La patraña del Plan de Convivencia del gobierno foral

El Plan de Convivencia del Gobierno de Navarra se ha ido a pique al faltarle el apoyo de Bildu. Es decir, Navarra Suma tampoco lo ha abrazado porque no incluía la condena particular a ETA y el rechazo a pactar con quien no rechazara esa violencia. Obviamente Bildu se negó a condenar específicamente la violencia etarra y el resto del pentapartito aceptó condenar a ETA, pero no rechazar los pactos con quienes no condenan a ETA. En consecuencia, Navarra Suma acabó votando en contra.

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La verdad es que resulta llamativo un plan de convivencia que contemple pactar con quienes no condenan la violencia política. O sea, vaya birria de plan. Vaya birria de convivencia. La Carta de Capitalidad para Alsasua. Los mismos que exigen un cordón sanitario contra VOX, que condena todas las violencias, se niegan a hacerle un cordón sanitario a Bildu, que no condena la violencia de ETA. Todo resulta perturbadoramente falso e hipócrita.

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Los planes y direcciones de convivencia, de hecho, son una consecuencia directa de los pactos con Bildu. En el momento en que se pactó con Bildu se empezaron a crear órganos y planes extraordinarios de convivencia. La relación es evidente. El objeto de todos esos planes y organismos era blanquear el pacto con los que no condenan la violencia de ETA. Si haces algo que atenta contra la libertad y la convivencia, crea un órgano a favor de la paz y la convivencia, es de primero de orwelismo político.

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El primer paso de los órganos y planes de paz y convivencia fue diluir la violencia de ETA entre todo otro tipo de violencias, con el único fin de disimular la violencia de ETA. Encima de la violencia de ETA había que echar una capa con la violencia policial, la violencia franquista, la violencia de género, la violencia LGTB, la violencia climática, la violencia alimentaria, la violencia geométrica, la violencia poética y cualquier cosa que hiciera bulto tapando la violencia de ETA. Por su parte Bildu reconocía que todas las violencias que no eran ETA le parecían abominables y que de la violencia de ETA no se alegraba, y que reconocía que la violencia de ETA había causado sufrimiento, pero sin condenarla. En el fondo esto de sustituir la condena por decir que nos les alegra el dolor de las víctimas es una forma de justificación terrible. No alegrarse de la violencia, sin condenarla, es equipararse al médico que evidentemente no se alegra de tener que cortar la pierna del paciente, pero que justifica la amputación como necesaria. Esa es la única clase de matización de la violencia que, entre ongi etorri y ongi etorri, mientras llamaba presos políticos a los etarras, se le ha podido arrancar a la izquierda abertzale.

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Al final, como todo era un maquillaje barato y la clave de bóveda era la violencia de ETA, la irrelevancia de todo lo demás ha quedado en evidencia y todo se ha reducido a comprobar, una vez más, que Bildu no condena a ETA, y que el resto de socios pentapartitos, aunque Bildu no condene a ETA, están dispuestos a pactar sin escrúpulos con Bildu. Este es el resumen del Primer Plan de Convivencia del Gobierno de Navarra que ha fracasado. Y bien fracasado.

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Hablando de paz y convivencia, bien harían algunos partidos a los que tanto se les llena la boca hablando de paz y convivencia en condenar en los términos más severos los ataques de las últimas fechas contra el alcalde de Tudela, de Navarra Suma, y contra la vicepresidenta de VOX, por parte de un energúmeno cuya imagen ya se ha hecho viral en las redes sociales pero que por lo visto no resulta fácilmente identificable, o goza de inmunidad diplomática. Los pasquines nazificando a Toquero han cosechado alguna condena tibia, por supuesto no de la izquierda abertzale, y la agresión a la vicepresidenta de VOX ha recabado un silencio casi general. El derecho a la libertad de reunión y expresión, o a no ser agredido, al parecer en Navarra termina como muy lejos en la frontera con VOX, y eso si no estás en Alsasua. No resulta preciso por tanto insistir más en que los planes cosméticos de convivencia no tienen normalmente como objeto real la convivencia, sino tapar en vez de resolver, y por tanto consagrar, las faltas de libertad.

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