El gestor eficaz que Pedro Sánchez no es

Ser gobernante en España es muy fácil por culpa de lo que podríamos denominar como una sumisión fiscal absolutamente bovina. Que a nadie se le ocurra quejarse por los impuestos. Si, no obstante, alguien osa quejarse, la respuesta estándar es que hay que pagar impuestos para pagar la educación o la sanidad, fin de la discusión. Cuando a un gobernante le falta dinero para hacer algo o las cuentas le salen en números rojos la solución es muy fácil: subir los impuestos. Un país en el que para conseguir más dinero basta con subir los impuestos y en el que casi nadie se atreve a quejarse por los impuestos es fácil de gobernar. Es más, es un país fácil de gobernar despóticamente.

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En estos momentos en los que los españoles andan agobiados por la cuantía de su factura de la luz, por la cesta de la compra, por lo que les cuesta comprar un coche, o por lo que les cuesta llenar el depósito, comparece la ministra de Igualdad para anunciar un gasto ideológico de más de 20.000 millones de euros. Todo esto con las cuentas públicas totalmente desbarajustadas, con la deuda pública aumentando sin parar, con la presión fiscal asfixiándonos y con medio país sumido en un proceso de empobrecimiento que le pone muy difícil el llegar a fin de mes.

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No podemos evitar relacionar esta noticia con la recientemente publicada de que España ha bajado 10 puntos en el ranking de eficacia del gasto público, y que ese aumento de la ineficacia en el gasto representa la dilapidación de 60.000 millones de euros. ¿Se imaginan las cosas que se podrían hacer, o la bajada de impuestos que podríamos tener, con esos 60.000 millones de euros dilapidados por la mala gestión?

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En algún momento los contribuyentes españoles deberían plantarse ante el gobierno. No puede ser que lo que en otros países de nuestro entorno el estado lo hace pagando 100 euros aquí el contribuyente tenga que pagar 140 euros porque se gestiona mal, porque hay un sinfín de costes y estructuras redundantes, porque los amiguetes incompetentes campan por la administración, porque se gasta en asuntos absolutamente no esenciales, porque un empleado público cobra un 50% más que un empleado del sector privado, porque para hacer lo que harían 10 trabajadores del sector privado hacen falta 14 trabajadores públicos.

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Sin rebelión fiscal no puede haber mejora de la gestión

No podemos tolerar ni una subida de impuestos más hasta que sea totalmente imposible que el gobierno gestione mejor el dinero que ya le pagamos. En primer lugar porque ya no podemos pagar más. Un gobierno que no sabe gestionar nos asfixia fiscalmente y nos impide llegar a fin de mes, más aún en la situación de emergencia energética actual. En segundo lugar porque un gobierno que gestiona mal nunca tiene los recursos suficientes para hacer lo que tiene que hacer. No puede ser que los españoles no se atrevan ni a pensar en quejarse de los impuestos. Urge un cambio radical de mentalidad. Tiene que ser el gobierno el que ni ose atreverse a pensar en una subida de impuestos sin exponerse a la ira social y electoral del pueblo español. Entre otros motivos porque, hasta que el contribuyente español no se empiece a rebelar, en vez de seguir exprimiéndole tampoco el gobierno tiene un estímulo de peso para ser eficaz.

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