El gran test para Feijóo es VOX. O veta a VOX o no veta a VOX, esa es la cuestión. De que decida lo uno o lo otro depende que nos coloquemos ante dos escenarios totalmente distintos. Sería bueno que todos los electores de centro derecha sepan cuál es el escenario por el que apuesta Feijóo. Por el momento, lo que sabemos sobre Feijóo es que a pactar con le PSOE no le pone ningún tipo de obstáculo; es más, ha declarado su deseo de entenderse con el PSOE y reeditar el bipartidismo huyendo de otras fórmulas con lo que denomina “populistas”. El por lo visto nuevo portavoz sobrevenido del nuevo PP de Feijóo, Esteban González Pons, lo primero que hizo al ser investido en tal puesto fue llamar “extrema derecha” a VOX. O el PP no piensa pactar con VOX, o no debería llamar ciertas cosas a VOX, tanto por respeto al que puede ser su socio como por no darle munición a la izquierda en caso de que pacte con VOX, regalándole el discurso de que ha pactado con la extrema derecha. En Castilla León el PP sigue sin decantarse, y da la impresión de Feijóo, o Mañueco, pretenden que sea el PSOE el que decida. Si hay pacto con VOX, que sólo sea porque el PSOE no ha ofrecido alternativa. Así de deseable es acordar con la izquierda, así de terrible es pactar con VOX.

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Desde luego Feijóo asume que para llegar a la Moncloa o le apoyará VOX o le apoyará el PSOE, pero siendo él presidente. Sin embargo no puede ser que haya que votar a Feijóo sin saber lo que prefiere Feijóo, sino esperando ver lo que prefiere el PSOE. Si Feijóo convierte el voto al PP en una lotería puede estar indicándoles la puerta de salida hacia VOX a los votantes del PP que no quieren un acuerdo con el PSOE.

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En este sentido a lo mejor Feijóo se puede llevar una sorpresa y convertirse en el tercer partido de España. En este caso a lo mejor nunca podría ser presidente. Si el PP se convierte en un partido menos votado que VOX y menos votado que el PSOE, Feijóo tiene un problema importante para gobernar nunca, y las encuestas señalan que tanto lo uno como lo otro puede pasar. Es muy difícil que el tercer partido tenga opciones de gobierno. O facilita un gobierno del PSOE, o facilita uno de VOX, u osbtruye ambos. No hay ninguna de esas opciones que no tenga un coste electoral. Resulta absurdo este empeño en no querer apoyarse en VOX para gobernar como partido mas votado y asumir en cambio una estrategia que les puede llevar a ser terceros, a no gobernar jamás y a enfrentarse a un claro riesgo de desaparición.

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Evidentemente el PP es un partido que ahora está la izquierda de VOX. Tampoco es descabellado que Feijóo, como explica en algunas entrevistas de hace algún tiempo, quiera arrimarse a la izquierda a captar todo el voto posible por el centro. No es malo que el centro derecha capte todo el espectro electoral posible para sacar a Sánchez y sus socios del gobierno. El error del PP es intentar ser Ciudadanos porque el mejor resultado de Ciudadanos fue obtener 57 diputados en unas generales. Sería bueno que Feijóo, lo mismo que entiende que está a la izquierda de VOX, entendiera que está a la derecha del PSOE, que para ser el PSOE ya está el PSOE, que ser Ciudadanos es ser un partido de menos de 60 diputados, que cuando no existía VOX el PP podía arrimarse tanto como quisiera a la izquierda sin perder votos por la derecha, pero que ahora estamos en otro escenario, y que para alcanzar los 176 diputados o suma con VOX o suma con el PSOE. Si suma con el PSOE, crearemos un sistema en el que o siempre gobernará el PSOE o siempre habrá un gobierno condicionado por el PSOE o del que forme parte el PSOE, y en que la única alternativa posible sería VOX. Si Feijóo está dispuesto a complicarse tantísimo la vida por no llegar fácil y naturalmente al poder de la mano de VOX, a lo mejor es que no merece llegar al poder. O que el centro derecha merece algo mejor para llegar al poder. Todo esto por no mencionar que el PSOE, habiendo pactado con los golpistas catalanes y con Bildu, ha perdido cualquier sombra de legitimidad para reprocharle nada al PP por pactar con VOX.

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Hay un abismo entre el modelo que podría salir de un gobierno entre el PP y VOX y el que saldría de un gobierno entre el PP y el PSOE. Ante esos dos escenarios tan distintos, entre los que sus electores tienen derecho a elegir, Feijóo no puede no decir lo que prefiere. No puede tampoco dejar que sea el PSOE el que elija el escenario que prefiere. No sólo es poco limpio presentarse a unas elecciones sin decir lo que se quiere hacer, sino que ante esa indefinición indica a los electores que prefieren el pacto con el PSOE que voten al PSOE, y a los que prefieren el pacto con VOX que voten a VOX.

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Queda por último el detalle de que VOX no es realmente un partido neonazi de extrema derecha y que uno no puede dejar que el rival le vete las alianzas, le marque los términos del discurso o le imponga el lenguaje y la terminología que debe usar. Alguien que tiene en la fototeca tantas fotos con Fraga, resulta sorprendente que tenga tantos remilgos para salir en una foto con Abascal.

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