Parece que la alternativa a Casado se articula alrededor de Feijóo. Para empezar, la propia Ayuso se ha retirado de la carrera por el recambio lo que deja expedito el desembarco en Génova de Feijóo. ¿Y quién si no Feijóo? Esa es para el PP la cuestión. En condiciones normales Ayuso sería mejor que Feijoo. Por eso la temida por la izquierda, o por Casado y Teodoro, era Ayuso y no Feijóo. No era a la familia Feijóo sino a la Ayuso a la que había que espiar para eliminar. Pero claro, ahora es normal, y efectivamente puede que Feijóo sea para el PP la mejor opción.

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Ayuso divide. O para ser exactos incluso Ayuso divide. Javier Esparza, el líder de UPN, se cree que los conflictos internos no dividen. Que puede salvarle el bigote a Pedro Sánchez y fulminar a dos de sus cuatro diputados más brillantes sin que pase nada. Que el 100% del partido y el electorado le respalda. Pues bien, las cosas no son así. Incluso para Ayuso, en el mundo real y este conflicto no tendrá al 100% de los votantes y militantes de su lado. A lo mejor tiene al 99% de su lado, pero eso ya es perder un 1% por culpa del conflicto. Los conflictos internos no suman nada. Y a lo mejor no es el 1%. En el caso de Esparza puede darse con un canto en los dientes si tiene al 51% del electorado o al menos del partido de su lado.

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Si Ayuso sustituyera ahora a Casado, seguramente perpetuaría una división interna. Es probable que Feijóo suscite menos entusiasmo que Ayuso pero también menos rechazo. Es a eso a lo que se suele considerar como un candidato de consenso. Por lo demás puede que Ayuso no quiera ser presidenta del Gobierno de España. O puede que piense que tal y como han sucedido las cosas no es su momento. Tampoco tiene una prisa extraordinaria, aunque los trenes a veces sólo pasan una vez. Ayuso tiene 43 años por los 60 de Feijóo. Es por otro lado la segunda vez que el tren de la presidencia pasa por la puerta de Feijóo. ¿Es Ayuso la mejor opción electoral ahora mismo del PP? Y si no es Ayuso, ¿habría alguien mejor que Feijóo? Pues a lo mejor no y no. En todo caso será el PP el que lo tenga que decidir. Puede además decidir con la tranquilidad de que ahora mismo no hay ni habrá nada peor que Casado y García Egea. Cualquier cambio sólo puede ser a mejor.

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Una cosa buena que tiene Feijóo es que quiere ser presidente. Pues como Casado, pensarán ustedes. No lo parecía. Lo que parecía es que la finalidad última de Casado era complacer a la izquierda. No se entiende si no esa total sumisión a los dictados de la izquierda ya fuera para echar a Cayetana, para renovar los tribunales al gusto del socialpodemismo, para vetar a VOX, para echar a Ayuso. El que a lo mejor sí que quería ser presidente de veras era García Egea. Que Feijóo sí que quiera ser presidente es bueno porque entonces tendrá que contar con VOX. Aunque Feijóo se hubiera manifestado contra el pacto con VOX la vocación presidencial y su carácter de político pragmático invitarían al optimismo, pero ya antes de este tinglado con el contrato del hermano de Ayuso y a raíz de los resultados de Castilla León el presidente de Galicia se descolgó con unas declaraciones divergentes de Génova y partidarias del pacto con VOX.

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Seguro que a Feijóo no le gusta VOX. Pero quedarse sin la presidencia le gusta menos que VOX. A diferencia de Casado y Egea, Feijóo sabe sumar. Por eso Feijóo sin dejar de mostrar su incomodidad tampoco se ha apuntado a la ridícula teoría del cordón sanitario, que impide que gobierne la derecha y establece de facto un gobierno perpetuo o de izquierdas o condicionado por la izquierda. No estaría de más en todo caso que Feijóo antes de aspirar a nada aclarara al mundo esta cuestión de pactar o no pactar con VOX. La balanza se equilibra porque a VOX tampoco le gusta Feijóo. Feijóo, o por lo menos los líderes del PP de su estilo, es de hecho la razón de existir de VOX. VOX existe porque mucha gente próxima al PP, empezando por el propio Abascal, en un momento dado se dio cuenta de que la única forma de conseguir que el PP acometiera determinadas batallas eran condicionándolo desde fuera, consiguiendo unos escaños que al PP le resultaran imprescindibles para poder gobernar. VOX también sabe sumar. De lo que se trata por tanto una vez amortizados Egea y Casado es de concentrarse en conseguir esa ansiada mayoría electoral del centro-derecha y poner a prueba ese forma de gobierno inédita en que alguien como Feijóo tiene que gobernar con el apoyo de alguien como Abascal. Feijóo quiere ser presidente, así que a lo mejor el verdadero problema sería que Abascal tuviera más votos que Feijóo.

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