La culpa será de Putin, pero nuestra ruina es de Sánchez

En lo concerniente a la guerra entre Ucrania y la Federación Rusa, insisto en mi contundente y rotunda oposición al enésimo acto expansionista de Vladimir Putin. Es una agresión en toda regla, contraria a las libertades concretas y al principio de subsidiariedad (no es necesario agarrarse sin más al conglomerado de leyes positivas).

No defiendo como bien supremo el concepto de Estado-nación ucraniano así como tampoco soy amante de las organizaciones supranacionales por regla general. Pero ni los ucranianos ni el resto de europeos del área centro-oriental (polacos, estonios, letones, lituanos, moldavos…) tienen que verse sometidos a la bota opresora y expansionista de otro estado que, encima, es mucho más liberticida y psicopático.

Reconozco además que observo el conflicto con bastante preocupación emocional, más allá de la obviedad por la cual uno lucha, sin fronteras ni excepciones, por el Bien. Pero no quiero convertir el artículo en una exhibición de sentimientos personales que quienes me conozcan algo más seguramente sean capaces de inferir con facilidad.

Con lo cual, no ha de mosquear a nadie que, como puedo hacer en otras ocasiones, me dedique a criticar el uso de determinados «muñecos de paja» para evadir problemas que son responsabilidad exclusiva (de una u otra forma) de ello.

Las dificultades económicas que seguramente se agraven en estas semanas ya solo tienen un único factor de origen. No lo ha afirmado ningún experto (ni siquiera los de los comités fantasma a los que algunos nos tienen tan acostumbrados). Según el liberticida Pedro Sánchez, todo, absolutamente todo, es por culpa de Vladimir Putin. Pero no es así. En las próximas líneas daremos un repaso.

No solo el socialismo post-soviético ruso es una perversión

Europa sufre el lastre de la inflación monetaria, no estando España en un puesto irrelevante (para mal, lamentablemente). Lo mismo en materia de desempleo, ante lo cual, solo hay ocurrencias para subir el salario por decreto, pensar en reducir la semana laboral o restringir sin criterio alguno algunas contrataciones que por necesidad y circunstancias serían temporales.

Recordemos que ser autónomo o abrir un negocio de pluriempleados es toda una odisea, para empezar, por el exceso de burocracia, trámites jurídicos y cotizaciones que forzosa y mensualmente hay que destinar a la Seguridad Social (dicho sea que no hablamos de cuotas ínfimas y simbólicas).

Del mismo modo, no olvidemos que los tipos del IRPF e IVA (respectivamente, castigos estatales al trabajo y al consumo) son bastante elevados incluso para las clases bajas y medias a las que algunos tratan de defender frente a los «ricos» (el término más recurrente para disimular).

Lo mismo con los futuros peajes, los impuestos sobre los carburantes y la factura mensual de la luz y del gas. Hay un montón de sobrecostes estricta y altamente artificiales, entre los que también figuran las primas a las «energías renovables» (y mientras, despreciando la energía nuclear, que no solo es segura, sino que nos asegura «más independencia energética»).

Todo esto acaba repercutiendo en muchos ámbitos, de modo que encontramos aquí causas de problemas como la llamada «precariedad», el encarecimiento de los bienes de consumo, los riesgos de quiebra de la cadena de distribución y las pequeñas empresas, el alto coste de la vivienda, la escasez alimentaria y otras dificultades para llegar a fin de mes.

Con lo cual, si bien hay que juzgar a Putin por lo que corresponde, como corresponde, también hay que juzgar a Pedro Sánchez, porque igual que el mandatario ruso, desprecia la libertad económica, el ahorro, la libre iniciativa. Pero no es ideología tal cual. Lo que ocurre es que niega la realidad y que su contribución a un mayor grado de intervencionismo estatal nos ahoga, nos perjudica.

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