Irene Montero y la guerra de Ucrania: entre el hembrismo y el integrismo

Irene Montero ha hablado. O sea, que ya tenemos noticia. La ministra de Igualdad abría el foro Forbes Power Summit Women afirmando que “La sociedad es mejor con menos testosterona”. Nada menos. ¿Se imaginan que un ministro fuera a dar una charla y comenzara diciendo que a esta sociedad le sobran estrógenos? ¿Y qué hacemos para rebajar los niveles de testosterona de la sociedad? ¿Castramos a los hombres? ¿Abortamos a la mitad de los varones? Nótese cómo Irene Montero identifica la testosterona con el mal y, deduciblemente, los estrógenos femeninos con el bien. El género masculino es el origen del mal. En la naturaleza del hombre va el mal.

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Desde luego entre los hombres, al menos en España y fuera de algún reducto insignificante o alguna reserva natural, no existe un discurso sobre la mujer equivalente a este hembrismo. Hembrismo, porque Irene Montero no tiene nada que ver con el feminismo, o con lo que se supone que debería ser el feminismo. Puede que ni con la ideología de género. O sea, tan pronto eso de ser hombre o mujer es una construcción artificial y cultural del heteropatriarcado como ser hombre, y además malvado, es una cosa hormonal. Y esta señora que cobra el sueldo lo mismo de los contribuyentes de un género que del otro distingue entre un género naturalmente bueno y otro naturalmente malo, y a señalar la maldad del género masculino dedica los 500 millones de presupuesto de un ministerio irónicamente llamado de Igualdad.

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Pero hay más.

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Irene Montero se refirió a la guerra en Ucrania para interpretarla en clave feminista y afirmar que “las que más van a sufrir como siempre son las mujeres, que son las que sostienen sobre sus hombros lo peor de todos los conflictos”. La frasecita se las trae porque, aparte de revelar una vez más su odio hembrista hacia los hombres, contiene toda una colección de mentiras.

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Para empezar la mayoría de los que mueren en los conflictos bélicos son hombres. Ahora mismo las fronteras de Ucrania se están llenando de refugiados que en su gran mayoría son mujeres y niños. Esto ya de por sí resultaría noticioso porque lo que se podría esperar normalmente en un conflicto es eso, que los refugiados fueran mayoritariamente mujeres y niños. Obviamente no es lo que se ve normalmente en las fronteras de España o en los asaltos a nuestras vallas.

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Por otro lado, si las que más van a sufrir el conflicto son las mujeres huyendo del país, a lo mejor entonces lo solidario, siguiendo la lógica de la ministra, sería impedirles atravesar las fronteras y obligarlas a volver con los hombres, a disfrutar de ese menor sufrimiento y a luchar en las trincheras.

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Es curioso porque, alternativamente, lo que se podría pensar es que los hombres piden a las mujeres que se vayan con los niños para ponerles a seguro, mientras ellos combaten. ¿Y por quién combaten esos malditos malvados? Pues por sus mujeres y sus hijos. O por su país, que en definitiva no es más que un lugar en el que los hijos puedan crecer en paz y prosperidad.

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Desde luego no es que las mujeres no sufran con las guerras, pero es una tontería pretender que sufren más que los hombres o que sufren más en virtud de un plan maligno diseñado por el género masculino. Ya puestos, además, también podría decirse que los que más sufren en las guerras son los niños, aunque la ministra volvería a meter la cuchara declarando que sufren más las niñas, al unirse a su condición de mujer la de ser menores. Eso sí, como las que se van con los niños son las mujeres serán ellas las que discriminan a sus hijas para tratarlas peor que a sus hijos.

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En definitiva, Irene Montero no pierde ocasión de propagar su desternillante repertorio de absurdeces, pero una vez más se pone de manifiesto la naturaleza sectaria de esta ministra que vive obsesionada con la ideología, que a todo lo que hace le busca una explicación ideológica, que desde que se levanta no sabe cómo vestirse o qué desayunar si no le busca una justificación ideológica. Todo es ideológico, todo tiene motivación política. En todo lo que hacen los demás, como ella vive así, obviamente ella también ve una motivación ideológica. Si no coincide con lo que ella hace, ve un enfrentamiento ideológico. Por eso Irene Montero es comunista, odia la libertad y sólo concibe una sociedad uniforme. Todo lo que hace o deja de hacer lo reduce a términos de feminismo o machismo. Lo que no se hace o no se piensa como ella es machismo y por tanto intolerable. Eso en realidad tiene un nombre y se llama integrismo.

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