12ª Estación del Vialucis en Pandemia

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Es Lucas el que nos cuenta la parte final de esta historia de luz e iluminación en su libro sobre los Hechos de los Apóstoles. Después de las apariciones en Galilea, Jesús les mandó volver a Jerusalén: Mirad yo voy a enviar sobre vosotros la promesa de mi Padre. Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos del poder de lo alto. La promesa era la siguiente: Juan bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados en el Espíritu Santo. Qué maravilla: no una promesa sino la promesa.

El Espíritu Santo es la promesa del Padre. Jesús ya le deja todo protagonismo y se va al cielo. Desde allí nos enviará el Espíritu que es el Espíritu de la Trinidad pasado por la humanidad resucitada de Jesús que nos irá llevando hasta la verdad completa. El amor de Dios pasado por Jesús el resucitado. De cara a nosotros el Espíritu Santo siempre será el Espíritu de Jesús. Es como si fueran la misma cosa. ¡Qué maravilla de humanidad y confianza ya que somos de la misma raza! Desde el monte de los Olivos Jesús se elevó y una nube le hizo desaparecer de su vista. Gloria a ti Señor. Desde ahora acogeremos en nuestra vida tu Espíritu Santo que eres tú mismo en otra dimensión.

Te doy gracias, Señor, porque para mí esta fe de la que estoy hablando no es un mecanismo de defensa. Es vida, mi vida. Tu ascensión me señala el camino. Sobre todo me abre un espacio de esperanza en el que sé que, aunque te hayas ido, algún día me voy a encontrar contigo. Te pido por los que no tienen palabras de vida eterna, por los que no te descubren porque solo viven para sí mismos. Acoge de una manera especial a los que han muerto desconsolados y solos.

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