El funcionario privado no existe

El gobierno ha publicado los últimos datos de empleo como un gran éxito suyo y de la reforma laboral, poniendo en valor las cifras de contratación fija y la caída de la temporalidad. Los números sin embargo arrojan algunas sombras importantes, tanto respecto a las cifras totales en general como a esa caída de la temporalidad.

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En términos absolutos tenemos que en marzo de 2022 el número de parados registrados bajó en 2.921 personas, que el número total de parados se situó en 3,1 millones y que el porcentaje de contratos indefinidos casi se ha triplicado.

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Aunque los datos parecen buenos, es preciso ponerlos en situación.

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Para empezar, seguimos teniendo 3,1 millones de parados registrados, junto a los que hay que considerar casi 80.000 trabajadores en ERTE Covid. Eso nos deja muy poco por debajo de los 3,25 millones de parados registrados en marzo de 2019, el último mes de marzo anterior a la pandemia. Es decir, estamos casi igual que antes de la pandemia, pero a las puertas de una crisis potencialmente muy peligrosa a causa de la energía, la inflación y la guerra.

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Otro detalle significativo, en el que lógicamente no ha hecho hincapié el gobierno, es el hecho de que desde 1996 el paro sólo ha subido en marzo en 5 ocasiones y ha bajado en 22. O sea, que marzo ya es un buen mes de por sí. No obstante, los 2.921 parados menos de marzo pasado son veinte veces menos que los 59.149 parados menos de marzo de 2021, y la bajada de paro más floja de toda la serie histórica para los meses de marzo.

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Lo más relevante, con todo, es la capa de maquillaje que la reforma laboral ha aplicado a las cifras de temporalidad. Lo que hasta ahora eran contratos temporales ahora han pasado a ser contratos fijos discontinuos, que básicamente vienen a ser lo mismo pero pasan a computar como contratos fijos. Nos encontramos por tanto más ante una recalificación estadística que ante una bajada real y sustancial de la temporalidad.

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Con eso y con todo, puede haber una bajada real de la temporalidad pero esa bajada puede tener un efecto perverso en el mundo real. Si prohibimos los empleos temporales e imponemos un salario mínimo de 150.000 euros sin duda sólo quedaría en España empleo de calidad, pero con un 99% de paro. Obviamente en la medida en que bajamos el salario mínimo y matizamos la prohibición de la temporalidad baja la calidad laboral pero sube el empleo. Lo que queremos decir es que con la nueva legislación y la crisis que enfrentamos a lo mejor descubrimos que los estándares laborales que se han impuesto desde el gobierno a lo mejor significan más destrucción de empleo. Una mejora sana y sostenible de los estándares laborales tiene que venir de la creación de riqueza y demanda de empleo, lo demás no sólo es maquillar y hacer más rígida la realidad sino hasta ponerla en peligro. Ojalá la temporalidad sea la de las personas en paro y que la figura que no veamos crecer más de lo deseable en el futuro próximo sea la del parado fijo.

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