El intolerable grito de «¡Vivan los padres!»

Ha vuelto a hacerlo. La Asociación Católica de Propagandistas ha vuelto a revolucionar las conciencias con ocasión del 19 de marzo, festividad de San José, Día del Padre. Para celebrar fecha tan señalada los propagandistas católicos han llenado las ciudades españolas de carteles en los que se dan vivas a los padres y, por si esto no bastara, se reproduce el texto del Padrenuestro. En realidad en casi cualquier otra época dar vivas a los padres y escribir el Padrenuestro no tendría nada de particular, más aún ante la proximidad de San José, pero de algún modo hemos llegado a un momento tal que algo así resulta revolucionario, absolutamente escandaloso, socialmente estigmatizado y al borde de lo ilegal.

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En realidad habría que detenerse un momento a pensar si algo como dar vivas a los padres o escribir el Padrenuestro es algo realmente estigmatizado socialmente. O sea, sí que está estigmatizado mediática y políticamente, ¿pero lo está socialmente? Por el contrario, ¿no hay una gran parte de la sociedad, acaso mayoritaria, encantada con su padre, orgullosa de ser padre, queriendo ser padre o enamorada del padre de sus hijos? ¿En qué momento lo bochornoso se ha convertido en defender la figura del padre en vez de atacarla? ¿Qué clase de padres han tenido o se han perdido quienes tanto atacan a la figura del padre? Los malos padres, ¿no son precisamente la prueba de lo importante que es ser padre y buen padre?

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Utilizar el texto del Padrenuestro implica una segunda transgresión intolerable, ya que se trata de una apelación a la espiritualidad. Pero, una vez más, ¿acaso no hay una mayoría más o menos silenciosa de la sociedad que no entiende el mundo ni se entiende a sí misma sin contar en la vida con una dimensión espiritual? Y una organización católica, ¿qué tiene de raro que para celebrar la figura del padre -y del Padre- señale sin complejos esta dimensión espiritual?

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Esta reivindicación de la figura del padre llega después de la celebración del 8M, lo que por contraste multiplica el impacto de la campaña. Frente a la criminalización del género masculino, de repente aparece ensalzada la figura del padre. El hombre es padre y quiere y protege como parte de una dimensión natural de su existencia, y por supuesto espiritual para quien no reduzca lo existente a sólo lo material. El asesino, el violador y el maltratador no es lo natural sino lo anormal, lo enfermizo, lo criminal y lo excepcional. Y por supuesto todo eso no representa al género masculino ni a la figura del padre.

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El 8 de marzo del año pasado, los propagandistas católicos impactaron a la opinión pública reivindicando la maternidad y la figura de la madre a través del Ave María, desatando un nuevo y absurdo escándalo. Nada tiene por tanto de extraño que ahora se reivindique la figura del padre y se haga a través del Padrenuestro. Todo encaja. Es una conspiración. Aquí hay un plan preconcebido. Y en Navidad la vida y el Niño. ¿Pero cómo va a tolerar todo esto el discurso único?

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Si señalamos la paternidad, y la maternidad, y la infancia, y la familia, como valores positivos y dignos de ser reivindicados, siquiera por reivindicarnos a nosotros mismos o a nuestros padres y madres, lo cierto es que decae la ideología opresora dominante que sustituye la lucha de clases por la lucha de sexos. El hombre deja de ser el enemigo. Dejamos de ser géneros en conflicto para ser géneros cooperativos. No hace falta destruir o diluir el género para resolver un conflicto generado por quien propone la liquidación de los géneros. El padre no es una madre bis, y la madre tampoco es un padre bis, o tris. De hecho no hay forma de traer una vida al mundo sin la mediación de un padre y una madre, salvo la clonación. La clonación, por otro lado, sería el fin de la diversidad y la evolución. La paternidad y la maternidad ponen en evidencia la ficción del hombre embarazado y la familia homoparental. No hay hombres embarazados ni familias homoparentales sin que previamente, siquiera por un instante, se haya producido una unión heterosexual, una familia tradicional. La familia homoparental se construye por tanto no sólo sobre el embrión de una familia tradicional sino sobre su destrucción, para hacer posible sobre su ruina la ficción de una familia homoparental. Una familia en la que sólo uno de los progenitores o ninguno lo es y hay uno o dos progenitores que no están en la familia. A diferencia de la familia adoptiva no es el remedio de una familia biológica frustrada, sino la circunstancia que provoca que la existencia de una familia biológica nazca frustrada.

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Como elemento escandaloso final, el hecho de que la campaña se divulgue en la vía pública, por las calles, disputando el espacio público al discurso dominante, añade otro elemento más absolutamente intolerable. El discurso dominante pretende que todo lo que no sea el discurso dominante o sea ilegal o sólo pueda existir en el ámbito privado, casi en la clandestinidad. La Iglesia Católica se ha convertido en la enemiga número uno del discurso dominante porque en la actualidad no es optativo asimilar y hacer propio el discurso dominante. El problema es que la Iglesia tiene su propio discurso y que si deja de mantenerlo o abraza otro discurso para evitarse problemas deja de ser Iglesia. Esto explica muchos ataques, fobias y causas generales contra la Iglesia, que naturalmente tiene sus pecados, pero no más que otros y menos que muchos.

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Mientras todavía nos dejen decirlo Feliz Día del Padre y gracias a todos los padres. Cuando alguien tiene un mal padre lo suyo no es odiar la paternidad sino echar de menos un padre bueno o tratar de serlo con sus hijos. Hasta los que odian a los padres tienen un padre y a veces un padre bueno. Feliz Día del Padre también para los ingratos. Ser padre, o madre, es lo más importante del mundo. Los malos padres, que también los hay, no se han enterado que ser padres era lo más importante que podían hacer, y fallaron.

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