Porque el tiempo pasa muy rápido, incluso en la nueva normalidad, o porque los Goya se asemejan un poco a una cita con el dentista y dan parecida pereza (¿pero ya toca otra vez?), el caso es que parece que los Goya se celebran y reparten por lo menos cuatro o cinco veces al año, aunque por otro lado y tal vez como consecuencia de todo ello cada vez resulta más insustancial. Cada vez cuesta más llamar la atención en los Goya y cada vez tienen menos que ver con el cine esas llamadas de atención.

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Por lo demás el cine español goza de buena salud porque no necesita premios, ni público, ni calidad, donde basta el poder pastar en el latifundio gubernamental de la subvención. No es que no pueda haber también alguna buena película, pero no es necesaria una buena película para triunfar, lo que no estimula ni mucho menos exige su rodaje. Lo que no puede haber es una película que se salga del guion ideológico referencial del cine español. El asunto resulta tan exagerado que las películas triunfadoras de la noche fueron El buen patrón y Maixábel, en un ramillete en el que otras candidatas eran Madres paralelas (de Almodóvar) o Mediterráneo.

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O sea, la película triunfadora acomete el ensayo de preguntarse si un empresario puede comportarse hipotéticamente en alguna rara ocasión como si fuera un ser humano (la hipótesis es ya toda una declaración de principios ), pero sólo para reafirmar ideas como la cultura de la subvención, la falsedad de la meritocracia, el puesto de trabajo como un derecho a perpetuidad y la lucha obrera como una causa sin demasiados límites morales exigibles debido a la inherente abyección del libre mercado, fuera del cual menos en el mundo real se goza de una perpetua prosperidad y libertad. Como alternativas competían el drama de los inmigrantes en el Mediterráneo rollo Open Arms y Maixábel, la oportuna película como de encargo para blanquear a los presos etarras por un lado y para dividir a sus víctimas entre compasivas y vengativas por otro. De cara a los acontecimientos políticos y penitenciarios que vienen parece que respecto a las víctimas de los terroristas que se vaya excarcelando conviene esa división, una división en la que, por cierto, las víctimas supuestamente compasivas (las partidarias del gobierno y su proceso) serían el 1% y las supuestamente vengativas la críticas, el 99%. Los etarras arrepentidos, blanqueables y excarcelables serían también algo así como el 99%.

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Por supuesto una de las cuestiones más llamativas de la gala de los Goya fueron las ausencias y carencias. Ahora que gobierna la izquierda el presidente es recibido como un premio de la lotería. Nada de convertir la gala en un acto reivindicativo. Nada de incómodas referencias al precio de la cesta de la compra, los combustibles o la factura de la luz. Nada sobre la dudosa gestión de la pandemia, ilegalidad de los estados de alarma, el cierre del Parlamento o las ruedas de prensa sin preguntas o periodistas incómodos. Pero sobre todo nada sobre el No a la guerra y el envío de tropas españolas a los países fronterizos con Ucrania. Si con Trump estuviéramos al borde de una guerra con Rusia y la respuesta de un gobierno de derechas hubiera sido mandar tropas, en los Goya tampoco nadie diría nada y la izquierda estaría aplaudiendo y respaldando al gobierno. El cine español es un cine contra media España, para media España, que paga toda España y que sólo ve una centésima parte de España.

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Comentarios (2)
  1. BURBUJISTA LADRILLISTA says:

    No se debería permitir que un nombre tan español como contribuyente a la pintura universal lo puedan usar semejantes mequetrefes

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  2. anacleto says:

    «El cine español es un cine contra media España, para media España, que paga toda España y que sólo ve una centésima parte de España.» GENIAL

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 17 Thumb down 0

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