Sánchez, el autócrata

Ayer Pedro Sánchez se sintió particularmente molesto en el Congreso de los Diputados tras ser llamado autócrata por Abascal. Sánchez llegó a pedir que la palabra se borrara de las actas de la sesión, exigió respeto a su persona y argumentó en su defensa que un verdadero autócrata es Putin.

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Desde luego Putin es un auténtico autócrata, pero eso no significa que Putin sea el único autócrata del mundo, que no haya niveles entre los autócratas del mundo o que, en definitiva, Pedro Sánchez no sea un autócrata, o al menos que no tenga rasgos autocráticos.

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Aunque afirmar que Pedro Sánchez tiene tics autocráticos puede parecer excesivo, lo cierto es que bajo el gobierno de Pedro Sánchez estamos viviendo decisiones bastante excepcionales, como declarar estados de alarma ilegales o cerrar ilegalmente el Parlamento. Sin duda todas ellas son decisiones graves y podríamos decir que característicamente autocráticas.

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Podría oponerse que si se declararon estados de alarma ilegales fue por lo excepcional de la situación o para salvar vidas, pero tal defensa carece de razón. Obviamente, por su naturaleza, los estados de alarma siempre se declaran en situaciones excepcionales, por lo que no se puede apelar a la excepcionalidad de una situación para justificar que se declaren ilegalmente. Por otro lado, tampoco se salvo ninguna vida por declarar el estado de alarma y estos son los motivos. Primero que habría que ver si realmente el estado de alarma salvó vidas, y segundo que, asumiendo que el estado de alarma salvó vidas, el estado de alarma se podía haber declarado igualmente de forma legal, siguiendo el procedimiento previsto y sometiéndose el gobierno a los controles establecidos para su establecimiento. El problema es que el estado de alarma, o el de excepción, implican otorgar al gobierno poderes especiales, por lo que también se establecen controles especiales para que no abuse de ellos. El gobierno declaró ilegalmente el estado de alarma no para salvar vidas, sino para poder tomar poderes especiales saltándose los controles legales para poder ejercerlos. Todo ello, lamentablemente para Pedro Sánchez y sobre todo para los españoles, denota una concepción del poder autocrática.

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Toda la forma de gobernar de Pedro Sánchez, por lo demás, manifiesta una clara aversión a la legalidad y al control democrático. Aquí podríamos citar desde la censura en las ruedas de prensa al cambio de la política respecto al Sáhara por decisión personal de Pedro Sánchez, pasando por una forma de gobernar por decreto sostenida en el tiempo, por el nombramiento de Dolores Delgado como Fiscal General del Estado, o por un uso absolutamente irregular y partidista del indulto, para poder gobernar de la mano de unos socios que por sus delitos estaban encarcelados.

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A Isabel Díaz Ayuso no la han envenenado, pero se la ha convertido en objeto de una auténtica persecución por parte de los personas que, sin el menor asomo de imparcialidad, el PSOE ha ido colocando en los puestos estratégicos de la Justicia y la Fiscalía. No nombras a Dolores Delgado para que sea imparcial. No nombras a Dolores Delgado para que persiga a los tuyos cuando sean culpables, o para que no persiga a tus opositores aunque sean inocentes. Para actuar con justicia e imparcialidad no nombras a Dolores Delgado. No tiene lógica alguna. En Rusia todo el que se ha opuesto a Putin en los últimos años o ha sido envenenado o está en la cárcel acusado por corrupción. Puede que todavía falte el polonio, pero todo lo que está pasando en España con la oposición es muy putinesco.

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La libertad educativa no existe en las autocracias. Merece la pena señalar este hecho porque en España, bajo el gobierno de Sánchéz o bajo el de los gobiernos autonómicos de “progreso”, prácticamente todos los días se ataca la libertad educativa. Los ataques a la educación concertada son constantes, no digamos a la formación religiosa voluntaria o a la educación diferenciada. Además, vemos cómo a través del feminismo y la educación afectivo-sexual se intenta imponer un adoctrinamiento izquierdista a todos los alumnos desde las más tempranas edades. A tal punto se niega la libertad educativa que se ha llegado a decir abiertamente que el derecho a educar a los hijos no es de los padres, sino del gobierno. Esto, como hemos señalado, sólo pasa en países bajo dirigentes autócratas. Es decir, unos padres pueden perder la patria potestad por una situación excepcional y por decisión judicial. Cuando el gobierno sencillamente se arroga el derecho a elegir la educación de los hijos de los demás eso es una dictadura.

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Podríamos añadir también la uniformidad mediática como otro rasgo característico de las autocracias. Por supuesto en España se utilizan miles de millones de euros de nuestros impuestos para mantener unas televisiones y medios públicos que no son más que la voz de su amo, pero los grandes medios privados no son tampoco ningún ejemplo de independencia. Aunque la titularidad no sea pública, es exagerado el dinero que reciben del estado, y por tanto del gobierno, a través de innumerables campañas oficiales y subvenciones. Eso genera una dependencia del dinero del gobierno, y por tanto una falta de libertad. También en esto presentamos por consiguiente otro rasgo autocrático.

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Finalmente, el partido de Pedro Sánchez llama constantemente fascistas, franquistas y ultras a todos los que critican al gobierno. No hay ni un partido a la derecha del PSOE que se haya librado de estos epítetos. Esto es más grave de lo que parece por dos motivos. El más grave es que cuando a alguien se le llama fascista casi se están justificando las agresiones que se puedan cometer contra él. Cuando el acusado es un auténtico fascista puede tener una banda de la porra que le defienda, pero cuando no lo es o se está llamando fascista a todo el que se opone al gobierno se está alfombrando el camino a la persecución de la oposición, como en las autocracias. Putin está masacrando a la población ucraniana y devastando las ciudades en nombre de una supuesta desnazificación. Los ucranianos, sin embargo, simpatizan tan poco con los nazis que comparan a Putin con Hitler para señalar que es lo maldito peor. El motivo menos grave para recriminar al partido de Pedro Sánchez que alegremente llame fascistas a todos los que le critican es que para pedir respeto primero hay que tenerlo. No puedes ofenderte porque te llamen autócrata cuando tú te dedicas todos los días a llamar fascistas a los que te critican.

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Todavía podría añadirse una cuestión más además de la imposición de una memoria histórica parcial, sesgada y obligatoria, y es el aparente gusto de Sánchez por la unanimidad, la cual reclama constantemente para su gestión. Es decir, Pedro Sánchez lleva más de dos años exigiendo un gobierno por aclamación, acusando a la oposición de ejercer como oposición, reclamando unidad siempre y para todo, una unanimidad basada además en que los que no piensan como él no obstante respalden siempre en todo sus decisiones. Sánchez no ha aparcado su agenda ideológica buscando la unanimidad ante algunas de las situación excepcionales que hemos atravesado, por el contrario ha aprovechado la situación de excepcionalidad para impulsarla. En las democracias, por lo demás, no hay unanimidad. Salvo circunstancias muy concretas la unanimidad es casi una consecuencia necesaria de la falta de libertad. En las autocracias sí hay unanimidad. A Putin le entusiasma la unanimidad. Obviamente Sánchez no es Putin, pero incluso Putin hace sólo un mes y medio estaba a otro nivel. Lo que se puede decir claramente es que, si en un extremo está Putin y en otro la libertad, Sánchez y sus socios llevan toda la legislatura alejándose de la libertad.

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Comentarios (1)
  1. Egia says:

    Le guste o no le guste es autocrático, por sus hechos los conoceréis. Y Sánchez lo es, o si se prefiere es alérgico a la democracia. Gloria Álvarez y Axel Kaiser dicen en su libro «El engaño populista», refiriéndose al populismo autocrático, que tiene desprecio por la libertad individual e idolatría por el estado, es victimista, lo malo es culpa de los otros (Putin, la guerra de Ucrania, la huelga del transporte, la derecha, el volcán, etc.), nunca de la propia incapacidad para desarrollar las instituciones. Tienen paranoia antiliberal, el libre mercado es el origen de nuestra miseria, hay que controlar el mercado, pretensión democrática para dar legitimidad a su proyecto de concentración de poder, obsesión igualitaria utilizada como pretexto para incrementar el poder del estado, y enriquecer al grupo político en el poder a expensas de la población, a si se beneficia a los amigos de los populistas y se da apertura a la corrupción». Y si añadimos el control que ejercen sobre los medios de comunicación, el afán de controlar la justicia, el comprar a las minorías políticas (Bildu, PNV, ERC, etc.) en lugar de debatir y negociar con la oposición, y llegar a acuerdos que beneficien a España y a los españoles.

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