De todo lo que está pasando la culpa la tiene la izquierda

De todo lo que está pasando la culpa es de la izquierda. ¿Les parece un diagnóstico demasiado sesgado? Está bien, la culpa asimismo es de todas las políticas de izquierdas que la derecha también ha practicado o mantenido cuando ha estado en el poder. Ahora el diagnóstico ya sí es perfectamente ecuánime y equilibrado.

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Intentaremos no obstante razonar esta conclusión.

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¿Tenemos una energía muy cara? Pues claro, es lo que queríamos. El objetivo desde hace muchos años, porque nos guiaba una política progresista, no era tener una energía abundante y barata, ni ser energéticamente autodependientes, sino tener una energía ecosostenible y ecoclimática. De hecho que la energía barata y contaminante fuera muy cara era un objetivo buscado y promovido con ahínco, para que contamináramos menos. Encarecer las energías contaminantes es algo que se ha conseguido tras décadas de decisiones que han incluido el cierre de centrales térmicas que funcionaban con carbón, la renuncia a la explotación de recursos propios a través del fracking, la firma del Protocolo de Kyoto, la imposición de una penalización económica salvaje a las emisiones a través de los costes de emisión de CO2 (que se embolsa el estado), y por supuesto la renuncia a la energía nuclear, que para la izquierda sólo es legítima en Irán, China o Rusia. Bueno, un poco también en Francia, pero de ningún modo en España.

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Salta a la vista que la energía se ha disparado mientras la gran mayoría de la población, además de no poder pagar la factura de la luz, tiene vehículos de combustión cuyo combustible apenas puede pagar, incluyendo a los transportistas, y esto ha sucedido mucho antes de que los coches eléctricos sean un producto asequible y se haya solucionado el problema de la autonomía y de la recarga, incluso para los escasos vehículos puramente eléctricos que circulan, en general en manos de personas con un elevado nivel adquisitivo.

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En definitiva, ¿llevamos varias décadas haciendo todo lo posible para que la energía sea escasa, sea cara y sea intermitente (cuando no hay luz o viento o lluvia), ¿y nos quejamos ahora del encarecimiento de la energía y de nuestra dependencia energética? Esto no es el resultado del fracaso de la política energética de la izquierda, sino su triunfo absoluto.

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El problema evidente es que se ha sacrificado todo a la “transición energética” costara lo que costase. Insistamos en ello: costara lo que costase. Vale, pues ya vemos lo que nos cuesta. De entrada podríamos cuestionar la propia necesidad de la transición energética, pero nos llamarían negacionistas del cambio climático. Así y todo, aún aceptando que existiera el cambio climático antropogénico catastrófico, habría que considerar disparatado haber dedicado todos los recursos a la lucha contra el cambio climático sin tener en cuenta todos los demás factores de la ecuación. ¿O no era importante el encarecimiento de la energía, la escasez de energía y la dependencia energética? Pues a la vista están los resultados, que presuman ahora de ellos. Hemos apostado por un modelo energético absolutamente verde pero sin calcular los costes, los ritmos y los riesgos de la transición a ese modelo. Ahora simplemente estamos pagando las consecuencias de ello.

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Decíamos que el análisis de lo sucedido resulta catastrófico incluso aceptando la premisa del cambio climático antropogénico catastrófico, aunque interesa recordar que si el cambio climático es indiscutible lo es sobre todo porque sin él no se puede justificar todo el coste de unos y todo el beneficio de otros. O sea, tal y como se han hecho las cosas y al ritmo en que se han hecho y sin tener en cuenta los daños colaterales esto es desastroso e injustificable por más real que fuera el cambio climático, pero si ni siquiera es real estaríamos asistiendo a la mayor estafa de la historia con las consecuencias más catastróficas de la historia. La situación es tan ridícula y paradójica que con el calentamiento global pasan frío en su casa hasta los banqueros. Bueno, o eso nos hacen creernos.

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Una de las consecuencias del encarecimiento energético es la inflación generalizada de los precios. La energía se encuentra detrás de la producción y la distribución de todos los productos. Si sube el precio de la energía, sube el precio de todo. Aparte del empobrecimiento general de la población por culpa de la subida de los precios, la izquierda vuelve a ser culpable de la delicada situación financiera, además de la situación energética.

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Buena parte de la riqueza, o de la riqueza aparente de los últimos años, se ha sustentado sobre la emisión de astronómicas cantidades de deuda. La deuda pública, particularmente, se encuentra a niveles estratosféricos. Buena parte de los países, no digamos España, ha mantenido su estado del bienestar no en base a la riqueza real que era capaz de producir para mantenerlo, sino a costa del déficit y la deuda.

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Aunque es cierto que la política energética de la izquierda es una de las actuales patas de la inflación galopante, conviene no olvidar que la otra pata de la pérdida de control de los precios es la política monetaria del BCE.

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Todo lo que el estado español ha estado gastando en los últimos años, por ejemplo, no ha sido producto de la riqueza que España ha podido producir en todos esos años, pero tampoco fruto de su capacidad de endeudarse. O sea, ya hubiera sido bastante malo mantener, no digamos aumentar el gasto público, solamente en base a nuestra capacidad de endeudamiento, pero es que también nuestra capacidad de endeudamiento ha sido rebasada. Estamos gastando hace muchos años más allá de nuestra capacidad de endeudamiento -como otros países, aunque seguramente somos los campeones- gracias a la política monetaria del BCE. Es decir, el estado español puede endeudarse porque la deuda pública española, aunque no la compren los mercados, la compra el BCE. Pero claro, cuando el BCE compra deuda pública para financiar el gasto público de los estados en lugar de los mercados, lo que en el fondo hace es el equivalente de imprimir dinero para comprar deuda. Y todo el mundo sabe que imprimir más dinero genera inflación. Todo el mundo habla de la energía, pero la política del BCE también se encuentra en la base del estallido inflacionista y coadyuda decisivamente a su propagación como los matorrales secos en un incendio forestal.

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Naturalmente la montaña de deuda sobre la que estamos sentados y la política monetaria que la ha permitido no sólo es causa de la inflación, sino que con la inflación generada puede ser la posibilitadora de la próxima explosión. Con una inflación al 10%, ¿cómo se espera que el estado español -y los demás- pueda seguir colocando su deuda al 1,3%? ¿Cómo vamos a seguir sosteniendo las cuentas públicas sin endeudarnos y cómo vamos a endeudarnos pagando unos intereses del 10%? Como de costumbre, por lo demás, todo el mundo cae pero nostros caemos más. Todo el mundo se recupera, pero nosotros nos recuperamos menos. Todo el mundo tiene inflación, pero nosotros más que los demás. ¿Cómo llamamos a eso? El gobierno más progresista de Europa.

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Y así es como al final llegamos a Putin, el simpático nostálgico de la URSS que supuestamente tiene la culpa de todo cuando obviamente no, al menos de todo no. Desde luego Putin es culpable de masacrar a los ucranianos, incluso de hacer morir absurdamente a soldados rusos, pero de la inflación y la crisis energética es sólo un elemento más en la situación. Putin ha sido la chispa, pero la situación creada que ha permitido el incendio es claramente anterior. Sin unas apuestas energéticas como las que se han hecho, Putin no sería tan relevante. Por otro lado ya en junio, no digamos en septiembre, resultaba evidente que había un problema con la inflación. Las causas fundamentales ya eran la política energética y la política monetaria del BCE, que todo estallara era sólo cuestión de tiempo. La chispa detonante podía ser una pandemia (el parón en la producción y la distribución por los confinamientos y el cierre de fronteras, con la escasez subsiguiente), Putin, ambas o cualquier otra cosa. Desde luego Putin ha agravado la situación, pero ni mucho menos la situación se explica sólo por Putin y, cuando se ha levantado un castillo de naipes insostenible, la última carta que se intenta poner cuando todo cae puede ser el rey de espadas, pero no es el rey de espadas sino la insostenible pirámide la causa de fondo, y si no hubiera sido el rey de espadas hubiera sido el 3 de copas una carta antes o el 22 de bastos una carta después. Putin nos ha puesto frente al espejo, pero la cara que tenemos no es culpa de Putin.

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Comentarios (1)
  1. BURBUJISTA LADRILLISTA says:

    Interesante artículo, pregunta, ¿Quién ha estado detras de todas etas organiacioens «progresistas» mediante un apoyo financiero indiscutible? Pues sí, organizaciones públicas como la televisión iraní qu efinanció la Tuerka, el gobierno chino, ruso etc etc
    Han sido autenticos caballos de Troya, ¡Ojalá aprendamos la lección por el bien de nuestros hijos y nietos!

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