Los nacionalistas vascos y la extrema izquierda comunera

Este fin de semana se ha celebrado el aniversario de la Batalla de Villalar, librada el 23 de abril de 1521. Dicha batalla, que por alguna oscura razón ahora usa como símbolo la extrema izquierda castellana, puso fin en Castilla a la Guerra de los Comuneros, la cual se desató cuando, tras la muerte de Felipe el Hermoso, su hijo Carlos I llegó de Flandes sin apenas hablar español, rodeado de un séquito de personajes extranjeros, desatando el descontento tanto del pueblo como de las élites castellanas. Como expresión de este descontento, en las puertas de las iglesias comenzaron a aparecer pasquines con las siguientes palabras: «Tú, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor». El resultado de todo aquello fue una importante rebelión en la que Carlos I tuvo que emplearse a fondo distrayendo recursos de otros muchos asuntos. Al final Carlos I no sólo se impuso sino que se convirtió en un gran emperador, pero esa es ahora otra cuestión.

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El asunto es que la Guerra de los Comuneros fue vista por Francisco I desde Francia como una oportunidad para invadir España, aprovechando la división interna y que Carlos I estaba ocupado con Castilla. De este modo el ejército francés entró con escasa oposición en España y con graves problemas por parte de Carlos I para oponerle otro ejército sin resolver antes el problema con los comuneros. Por lo que toca a Navarra Enrique II, hijo de Catalina de Foix, se unió con algunos partidarios agramonteses a las tropas francesas con la esperanza de recuperar la corona del viejo reino que había perdido su linaje con la incorporación a Castilla. Desde luego toda esta operación militar no tenía por objeto recuperar Navarra para Enrique II sino conquistar España para Francia. De hecho el ejército francés tomó Pamplona (durante cuyo asalto resultó herido San Ignacio de Loyola) y siguió hasta Logroño, no porque no quisieran los franceses avanzar más aún sino porque allí fueron detenidos. A partir de ahí comenzaron a retroceder y durante la retirada fue también cuando se libro la Batalla de Noáin, derrota que tanto celebran los nacionalistas y que tuvo lugar asimismo en el marco de aquellas hostilidades, ya vemos que con un marco muy superior al navarro. Aunque ahora planten ikurriñas en Noáin o en Maya, lo cierto anacronismos aparte es que por un lado estaban los agramonteses (castellanohablantes) y los franceses y por otro los beaumonteses y castellanos, incluyendo guipuzcoanos, alaveses y vizcaínos.

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El recordatorio de todos estos sucesos relacionados con la Guerra de los Comuneros viene al hilo de que, si hubieran ganado los franceses, desde luego Navarra hoy no sería un reino independiente. No hay un reino navarro independiente al norte de los Pirineos en territorio francés. Navarra habría pasado a formar parte de Francia y al cabo de los años no sólo habría perdido su independencia, sino que ahora en el estado centralista republicano no habría un Gobierno de Navarra, ni unos Fueros, ni un Parlamento de Navarra, el idioma oficial sería el francés y el euskera sería residual.

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