¿Sabemos lo que realmente sucede en Ucrania en estos momentos?

No sabemos lo que sucede en Ucrania. Y además no lo comprendemos. Es posible que lo segundo resulte lógico por lo primero. A lo que nos referimos cuando decimos que no sabemos lo que sucede en Ucrania es que, precisamente por haber una guerra, todo es confuso, cierto, falso, minimizado o exagerado. Por ejemplo, descartando los fakes, no trascienden más de 10 vídeos al día mostrando algún episodio puntual del conflicto, repetidos hasta la saciedad en todos los telediarios o en todos los hilos de Twitter, en los que aparece un helicóptero derribado, o una explosión en el cielo nocturno de tal o cual ciudad, o un convoy de vehículos avanzando, o un carro de combate chamuscado en la cuneta de alguna carretera. Es muy poco para la era de los móviles en un conflicto en el que se encuentran implicados cientos de miles de soldados y 40 millones de ucranianos en una superficie mayor que la de España. O pasan muy pocas cosas, o pasan en muy pocos sitios, o la gente anda muy poco ocupada en grabar lo que pasa y enseñárselo al mundo, lo cual a su vez es extraño porque enseñar lo que pasa es por lo menos un tercio de la guerra fuera de los campos de batalla, junto a tapar lo que pasa o deformarlo por completo.

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Incluso dentro de las cosas que vemos, todo es confuso. Vemos un convoy militar destruido pero, como buena parte del material ruso y ucraniano proviene de la URSS, resulta difícil saber si se trata de un convoy de tanques rusos o ucranianos. A veces sí se sabe, pero esto es sólo una parte de la parte que vemos. No obstante, frente a la idea de que no vemos todo lo que pasa, también podemos tener la impresión de ver mil veces los mismos tres transportes blindados destruidos el día anterior dándose la circunstancia de que a lo mejor efectivamente son sólo tres. ¿Cuál es la magnitud del conflicto? ¿Cuántas bajas hay en cada bando? ¿Cuánta gente está muriendo? No lo sabemos ni por aproximación.

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Tampoco sabemos muy bien cómo va el desarrollo de la guerra. Parece un hecho que Kiev y las principales ciudades se encuentran todavía bajo control ucraniano, pero llevamos menos de una semana de conflicto. ¿Cómo interpretar esto entonces? ¿Está fracasando el avance ruso? O por el contrario, ¿se está produciendo una acumulación de fuerzas a las puertas de la capital a la espera de un ataque devastador?

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Una cosa que estamos viendo es la proliferación de vehículos rusos aparentemente abandonados o capturados o destruidos de una forma aislada y solitaria. Se trataría de vehículos que se han averiado durante las operaciones o los desplazamientos y han sido abandonados. Si un vehículo sufre una avería en territorio hostil no se puede ni detener el avance ni dejar el vehículo atrás indefenso con su dotación. Se abandona o se destruye. La pregunta es si lo que vemos son vehículos averiados en una proporción razonable o realmente Rusia tiene un problema con todo el cacharrerío de la época soviética o al menos de diseño de la era soviética. Tener un gran ejército no es tan caro, lo caro es el mantenimiento de un gran ejército.

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Hablando de problemas logísticos y económicos, para ganar la guerra no basta con tener 100 mil soldados, lo complicado es trasladarlos a otro país, darles de comer, de beber, mantener el suministro de combustible y de munición… Para que un ejército funcione no sólo hace falta tener todos los vehículos de combate en perfecto estado de mantenimiento, también hace falta disponer en perfecto estado de todos los vehículos necesarios y el personal cualificado para dotar de suministros, asistencia y apoyo a los combatientes. Todo eso es muy caro, lo que nos lleva al siguiente punto.

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El PIB de Rusia, la todopoderosa Rusia, la riquísima Rusia, la gran potencia militar, asciende a 1,48 billones de euros. Para que se hagan una idea, el PIB de la pobre e insignificante España es de 1,28 billones de euros. Es decir, el PIB de España es casi como el de Rusia, y eso que carecemos de los recursos naturales de los rusos. Económicamente Rusia es un país de nuestro tamaño. Eso sí, el presupuesto de defensa de Rusia es de 61.000 millones de dólares frente a los aproximadamente 4.000 del Reino de España. A lo mejor por eso no despegan económicamente, porque se gastan todo en cañones. O en los inmensos costes de mantenimiento de, en buena parte, todo su vastísimo chatarrerío soviético. La pregunta es si realmente están teniendo un problema con eso, ya que todo lo que queda aislado o atrás es capturado o destruido, o si es una falsa percepción a través de los vídeos que vemos.

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Si los rusos se encuentran estancados a las puertas de Kiev, por tanto, no está claro si es porque realmente no quieren entrar a sangre y fuego y quieren llegar a un acuerdo, o porque necesitan para realizar un asalto imparable una acumulación de fuerzas y suministros de los que todavía no disponen, o porque necesitan dar un descanso a sus tropas antes del asalto tras todos estos días de enfrentamientos, o porque realmente están teniendo problemas para avanzar y recibir los suministros según lo previsto. Realmente sería prematuro aventurarse a lanzar una hipótesis puesto que no hace ni una semana del inicio del conflicto. Tal vez alguien esperaba ver caer a Kiev en 24 horas, ¿pero sería un fracaso ruso si cae en 20? Cabe recordar que Varsovia resistió más de 20 días a los nazis en 1939, lo cual no permite cuestionar la eficacia militar de la blitzkrieg ni del ejército alemán.

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Algo que sí estamos viendo es que, de cara a la resistencia ante un enemigo abrumador frente al que no se cuenta con una capacidad aérea significativa, tres armas de las que se están utilizando se revelan como imprescindibles. Dos de ellas son bien conocidas por conflictos anteriores: los lanzamisiles antiaéreos portátiles y los lanzamisiles antitanque portátiles. La tercera arma no es totalmente inédita pero sigue siendo muy novedosa: nos referimos a los drones de combate. Los ucranianos cuentan con unos 30 drones de origen turco dotados de misiles, capaces de volar con discreción, silenciosamente, a baja altura, difícilmente detectables por los radares, atacar con precisión un objetivo y regresar impunemente a su base. Lo de base es una exageración porque los drones pueden despegar y aterrizar en un pequeño trozo de carretera, o incluso ser catapultados para despegar, y ser dirigidos desde un centro de control móvil instalado en un camión.

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Este fin de semana países como Alemania y Suecia han anunciado el envío, que se ha materializado de inmediato, de misiles antiaéreos y antitanque. Si los rusos tardan en alcanzar sus objetivos y la campaña se dilata, pueden encontrarse con el problema de que Ucrania empiece a recibir cantidades importantes de material de parte de Occidente que les ponga en problemas. Esto obligaría además a Putin a una ocupación rápida de toda Ucrania, para evitar que las armas entren al frente desde la parte no ocupada y fronteriza con Polonia.

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Todo lo anterior a fin de cuentas no es sino una confesión de los pocos datos de los que disponemos con alguna certeza para poder analizarlos. A la vista de los hechos todavía es difícil anticipar un escenario de estancamiento o una victoria más o menos rápida para Rusia. Sí que es cierto que el tiempo corre contra Putin por muchos motivos. Por un lado, no le conviene a Rusia un goteo constante de escenas de guerra y de muerte provocadas por ella. Tampoco la progresiva llegada de material al ejército ucraniano. Por otra parte, todo lo que no sea una victoria arrolladora de Rusia será una victoria para Ucrania. Como nos indica el modesto PIB de Rusia, todo lo que tiene Putin es su poder militar y su capacidad de intimidación. Si la capacidad militar de Rusia queda cuestionada en Ucrania, puede empezar a ser percibida como un oso de cartón.

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