10ª Estación del Viacrucis en Pandemia

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Señor, todos nosotros te despojamos de tus vestiduras y pusimos tu intimidad a la intemperie. Quedaste completamente pobre pero te cubría la gloria de tu Padre. Por eso tu alma estaba al abrigo de todo mal y nadie te la podía tocar. Tu dijiste: “No tengáis miedo a los que pueden matar el cuerpo”. Es verdad, pueden hacer muy poco. Tu espíritu seguía vivo fortalecido por todos los dones. Dios nunca deja llegar hasta el extremo de la miseria. Todo lo habías perdido, hasta la ropa, pero tú seguías creyendo en ti mismo, en tu verdad, en el infinito valor de tu causa que te llevaba a la muerte. Tu despojo nos infunde valor.

Señor, desde la incertidumbre de esta pandemia, todos nosotros hemos sido despojados de nuestras certezas, seguridades, fachadas. Nos damos cuenta de nuestra fragilidad. Tú te quedaste sin ropa, desnudo ante todos, pero nadie pudo quitarte la fe en ti mismo, en tu misión, en tu verdad. Nosotros cubiertos por nuestras instituciones, nuestro estado de bienestar, nuestra tecnología nos sentíamos seguros. Ahora, acobardados ante un pequeño bicho, haz que conservemos nuestra fe y nuestra confianza en ti que llevas nuestra historia. Haz, Señor, que yo descubra y que acepte el despojo de la vida, de la edad, de los años que pasan, de la pérdida de autonomía y vigor y del miedo a este coronavirus. Te doy gracias porque yo nunca hubiera deseado morir pobre, nunca hubiera amado mis infiernos, si tú no hubieses sido despojado hasta de tus vestidos.     

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