ser plurales y transversales, de amor a la libertad y de que las instituciones públicas deben estar abiertas a todo el mundo. Pues bien, para algunos esto se acaba en el momento mismo en que aparecen los católicos.

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Irónicamente, la recepción del Angel se mantuvo con normalidad cuando era Uxue Barcos quien ocupaba en el Palacio de Navarra el sillón presidencial, o incluso cuando era Asirón quien ocupaba el puesto de alcalde de Pamplona. Han tenido que ser los socialistas los que, una vez más, han demostrado su falta de talante y de amor a la libertad. Han demostrado también, junto con Podemos, que su concepción del espacio público es un ámbito cerrado y monocolor, obviamente de su color. El espacio público lo contemplan desde un punto de vista patrimonial, es suyo. Ellos, a diferencia de los demás, pueden ser iguales al entrar que al salir del espacio público. El espacio público tiene que identificarse con su pensamiento, todos los demás tienen que dejar unas ideas o tomar otras desde que entran hasta que salen del espacio público. Dentro del espacio público los no religiosos pueden seguir igual, pero los religiosos tienen que dejar sus ideas en la puerta, son un poco menos ciudadanos que los demás, el espacio público no puede ser plural. El espacio público no es creyente ni plural, sino oficialmente no creyente. Este concepto de lo público lo vemos no sólo en una cuestión como el tratamiento de la religión, sino también en la Educación o en la gestión de los medios públicos de comunicación. El socialismo es la religión oficial, por eso no cabe la visita del Angel de Aralar.

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