Profesor de religión, profesión de riesgo en Navarra

En Navarra hay planteado un pequeño entuerto a cuenta de los profesores de religión, particularmente los del sistema público de Educación. Puesto que las familias tienen la mala costumbre de escoger religión voluntaria para sus hijos cuando el gobierno les deja, el gobierno ha decidido dejar de dejarles. Como paso previo a la eliminación total de las clases libres de religión, las horas lectivas se han reducido a un mínimo insignificante por ley. La consecuencia de esta reducción drástica de las horas de clase significa que sobran profesores de religión.

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Pese a todos los prejuicios que se pueda tener contra ellos, el caso es que los profesores de religión son trabajadores. Tiene gracia que en el Parlamento de Navarra se esté debatiendo el futuro de estos trabajadores al mismo tiempo que el Gobierno de España anuncia como una gran noticia la prohibición de los despidos. Salvo que sea el de profesores de religión, por supuesto. Algunos de estos docentes llevan décadas trabajando como profesores de religión.

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Curiosamente, en este asunto el pentapartito se fragmenta y Geroa Bai amenaza con votar al lado de Navarra Suma, lo cual resulta un tanto irónico porque de algún modo -por parte de Geroa- es provocar un acto y deplorar después sus consecuencias.

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En este sentido, no puede dejar de señalarse que nos encontramos ante un despido ideológico. O que cada vez que la izquierda llega al poder recorta masivamente los derechos de los ciudadanos. Mucha gente se piensa que recortar derechos es sólo recortar gasto público, y que la izquierda no hace recortes porque no recorta gasto público. Pues bien, esto es falso y lo es en un doble sentido.

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En primer lugar claro que la izquierda recorta el gasto, cuando no le queda más remedio, o cuando no llega el socialismo global europeo al rescate con el Banco Central Europeo y una lluvia de millones Next Generation. Por no decir que la izquierda es experta en llevar al estado al borde de la quiebra y que venga otro después a asumir la impopularidad de poner en orden las cuentas, como si lo segundo no fuera consecuencia de lo primero. O como si gastar y gastar dinero público, puesto que el dinero público sólo es dinero privado expropiado, no atentara contra otros derechos. El derecho a que la fiscalidad no sea confiscatoria, por ejemplo, o el derecho a nacer sin una deuda pública desmesurada sobre el propio futuro.

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Por otro lado, hacer recortes no es sólo recortar gastos. De hecho, recortar gastos puede ser un alivio beneficioso para el contribuyente. Hay multitud de gastos gubernamentales que están asfixiando a los contribuyentes y que sería no sólo justo y aliviante eliminarlos, sino totalmente necesario en un momento tan crítico como el que la economía de las familias españolas está atravesando.

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Pero volvamos a la premisa de que recortar gasto no es la única ni seguramente más importante forma de recortar derechos. Cada vez que gobierna la izquierda se reduce la libertad educativa, por ejemplo. La educación concertada, la educación diferenciada, la libertad lingüística o la educación religiosa se ven atacadas cada vez que gobiernan la izquierda y el nacionalismo. Esto también es recortar derechos. Estos recortes de derechos, además, tienen una clara orientación ideológica: quitar libertad a las familias y dar poder al gobierno para controlar la forma de pensar de la gente.

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El despido de los profesores es una consecuencia lógica de la eliminación de las clases de religión. Si a Geroa no le gusta, que se oponga a reducir las clases de religión, unas clases que, insistamos en ello, son absolutamente voluntarias. El problema es que la gente las elige. El problema es la libertad. Y la solución del gobierno foral de progreso, como siempre que la gente elige cosas que no le gustan, es atacar y recortar la libertad.

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Por lo demás, aunque habría que respetar el derecho de la minoría, está bastante claro que no hay una mayoría social favorable a eliminar la religión. En primer lugar porque hay una mayoría de familias que escogen la religión, y en segundo lugar porque, entre quienes no la escogen, muchos defienden sin embargo el derecho a poder escoger. Nos encontramos por tanto ante un acto de totalitarismo, un recorte de derechos, unos despidos ideológicos y un nuevo caso de fobia a la libertad.

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