Twitter se pone en contra de la Asociación Americana de Psiquiatría

La Asociación Americana de Psiquiatría es una de las entidades más importantes a nivel mundial para la disciplina médica de la Psiquiatría. Su núcleo de operaciones y membresías está en los Estados Unidos, aunque su manual de diagnóstico, conocido, de manera abreviada, como DSM, es una de las principales herramientas de estudio y formación, junto a la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).

No es una entidad vinculada a ninguna formación política o grupo de presión ideológica (lobbies). Eso sí, eso no quita que, por desgracia, sea objeto de presiones de distinta índole, de modo que no contradiga la falsa cosmovisión artificial que, por la fuerza, quiere imponer el socialismo de ingeniería social que rige las ideas «progres».

Son varios los ejemplos, pero nos centraremos en uno. Hablamos de la red social Twitter, que ha pasado de tener un CEO comprometido con las inclinaciones izquierdistas a tener a un máximo responsable que, en su momento, dejó entrever que «le preocupaba mucho» que pudiera garantizarse la libertad de expresión (sí, usó ese término).

Podemos decir, incluso, que se ha vivido muy de cerca, lo cual puede ayudar a uno a hablar con mayor seguridad de lo que está ocurriendo. Concretamente, se trata de un caso de censura en el que, de manera no irónica, se defendió la dignidad de la persona y no se negó la compasión que uno ha de tener hacia el prójimo.

Traducido al español, el tuit expresaba que las personas «trans» eran creadas por Dios, con lo que pueden disfrutar de la dignidad humana. Añadía que si asumimos la existencia de la dignidad, hemos de ayudar a aquellos que padecen enfermedades mentales (insiste uno en que este término no se utilizó de manera peyorativa o insultante).

Eso sí, esa consideración de enfermedades mentales no se la ha sacado uno de la chistera. Tampoco es un libro salido de un laboratorio de ideas. Hablamos de uno de los concepto clasificados aún por el manual de diagnóstico DSM, previamente referenciado. Y no, no hablamos de ninguna versión que ya haya expirado, sino todo lo contrario (refirámonos a la quinta).

La disforia de género

La Asociación Americana de Psiquiatría define la disforia de género (se podría hablar de sexo, pero como la presión busca disociar nuestra identidad…) como aquel problema que hace que una persona no se sienta psicológicamente identificada con el sexo que se le asigna tras nacer (de acuerdo con los órganos genitales, con lo que sería masculino o femenino).

Reconoce también que en base a ello se pueden dar procesos de cambio de nombre y pronombres personales, redefiniciones legales y prescripciones médicas que pueden ir desde el tratamiento hormonal hasta distintos tratamientos quirúrgicos como el aumento de pechos, la vaginoplastia o la cirugía facial femenina.

En cambio, en ningún momento niega que quede proscrito por su parte considerar la misma como un trastorno o enfermedad mental (complemento que se puede leer si nos fijamos en el título de la guía en cuestión). De hecho, define una serie de criterios de los que, al menos, tienen que cumplirse dos:

  • Incongruencia marcada entre el género que uno siente y las características sexuales.
  • Deseo potente de deshacerse de características sexuales primarias o secundarias.
  • Deseo fuerte de características sexuales primarias o secundarias del otro género.
  • Deseo fuerte de tener otro sexo.
  • Deseo fuerte de ser tratado como una persona del otro sexo.
  • Convencimiento sobre la tenencia de los sentimientos y reacciones que son típicas del otro género.

El cientifismo es lo que perjudica en realidad

Como se puede observar, Twitter no está censurando conductas insultantes, sino una serie de observaciones clínicas fundadas. Pero también sabemos que la Revolución atenta contra la razón (aunque presuman de ser racionalistas), con lo que, como ocurre en materias meteorológicas, climáticas y epidemiológicas, no es anormal que defiendan el cientifismo frente a la ciencia.

El cientifismo no se basa en el descubrimiento, el contraste y la refutación. Simplemente se trata de imponer una «interpretación» a base de denunciar la libertad de cátedra, pensamiento, crítica y discernimiento. Hay una «verdad oficial» que se quiere imponer, siendo esto factible única y exclusivamente mediante la intimidación y la agresión.

Pero es que, en esta ocasión, ya concluyendo también, ese cientifismo intrínseco a la totalitaria ideología de género es humillante, porque, en verdad, no se está ayudando a las personas transexuales a vivir mejor. Básicamente se les está humillando a merced de una ideología que busca disociar todo atisbo del orden natural y espontáneo.

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