La debacle de los grandes sindicatos en el número de afiliados

¿Dónde están los sindicatos? Es una pregunta que se pueden hacer los españoles a la vista del constante empobrecimiento de la población a cuenta de la inflación, la subida de los carburantes, los precios prohibitivos de los vehículos y la subida de la luz. Los sindicatos, por el contrario, muestran un absoluto sometimiento al gobierno. Desde luego no cabe sino recordar cómo salían estos mismos sindicatos a protestar por la factura de la luz, siendo los precios mucho menores, cuando quien gobernaba era el Partido Popular. Salta a la vista que la acción de los sindicatos no tenía por objeto mejorar la vida de los españoles, sino servir como instrumento para llegar al poder a los partidos de los que son deudores. Una vez que estos partidos han llegado al poder, se acabaron las protestas pese a que la situación de los trabajadores y su empobrecimiento es mucho peor. Contra los gobiernos de izquierda no hay protestas. ¿Qué grado de agitación social estaríamos viendo si esta misma situación la estuviéramos viviendo con un gobierno de la derecha?

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Desde luego en esto tiene mucho que ver el dinero público que reciben los sindicatos de los gobiernos de izquierdas. Los sindicatos viven en una burbuja al margen de los recortes y el empobrecimiento en el que se va sumiendo el conjunto de la sociedad. Por el contrario, conforme aumenta el dinero público que llueve sobre los sindicatos así mismo crece también su nivel de servilismo y sumisión. Cuanto peor nos va a todos, mejor les va a los sindicatos. La única influencia de la crisis sobre la burbuja sindical es que, cuanto peor le va a la gente, más cobran los sindicatos para comprar su silencio.

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Lo que sí se ha apreciado en los últimos años es que el aumento del dinero público que reciben los sindicatos no ha ido parejo al nivel de afiliación. Todo lo contrario, la afiliación de los grandes sindicatos está por los suelos. Cada vez menos trabajadores le ven algún sentido a afiliarse a UGT o CCOO, no digamos pagar una cuota. Los sindicatos son una burocracia que no sirve a los trabajadores, sino a los partidos de izquierda. Cuando gobiernan los partidos de izquierda, los sindicatos entran en un estado de hibernación hasta que vuelva a gobernar la derecha. Eso sí, bien regados por el dinero público para alimentar los dulces sueños del largo ciclo invernal.

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Si los sindicatos vivieran de las cuotas de sus afiliados, les preocuparía que bajara el número de afiliados. Si su subsistencia como organización dependiera de los trabajadores que consideraran útil afiliarse y pagar una cuota, los sindicatos estarían a su servicio en vez de al servicio del gobierno. Desde luego lo mismo pasa con el gran sindicato de la patronal. En realidad no puede resultar extraño el consenso alcanzado en torno a la reforma laboral del gobierno. No es un consenso alrededor de la reforma, es un consenso alrededor de todos los millones que les paga el gobierno. No es posible estar al servicio de los trabajadores, o de las empresas, y al mismo tiempo depender del gobierno. Estás al servicio de quien dependes. Es por ello que los sindicatos tienen que depender de los trabajadores o de los empresarios y no del gobierno. No sólo es lo justo y lo lógico, sino que otra cosa es un sistema perverso.

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