Almudena Grandes aburre ya

Almudena Grandes dará nombre a la actual Estación de Atocha de Madrid merced a un nuevo capricho del gobierno de Pedro Sánchez. Hay que ideologizarlo todo. Hay que ir adoctrinando al personal desde el callejero. No se pueden estar quietos.

La pregunta es si, sólo en base a su calidad literaria, y si Almudena Grandes hubiera sido falangista, le hubiera cubierto el gobierno de los mismos reconocimientos. O sea, ¿se le está homenajeando por ser buena escritora o por ser ultraizquierdista? Por ser feminista no está claro, dada su afición a las gracietas involucrando monjas violadas por milicianos sudorosos. Salvo que la izquierda no considere mujeres a las monjas. Tampoco sería de extrañar, si por lo visto tampoco está claro el género de la Virgen de Atocha, como para reclamar la feminidad de las monjas.

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Para ayudar a responder a la pregunta de si todos estos elogios a Almudena Grandes tienen que ver con la literatura o con la política, podemos traer a colación esta otra noticia cultural de que el Ayuntamiento de San Sebastián se ha negado a conceder la medalla de oro de la ciudad a Pío Baroja.

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Desde luego contrasta bastante que a Almudena Grandes se le esté agasajeando de una forma bastante ridícula y obsesiva al mismo tiempo que se le ningunea a Pío Baroja. Como por cada Baroja que aparece en la historia hay una legión de pequeñas almudenas y almudenos que después se pierden para siempre en el olvido, queda bastante claro si lo que se premia es la calidad o la ideología. Casualmente, Almudena Grandes era comunista mientras que Pío Baroja era antinacionalista y anticomunista. Desde luego don Pío tenía sus cosillas, pero no más que doña Almudena, que como hemos señalado tan pronto hacía chistecitos sobre monjas violadas como se despachaba expresando su deseo de fusilar a unas cuantas voces discrepantes con sus ideas cuando se levantaba por la mañana:

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Ya que hemos citado a Baroja, interesa acaso también hablar de Unamuno. Resulta curioso que el País Vasco tenga dos escritores de la talla de los citados que, sin embargo, son clamorosamente postergados en favor de cualquier mediocridad, o menos que mediocridad, que escriba en euskera o sustituya por la militancia el hueco que deja el talento, lo cual a menudo requiere cantidades exorbitadas de militancia.

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