El gobierno no miente cuando dice que todos los manifestantes son de extrema derecha

El campo español se ha manifestado en Madrid y lo ha hecho a lo grande: reuniendo a entre 100.000 y 400.000 manifestantes según las fuentes, los 100.000 reconocidos por la propia Delegación del Gobierno. Hablamos por tanto de una manifestación multitudinaria, como hace tiempo que no se veían y poniendo por tanto en evidencia el malestar social que se está gestando. Un malestar que también se expresa a través de la huelga de los transportistas.

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Se equivoca mucho el gobierno tachando de ultraderechistas a todos los que se manifiestan. Por el contrario, las movilizaciones a las que estamos asistiendo se caracterizan precisamente por no ser ideológicas. No se está manifestando la gente de tal o cual ideología, se están manifestando sectores enteros de la economía. Se trata por tanto de protestas transversales y protestas que no tienen que ver con la política, sino con la ruina laboral que afrontan todos estos sectores, una ruina que no distingue izquierdas ni derechas entre sus víctimas. Lo que el gobierno tiene enfrente no es una protesta ideológica de la oposición, aunque lógicamente la aproveche la oposición, sino una protesta general y social. O el gobierno pone algún remedio en vez de tratar de descalificar a los manifestantes, echando por tanto gasolina al fuego, o va a tener un grave problema popular, que por supuesto tendrá su expresión también en las calles. Las protestas pueden no haber hecho más que empezar.

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Observar al gobierno o a los sindicatos, los mismos que destipificaron la acción violenta de los piquetes, enfrentarse al descontento social resulta tan interesante para un analista externo como desconcertante le debe de resultar al gobierno. ¿Acaso no representa este gobierno a los trabajadores? Quizá por eso piensa que todos los manifestantes son ultraderechistas. Además de porque es su comodín contra todo aquel que no sigue al gobierno marcando el paso de la oca, no entienden que ya no representan a los trabajadores y que los trabajadores cada vez se sienten menos representados por la izquierda, se trata sin embargo de un divorcio largamente larvado.

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A la izquierda que nos gobierna no le gusta ningún trabajo. No hay sector o profesión a la que no estén asfixiando fiscalmente o contra la que no estén arremetiendo directamente por motivos ideológicos.

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Así, en los últimos tiempos el gobierno ha cargado contra los intereses y el negocio de los jugueteros, que no se niegan a vender muñecas a las niñas y camiones a los niños. Contra los hosteleros. Contra los ginecólogos. Por supuestos contra los ganaderos y su carne que no se sabe si es de muy mala calidad y que en todo caso tenemos que dejar de comer porque los gusanos son más sostenibles. Contra los agricultores. Contra los transportistas. Contra los pescadores. Contra los repartidores. Contra los conductores de Uber. Contra los autónomos… ¿Pero qué trabajo les parece bien a los partidos que dicen que representan a los trabajadores? Militar y policía tampoco… Los únicos trabajos que les gustan son los de técnico de Igualdad o mantero.

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A la izquierda radical que nos gobierna no es ya que no represente a los trabajadores, es que no le gustan los trabajadores. Lo que le gusta es la gente que pasta en el presupuesto público a costa de los trabajadores, habitando plataformas, asociaciones, observatorios de igualdad, de género, de integración, de masturbación, de memoria histórica. De todos estos colectivos seguro que ayer no estaba manifestándose ninguno contra el gobierno.

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En realidad, volviendo un poco al principio, puede que tampoco esté tan equivocado el gobierno al decir que todos los españoles que se están manifestando contra él son de extrema derecha. Es decir, está equivocado ahora al decir eso, pero a lo mejor no está tan equivocado dentro de algún tiempo, si sigue sin hacer nada, o haciendo cosas que constantemente agravan el empobrecimiento de las clases trabajadoras españolas. A la vista de las desastrosas políticas de este gobierno y de que este gobierno señala constantemente a la extrema derecha como su némesis, no sería raro que la extrema derecha, o lo que el gobierno identifica como tal, experimente un crecimiento extraordinario puesto que el propio gobierno le está señalando a toda la España descontenta el camino hacia las antípodas del gobierno, que es adonde puede acabar ir queriendo todo el mundo.

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Desde luego lo que no había ayer manifestándose en Madrid era mucha gente de extrema izquierda, porque no hubo ni una papelera quemada. Afirmar que se manifiesta contra el gobierno la extrema derecha puede ser una observación equivocada pero una predicción acertada. Las políticas de este gobierno generan riadas de votantes de extrema derecha, o como queramos llamar a las formaciones que se oponen frontalmente a la política fiscal, económica, energética, migratoria y de seguridad de la izquierda. El gobierno piensa que, diciendo “extrema derecha” a los españoles, está haciendo uso de una palabra de seguridad, como sobre un animal domesticado, para que cese en su actitud protestataria y adopte una actitud de sumisión. Por el contrario, indicando el gobierno a la gente que extrema derecha es lo opuesto al gobierno, le hace a la extrema derecha un inmenso favor. El gobierno no está conteniendo el descontento al decir “extrema derecha” como si fuera una frase paralizante, sino lo que hace precisamente es canalizar el descontento hacia la extrema derecha. O lo que el gobierno califica como tal. Sobre todo si al final extrema derecha van a ser todos los trabajadores descontentos de España menos los técnicos de Igualdad. O sea, todos los trabajadores a los que la izquierda hace tiempo que ha dejado de representar.

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Comentarios (1)
  1. Javier31 says:

    Al gobierno de España no le gustan los españoles. Que le den.

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 5 Thumb down 0

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