La indigestión de Ucrania y la victoria silenciosa de China

En la guerra que ha desatado Putin con la invasión de Ucrania se combinan los aspectos estratégicos con los estrictamente militares. En lo que se refiere al campo militar, la victoria de Rusia parece inevitable. Está por ver, sin embargo, el precio humano y material que le puede costar a Rusia esa victoria, hablando siempre del aspecto militar de la cuestión. O sea, materialmente Ucrania apenas puede oponer resistencia. Desde luego no puede oponer fuerzas equivalentes a las rusas en tierra, ni disputar la superioridad aérea, ni mantener un frente ante el empuje de los ejércitos de Putin. No obstante, Ucrania puede llevar a cabo emboscadas y escaramuzas en campo abierto, o presentar una resistencia importante en las ciudades, aunque asumiendo el terrible coste de los combates urbanos. Más allá de eso, hablamos de un país con un poco menos de población que España y un poco más de superficie, incluso restándole los territorios ya controlados hace años por los rusos y los rebeldes en Crimea, Donetsk y Lugansk. Por consiguiente no se puede descartar un goteo de bajas y un coste importante en el tiempo para Rusia, humano, político y económico, por mantener la ocupación, dependiendo también, naturalmente, de la combatividad de los ucranianos.

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Occidente, por su parte, salta a la vista que no va a hacer mucho por Ucrania. No nos vamos a jugar nuestra prosperidad y nuestra debilitada economía por un remoto país oriental. Muy en nuestra línea habitual nos horrorizaremos por el drama humano, porque ante todo debe quedar claro lo maravillosos que somos como seres humanos, después llevaremos a cabo todo tipo de declaraciones y gestos vacuos, y finalmente adoptaremos algunas sanciones económicas que ni siendo muy duras, que seguramente tampoco lo serán, tendrían un gran efecto, ya que probablemente y para empezar esas medidas tendrían más efectos económicos y políticos sobre nosotros mismos que sobre los rusos, no digamos sobre el gobierno de Putin.

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El conflicto en el que Putin ha entrado con Occidente, sin embargo, no resulta despreciable por completo. La guerra que ha iniciado le convierte para Occidente en un paria internacional, por lo menos a nivel gestual. Las represalias económicas por pequeñas que sean enfriarán y enrarecerán las relaciones con Rusia. Putin ha obligado además a recalibrar nuestra política energética, tanto por los costes como por nuestra dependencia política de Rusia. Nuestra política de defensa ahora mismo, más que por ponernos a fabricar tanques, pasa por fabricar centrales nucleares y en general repensar nuestra “transición energética”, algo que antes de Ucrania ya era necesario pero que ahora, por tarde que sea, resultaría suicida no contemplarlo. Esto, por supuesto, volvería a Occidente menos dependiente de Rusia. O dicho de otro modo, Rusia perdería poder sobre Occidente.

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Por todo lo anterior, la gran beneficiada del conflicto sin pegar un sólo tiro resulta ser China. Por un lado vuelve a comprobar con ojos fríos y analíticos la debilidad política y militar de Occidente. Por otra parte y sobre todo, en la medida en que Rusia se cierra puertas hacia Occidente se vuelve más dependiente de China. Es decir, Rusia va a buscar en China el mercado que se le cierre en Occidente, lo que efectivamente le aliviará a nivel comercial o de sanciones, pero le coloca en manos de China. Rusia puede entrar en una guerra comercial con Occidente, pero no con Occidente y China al mismo tiempo. China por tanto gana con el conflicto y se encuentra con una Rusia más débil y dependiente de ella.

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Por todo lo anterior el beneficio de Putin abriendo este conflicto no está del todo claro. Por un lado entra en un conflicto comercial y político con Occidente. Si se inicia una suerte de carrera armamentística, los gastos militares perjudicarán a su economía primero porque tiene menos potencia económica que Occidente para mantener el ritmo, y segundo porque la teoría del cristal roto es mercancía averiada. Por otra parte se puede meter en un pantano militar y económico en Ucrania a medio plazo, tanto si la situación militar y el aplastamiento de Ucrania se complica más de lo previsto como si la posterior ocupación se convierte en una carga indefinida. Finalmente, con su mayor o menor ruptura con Occidente resulta que China sale reforzada y Rusia más dependiente. El único beneficio puede ser la satisfacción personal de Putin como conquistador de países mucho más débiles.

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Comentarios (1)
  1. Estricuel says:

    Dudo de que Rusia pretenda permanecer como fuerza de ocupación en Ucrania. Probablemente se produzca un cambio de gobierno en Kiev que aleje a Ucrania de la OTAN y permita la rápida finalización del conflicto bélico.
    Putin puede ser un dictador y gobernar Rusia con mano de hierro. Eso es indudable. Pero al mismo tiempo pone sobre el tapete la gallardía, la dignidad, la virilidad del pueblo ruso frente a la pusilanimidad de un Occidente desnortado, descreído y falto de todos los valores que le hicieron grande. Frente a las tradiciones, las mentiras y las nuevas ideologías deshumanizadoras que asolan las sociedades occidentales aparece la figura de Putin. Por eso hoy los medios focalizan el conflicto en Putin y no en Rusia. Putin es el enemigo número uno del NOM y la agenda 2030.
    Las sociedades anestesiadas de Occidente no pueden ya defenderse abiertamente porque no creen en nada. Por eso probablemente veamos en el corto plazo intentos de desestabilización al Gobierno de Putin desde dentro de Rusia auspiciados por la CIA y sus satélites.
    Veremos la reacción de Rusia y del pueblo ruso. Esto no ha hecho más que empezar.

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