¿Se está forrando el gobierno a costa de los españoles con los impuestos de la luz y la gasolina?

Feijóo puso ayer el dedo en la llaga señalando que el gobierno se forra con los impuestos de la luz y los combustibles, que representan alrededor de un 50% del precio que pagamos los españoles.

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Lo cierto es que la izquierda tan pronto presume de que sólo sube los impuestos a los ricos, como aplica un tipo del 50% indiscriminado a todos los hogares y a todos los conductores. O tan pronto se rasga las vestiduras hablando de la pobreza energética como nos hunde a todos en ella. Al final el gran especulador que se forra con la venta de electricidad o de combustible no son las empresas sino el gobierno. Nadie tiene márgenes del 50%. Nadie obtiene beneficios sin arriesgar un capital, sin realizar inversiones en bienes de equipo o sin asumir unos costes de producción. El gobierno, por su parte, se limita a llevarse la mitad del negocio sin hacer nada, salvo empobrecer al consumidor.

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Hay que señalar que ese 50% que el gobierno se lleva del precio de la luz o de los combustibles por diversos conceptos se aplica sobre un bien absolutamente esencial. Es decir, hablamos de un impuesto altísimo, propio de ricos, pero que se aplica a los pobres sin ningún tipo de progresividad, y que se aplica además no sobre un artículo de lujo sino sobre artículos coma la electricidad y los combustibles que son de primera necesidad. No sólo eso, sino que el precio de la luz y la electricidad repercute después sobre todo porque todos los artículos de la cesta de la compra necesitan electricidad y combustibles para su producción, su transporte y conservación. Encarecer la electricidad y los combustibles no sólo nos empobrece de por sí, nos empobrece por su repercusión en el encarecimiento de todo lo demás.

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Podría pensarse que el gobierno propina tamaño hachazo indiscriminado a los españoles por su bien, pero no es verdad. Para empezar, como decíamos, los impuestos actuales sobre la energía son un auténtico atentado a la progresividad fiscal, si es que valoramos en algo la progresividad fiscal. La inflación es además el impuesto de los pobres. Esta política energética y fiscal no sirve para ayudar a las personas necesitadas, sino para convertirnos a todos en personas necesitadas.

Desde luego hay que pagar colegios, hospitales y carreteras, pero cada vez pagamos más impuestos y cada vez tenemos peor sanidad, peor educación y peores carreteras. No hay relación por muchos motivos. En primer lugar porque se gasta el dinero en todo tipo de chiringuitos ideológicos que pueblan, atestan y sangran el presupuesto, Son entre otros los 20.000 millones que anuncia Montero, las organizaciones de activistas que fomenta Errejón, las televisiones públicas, las subvenciones millonarias a los medios.

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Por otro lado vemos que el dinero se gestiona muy mal. Es decir, no sólo se dedica mucho dinero al clientelismo y la publicidad gubernamental, es que incluso el dinero para las cosas necesarias se gestiona de forma nefasta. Dos empleados públicos cobran como tres empleados privados. Para hacer lo que hacen tres empleados privados hacen falta cuatro empleados públicos. El dinero del contribuyente se pierde entre burocracias y administraciones redundantes (con sus respectivos gastos presupuestarios) que se duplican y se triplican. La sensación de los españoles de que pagan mucho y reciben poco por sus impuestos se encuentra completamente justificada. Tenemos unos dirigentes que en general no saben gestionar, pero saben convencer al contribuyente de que siempre debe pagar más. De que falta dinero para las escuelas y los hospitales no porque ellos gestionen mal, sino porque los españoles pagan poco. El problema es que los españoles no pagan poco. Pagan tanto que después de pagar los impuestos ya no les queda dinero para lo demás. Lo que está sucediendo con los combustibles, la cesta de la compra y la electricidad es que los españoles no pueden más, están al borde de la asfixia fiscal.

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Podemos echar la culpa a Putin en vez de a la Agenda 2030 pero esto viene de antes de la guerra. Que nos suban los impuestos antes de cerrar el Ministerio de Igualdad no es una decisión impuesta por Putin. Que nos suban los impuestos antes de cerrar las televisiones públicas no es culpa de la guerra en Ucrania. Que nos suban los impuestos en vez de gestionar mejor para ahorrarnos 60.000 euros no es culpa de Rusia. Que dependamos del gas en vez de la energía nuclear no sólo no es culpa del tirano ruso, sino que el tirano ruso se reía de nosotros por autoimponernos esa decisión. Que nos bajen los impuestos y que gestionen mejor. El momento de exigirlo es ya. No podemos volver a tolerar ninguna subida de impuestos cuando ese dinero, en vez de subiendo impuestos, el gobierno pueda conseguirlo cortando gastos prescindibles o gestionando mejor.

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