El feminismo no es de todas, bonita

Vuelve a ser 8M, el Día de la Mujer. Por lo menos el día de la mujer izquierdista. Las mujeres que no son de izquierdas se dividen en dos: las que van a su aire y las que, intentado celebrar el Día Mujer junto a las izquierdistas, son insultadas y expulsadas de la celebración. Tampoco es que las feministas de izquierdas anden demasiado unidas en los últimos tiempos. El drama del feminismo es que el feminismo más racional, el que pretendía la igualdad, en realidad ya se encuentra desfasado en la actualidad. Nadie niega la igualdad de derechos de la mujer. Nadie en sus cabales considera inferior a la mujer. Lo que todavía preocupa a algunas feministas ya no es que las mujeres puedan elegir lo que que quieran, sino que elijan cosas diferentes a los hombres. Hay unas feministas muy extrañas que piensan que las mujeres, para ser libres, tienen que elegir lo mismo que los hombres. O las mujeres son como los hombres y hacen las mismas elecciones que los hombres o son sospechosas. Esto irónicamente no lo piensa un supuesto machismo asimilacionista, sino el supuesto feminismo reivindicador de la figura de la mujer. En esta línea de pensamiento se llega al punto de intentar obligar a las mujeres a que tomen determinadas elecciones y cumplan con determinadas cuotas en determinados ámbitos en los que están infrarepresentadas. Defensores de la mujer atacando la libertad de la mujer porque la mujer elige mal, hay que ver.

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En buena medida, por otro lado, el feminismo ha derivado en hembrismo. O sea, en una especie de machismo inverso. La igualdad cede ante un discurso en el que hay un género bueno y otro malo, un género sincero y otro mentiroso, un género víctima y otro verdugo. Para este hembrismo, que hoy también celebra su día, no delinquen las personas sino el género. Desde luego todos estamos contra la violencia contra las mujeres. No hay nadie que no condene la violencia contra la mujer, con más dureza aún que los progres, el punto de debate es la forma de interpretar esos actos de violencia o ajustarlos en un determinado discurso político y filosófico. La violencia de género da lugar necesariamente a una culpabilidad de genero. El genero masculino no es una organización terrorista. Los asesinatos de mujeres no son el resultado de la acción de una banda creada por el género masculino y dirigida por su cúpula. Los hombres no nos reunimos un par de veces al año en un lugar secreto, al margen de los parlamentos, para decidir cómo dirigimos el mundo, qué hacemos con las mujeres y a cuántas y quiénes matamos, como si fuéramos una banda terrorista, como si el género fuera una organización o como si las mujeres asesinadas fueran víctimas del terrorismo.

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De hecho cuando un hombre mata a una mujer no suele ser a cualquier mujer, por odio a la mujer en general, liquidando a la primera que se encuentra cuando sale un día a la calle, sino a aquella con la que tiene o ha tenido una relación sentimental. Ya no se puede decir, pero esto se solía considerar un crimen pasional. Por eso también hay asesinatos en las parejas de gays y lesbianas, aunque sean del mismo género. Ciertamente hay más hombres que matan mujeres, pero también hay más aluniceros que aluniceras y esto no significa que los robos con alunizaje sean producto del machismo. Por otro lado, si alguien te mata seguramente sea un hombre, pero anualmente son asesinados casi el doble de hombres que de mujeres en España. Sólo y borracho volviendo a casa está mucho más justificado el miedo de un hombre que el de una mujer a ser asesinado. Por no mencionar que el 99,9% de los hombres no son asesinos, ni de mujeres ni de otros hombres. Respecto a otras violencias siempre se matiza no son vascos, son terroristas; o no son musulmanes, son integristas; pero del asesinato de una mujer no es culpable el asesino, es culpable todo el género masculino.

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Decíamos que las celebraciones feministas representan una radical división de la sociedad entre hombres y mujeres, pero también entre feministas de izquierdas y de derechas, que no son toleradas en las celebraciones de este día. Las feministas y hembristas de izquierdas, a su vez, también concurren divididas. Las hay que aceptan la transexualidad como autodeterminación de género y las que no, las que por tanto cuestionan la ideología de género y las que no, las que aceptan la prostitución y las que no, las que aceptan la gestación subrogada y las que no. Esperemos que algún día también concurran divididas entre las que aceptan el aborto y las que no, o que acaben concurriendo unidas pero en defensa de la vida, siquiera porque el 50% de las abortadas son niñas indefensas a las que no defienden las feministas ni las hembristas.

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Ha pasado demasiado poco tiempo respecto al 8M de 2020 como para no recordar que, contra toda evidencia, aquí no se tomó ninguna medida de contención contra el COVID porque había que celebrar el 8M a toda costa de forma multitudinaria. El resultado fue que Madrid se convirtió en una bomba vírica y que España fue el país con más muertos por habitantes del mundo durante la primera ola. Todos los medios de izquierdas fueron negacionistas exactamente hasta el 8 de marzo de 2020. Todo eso ha costado muchas más muertes en España que la violencia machista. El 8M ha pasado a ser el Día de la Plaga para el recuerdo.

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Finalmente, en un día como hoy cabe preguntarse si el papel del feminismo es liberar a la mujer de ningún yugo masculino real o inventado o, más bien, convertir al feminismo en algo no optativo y después en algo que sólo se puede identificar con la izquierda. Este es el verdadero yugo ideológico en este tiempo. Todo ello sin dejar de recordar en un día señalado como hoy que el voto femenino en España no lo trajo la izquierda.

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