Navarra se queda sin baterías

Ya es un hecho. Navarra se queda sin la factoría que producirá las baterías para los coches eléctricos de Volkswagen. La preciada instalación se marchará a la Comunidad Valenciana, concretamente a Sagunto, pese a las esperanzas y las maniobras secretas del Gobierno de Navarra. Estas maniobras en la sombra, según publica Diario de Navarra, han incluido la oferta a Volkswagen de unos terrenos en Tudela, para instalar allí la factoría. En definitiva, Navarra se queda sin baterías en todos los sentidos de la expresión.

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Una vez perdidas las baterías, queda por dilucidar la gran cuestión de la producción de los coches eléctricos. Para empezar, los planes de inversión de Volkswagen se encuentran condicionados por los dineros públicos que la empresa alemana recibirá del gobierno español, los cuales a su vez saldrán de los fondos de ayuda europeos que se vehiculizarán, ya que hablamos de coches, a través del Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE).

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Los interrogantes afectan por consiguiente tanto a la propia producción de los vehículos, para dar continuidad a la factoría de Landaben, como al volumen y a la necesidad de mano de obra que tendrá esa producción, no sólo por la propia transición casi cultural del vehículo de combustión al electrificado, como por el hecho de que la producción de coches eléctricos, aún manteniendo unos volúmenes similares, pudiera reducir la mano de obra necesaria para producirlos, ya que los vehículos eléctricos son más simples.

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Es por ello que la producción de baterías era una baza importante para Navarra de cara a la conservación de puestos de trabajo en el sector, ya que si la cantidad de trabajadores necesarios para la producción de los vehículos eléctricos puede ser menor, la fabricación de baterías podría haber sido un elemento de compensación.

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Lo que haga la Volkswagen, además, como todo hay que enclavarlo en un marco escasamente amigable en Navarra para la llegada de empresas y la inversión. Por un lado se crea un marco hostil (fiscalidad asfixiante, inseguridad jurídica, inestabilidad, actitud gubernamental) con carácter general y por otro se intenta maniobrar para atraer a una empresa concreta con subvenciones y hasta con terrenos. Mejor sería volver a un marco general más atractivo para la empresa y la inversión, como el que disfrutó Navarra durante décadas y permitió su desarrollo, que un marco hostil con ventanas. Al final puede acabar no viniendo nadie a invertir salvo empresas cuya llegada casi haya que comprar, y que a pesar de todo ni esas lleguen si encuentran otro marco mejor o por lo menos mejor postor.

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Nos enfrentamos además a un nuevo elemento que es el encarecimiento salvaje de la energía, lo cual afecta directamente a la electrificación de los automóviles. Es decir, tanto los combustibles como los vehículos de combustión han sido objeto de una guerra fiscal sin cuartel por parte de los gobiernos, para imponer la transición energética y los vehículos eléctricos. Los precios de los combustibles se han disparado porque son precios políticos. Esos precios no sólo reflejan la apuesta por un determinado modelo energético (solar, eólico, gas exterior frente a fracking o antinuclear) mucho más caro y dependiente, que ahora estamos sufriendo, sino además una fiscalidad salvaje sobre las emisiones de CO2 y los combustibles, a lo que hay que añadir las primas a las renovables que también se repercuten en el precio de la energía.

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El problema es que los pobres, que con estos precios ya somos casi todos, empezando por los transportistas, no pueden pagar los precios actuales de los vehículos de combustión ni los combustibles, pero menos aún permitirse un coche eléctrico. No es descartable por tanto que el empobrecimiento de la población, las protestas, la inflación desbocada y la crisis económica impongan algún tipo de moratoria en los plazos previstos de la  electrificación, que afecte desde a la fiscalidad hasta las prohibiciones para circular en las ciudades con vehículos de combustión. Todo ello, de ser así, podría afectar sustancialmente al negocio, las ayudas y no digamos a los plazos de la electrificación.

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