El fracaso de Putin y la debilidad de Rusia

Sería precipitado decir que Rusia ha sufrido un grave tropiezo militar en Ucrania, aunque se trata de un diagnóstico que se va generalizando. Es decir, el enorme ejército ruso con sus interminables convoyes de blindados y lanzamisiles en realidad ha obtenido muy pocos de sus objetivos militares, y ninguno de los políticos. Conforme pasan los días, y se multiplican las pérdidas humanas y materiales de los rusos, cada vez resulta menos claro si están acumulando fuerzas para un hachazo final contra Kiev u Odessa, o si sencillamente se han estancado, sus líneas de suministros son vulnerables, su superioridad aérea se encuentra comprometida y faltan recursos en primera línea para pasar a la ofensiva y seguir avanzando. En esta línea, por ejemplo, se apunta a que la famosa ayuda militar solicitada por Putin a China podrían ser raciones de combate, algo que de confirmarse resultaría muy sintomático. El problema de las raciones de combate en una guerra es que no basta con tenerlas en un almacén, sino que hay que llevarlas hasta la boca del último soldado, igual que la gasolina o la munición. Este es el principal problema de un ejército de más de cien mil hombres que además no están en un lugar, sino ocupando una importante superficie en puntos muy distantes y en un territorio no totalmente controlado y erizado de misiles anticarro llegados de toda Europa en las últimas semanas. No se puede decir que Putin aún no pueda tomar Kiev, o peor aún dejarlo planchado, y dar un golpe significativo pero si las cosas no le estuvieran yendo del todo bien tendrían un aspecto sospechosamente parecido al que tienen ahora. De hecho, observando el mapa, se comprueba que Rusia apenas ha ocupado mucho más terreno del que ya ocupaba antes de la guerra (Crimea y el Dombás), pero en cambio mantiene varios frentes abiertos cada uno con su dudosa línea de suministro. Por no hablar del dinero, el suministro del suministro. Un guerra cuesta dinero, una guerra larga cuesta muchísimo dinero. Rusia tiene un ejército desproporcionado respecto a su PIB y muchos más misiles que rublos; rublos que hoy ya no alcanzan un céntimo de dólar, por cierto.

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Llegados a este punto cabe pensar si Putin puede llegar a la conclusión razonable de que no tiene nada que ganar dilatando esta guerra o ampliando la superficie ocupada, momento en el cual quizá podría llegarse a alcanzar una paz negociada. La cuestión entonces sería qué es una paz justa, o por lo menos mejor que la guerra y razonable e interesante para todos.

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Dicen que a una fiera acorralada hay que dejarle una salida y bajo esa premisa seguramente trabaja la diplomacia. Putin inició la guerra apuntando que sus objetivos eran Crimea, la independencia del Dombás y desmilitarizar Ucrania. Es posible que reconocerle esos objetivos, que al menos eran los que públicamente ostentaba, pudiera bastar para conducirle a una paz negociada. La buena noticia es que lo que se le puede dar de hecho ya lo tenia. Simplemente se formalizaría una situación de hecho. No sería un plato de gusto para Ucrania pero los ucranianos tienen la capital casi rodeada por los tanques rusos y sólo una vaga aspiración a ganar a largo plazo una guerra devastadora, en la que podrían seguir sin recuperar el control de Crimea y el Dombás y además dejar machacado su país y diezmada su población. Desde fuera a todos nos convendría poner fin a esta locura tanto desde un punto de vista humanitario como económico y militar.

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La noticia más preocupante de las últimas horas ha sido la posible implicación de China si responde a la citada petición de ayuda de Rusia. No obstante, sin menospreciar el poder de la locura y la estupidez humana, no parece que tenga mucho sentido que China asuma ningún riesgo para ayudar a Rusia. China va a obtener todo lo que puede obtener de Rusia sin necesidad de hacer nada por Rusia, ya que China se ha convertido en único comprador y suministrador de Rusia. A su vez, la economía de China es interdependiente de la de Occidente. China no tiene que hacer nada para ganar por todos lados; es más, cuando puede empezar a perder es si hace algo.

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La conclusión final, siquiera provisionalmente y a la espera de ver cómo se desarrollan finalmente los acontecimientos diplomáticos y militares, es que Putin ha querido llevar a cabo una gran demostración de fuerza y en realidad, como casi siempre que se utiliza la violencia, lo que ha conseguido es que se ponga en evidencia su debilidad. El daño económico que le ha hecho a su propio país es catastrófico. No pudiendo vencer con rapidez y rotundidad a Ucrania, ha puesto asimismo en evidencia su fragilidad militar. Con el bombardeo de las ciudades Putin ha quedado como un líder desquiciado y anacrónico. La imagen internacional de Rusia se encuentra por los suelos. Para rematar su faena, ha dejado a Rusia descolgada de Occidente y totalmente a merced de China. Si antes ya era débil, ahora lo es más. Lo más que puede sacar Putin de esta jugada ruinosa es un cierto reconocimiento de Crimea y el Dombás, algo que ya tenía de hecho antes de la guerra, a lo que como mucho se podría sumar la futura neutralidad de Ucrania. Una neutralidad irreal porque Ucrania sería rearmada por Occidente y el sentimiento anti ruso de Ucrania durante décadas se encuentra absolutamente garantizado.

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El mayor error del presidente ruso, no obstante, aunque todos los pagáramos caro  sería no reconocer su error. Probablemente ahora mismo es China quien mejor puede pedir a Putin que acepte lo que se le ofrezca y que deje de molestar. Esperemos no tener que seguir comprobando hasta qué punto el bienestar de todos y la vida de tantos depende de los desvaríos imperiales de la vida de un dictador nuclear. Interesa recalcar la palabra nuclear porque, si no fuera por el factor nuclear, la OTAN ya podría haber decretado una zona de exclusión aérea sobre Ucrania y, llegado el caso, barrido por aire y tierra toda la chatarra soviética convencional del ejército de Putin. Los analistas militares de la OTAN andan muy satisfechos dentro de la lógica preocupación del momento porque, si algo ha demostrado esta guerra, es que Rusia -aunque peligrosa- tendría poco que hacer frente a Occidente en una guerra convencional. Lo que mejor se le da al ejército ruso es la demolición de objetivos civiles indefensos. El material militar ruso, por lo que se está viendo, sigue estando varios peldaños por debajo del material de la OTAN, por no hablar de logística, mantenimiento, entrenamiento, estrategia y coordinación.

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