En transembarazo carcelario, otro avance prodigioso del progresismo y la ideología de género

El Consejo General del Poder Judicial, por unanimidad, ha aprobado un informe absolutamente crítico con la Ley Trans que se propone aprobar Irene Montero. El CGPJ considera que el texto del anteproyecto de ley atenta contra derechos de las mujeres heterosexuales, atenta también contra el interés superior del menor y además puede dar lugar a situaciones fraudulentas. Vamos, que TODO está mal.

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Obviamente a Irene Montero todo eso le da igual. Ella es una revolucionaria fanática. No está aquí ni para discutir sus planes ni para adecuarlos a la Constitución, sino para imponerlos y adecuar la legalidad y los jueces a sus planes. En un estado de derecho operativo Irene Montero no podría hacer y deshacer a su antojo, pero hace tiempo que el estado de derecho español se está quedando sin división de poder y sin contrapesos.

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En un estado de derecho se pueden cometer disparates terribles dentro de la ley, pero por lo menos hay que respetar los cauces legales y formales para aprobar un disparate. En el caso de la Ley Trans el problema es tanto el fondo como la forma. No sólo es que los contenidos de la ley sean inapropiados, es que chocan con diversos derechos fundamentales y el marco superior que los garantiza. Por eso resulta fundamental una Justicia independiente, por eso resulta tan inquietante que Feijóo pueda entregar al PSOE el control del CGPJ a cambio de algo, no digamos a cambio de nada.

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Más allá de que todo el medallero de las competiciones femeninas pueda quedar reservado a personas transgénero, o de que muchos menores tomen decisiones irreversibles que puedan hipotecar su futuro de por vida, o de que conceptualmente toda la Ley Trans no sea sino la conversión en ley de una ideología tan inverosímil y contradictoria como extremista, luchar contra la realidad no sólo no tiene sentido sino que nunca queda impune. Hace sólo unos días se publicaba la noticia de que dos mujeres habían quedado embarazadas de una reclusa trans en una cárcel estadounidense. Las leyes de género se justifican en la pretensión de resolver los problemas de un pequeño porcentaje de personas, pero por un lado no van a resolver el fondo de esos problemas y por otro lado van a generar, ya están generando, muchos más problemas de los que hipotéticamente venían a resolver y  a un gran segmento de la población además.

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La noticia de la prisión estadounidense resulta interesante no sólo como un anticipo de las nuevas situaciones distópicas y los nuevos problemas que se van a ir generalizando en nuestra sociedad como resultado de la ideología de género convertida en imposición legal, sirve también para comprobar una vez más que nos enfrentamos a un problema global, no a un subgrupo de chalados peculiares y originales del gobierno español. Si gracias a Rusia la profesión del futuro en Ucrania va a ser la de chatarrero, gracias al progresismo la profesión del futuro en el mundo va a ser la de psicólogo, mucho nos vamos temiendo.

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