El respeto y la palabra de Esparza

En medio del torbellino informativo ha reaparecido Esparza con una entrevista concedida a Onda Cero, en la que ha venido a repetir los latiguillos que suele esgrimir desde el estallido de la crisis con Sayas y Adanero.

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Por un lado que «UPN es un partido fiable, en el que se puede confiar, que tiene palabra”, y que “la palabra que da se cumple».

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Por otro lado que Sayas y Adanero les engañaron a todos, que dijeron que no les gustaba la reforma pero que votarían a favor y que por tanto son unos mentirosos, y que “En UPN la mentira y el engaño no son comportamientos aceptables”.

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Finalmente, el argumentario se remata con la afirmación de que Sánchez hubiera seguido igual y que «La realidad es que había una reforma laboral que no era derogar la reforma laboral del año 2012, era una reforma laboral que venía acordada y pactada por los empresarios, los autónomos, UGT y CCOO, y una reforma laboral que desde ese punto de vista merecía nuestro apoyo, porque creemos que es buena para España y para Navarra”.

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Salta a la vista, sin embargo, que todo el relato de Esparza adolece de notables contradicciones.

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Para empezar, lo que Esparza explicaba antes de la votación es que Navarra Suma iba a votar que sí por convicción, como ahora efectivamente reafirma, pero ocultando un pacto secreto con el PSN de por medio. Un pacto tan secreto que no lo conocían ni los propios diputados de Navarra Suma en el Congreso. No puedes reprochar a tus diputados que no entiendan tus órdenes cuando el sentido de las órdenes lo determina la existencia de un pacto secreto que desconocen. Si ocultas el pacto a los tuyos, no es extraño que los tuyos no puedan entender ni seguir tus pasos.

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Malamente se puede presumir de la palabra dada y la honestidad, por otro lado, cuando resulta que esa palabra dada es secreta, y cuando de cara al público se justifica el voto por convicción y sentido de estado mientras se pacta en secreto un acuerdo paralelo alejado de la luz. El que tiene una palabra de cara al público y otra fuera de cámara no tiene una palabra, tiene dos, y el que tiene dos palabras en realidad no tiene ninguna.

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Esparza trata de minimizar por un lado la importancia del pacto secreto y por otro la del apoyo en esa votación de Navarra Suma a Sánchez, pero esto también se cae por su peso y por las propias contradicciones de Esparza. Si votaba por convicción sobraba el pacto con el PSN, y mucho más que fuera secreto. Lo secreto es importante casi por definición. Si por otro lado aprobar o no la reforma laboral no era importante para desencadenar una crisis de gobierno, eso se contradice con la severidad del castigo contra Sayas y Adanero por ser una votación crucial, con las palabras de Esparza subrayando que el voto por libre se produjo nada menos que en relación a una reforma laboral para España, o con la percepción y la importancia que todo el mundo y todos los medios -como es lógico- han otorgado a esta cuestión.

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Tampoco tiene lógica ninguna la afirmación de Esparza en el sentido de que la reforma laboral era buena para España y mala para Bildu. Para empezar, ha justificado la reforma alegando que sólo era una “reformita” de la que hizo el PP y UPN apoyó. O sea, que el voto a favor se justifica en la medida en que la reforma es pequeña. El problema es que si no se reforma en nada entonces mucho mejor. De hecho lo que hubiera sucedido si no se aprobaba la reforma no era el apocalipsis, sino la continuidad de la vigencia de la reforma del PP, esa que cuanto menos se reformaba más se podía justificar el voto a favor. ¿En qué medida eso podía ser bueno para Bildu? En todo caso sería Bildu quien tendría que justificar ante los suyos no haber apoyado una reforma que desde su punto de vista era menos mala que la reforma del PP. Pero lo más importante es que tirar la reforma con los votos de UPN era malísimo para Bildu porque de repente el PSOE se encontraba con que su política de alianzas quebraba, y que si quería cumplir con las exigencias de Bruselas no podía contar con Bildu o la Esquerra. Entonces aparece Esparza con su muleta, su pacto secreto y su demolición de UPN, y le salva de la crisis a Sánchez.

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Así llegamos al que quizá es el más revelador de los argumentos que ha ido dando Esparza para justificar su muletazo al PSOE, y es la idea de que él no le debe nada a Pedro Sánchez sino todo lo contrario, que él no es el presidente de Navarra porque Pedro Sánchez lo ha impedido. Sensu contrario, lo que revela este argumento es que Esparza está convencido de que para ser presidente de Navarra tiene que ganarse el favor de Pedro Sánchez. Esto sí explica el movimiento de fondo que se aprecia tras el pacto secreto. O que Esparza parezca mucho más preocupado por recuperar la credibilidad frente al PSOE que frente a sus votantes. O que el castigo a Sayas y Adanero parezca mucho más destinado a aplacar al PSOE que a guardar una proporción, aunque sea a costa de abrir una brecha entre los propios votantes y simpatizantes. El problema final es que para pactar con el PSOE, con este PSOE, o consigues convertir el agua del otro en vino o eres tú el que acaba convirtiendo en agua tu vino. Un político con el anti-don de convertir el vino en agua es lo peor que le puede pasar a un partido.

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Finalmente, Esparza acusa a Sayas y Adanero de haber votado muchas veces con Sánchez, en lo cual hay tanta verdad como cuando a Navarra Suma o a UPN les acusan de que han votado muchas veces con Bildu.

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