La ocupación UCI en Navarra, tras una oleada de contagios brutal, vuelve a niveles de principios de diciembre

Aunque las idas y venidas de las oleadas de contagios de coronavirus pueden parecer tan reiterativas como el Día de la Marmota, lo cierto es que esta última ola ha presentado unas características apreciablemente distintas de las oleadas anteriores. Salta a la vista que el número de contagios ha sido mucho mayor que en las oleadas anteriores, pero también que la mortalidad o la ocupación UCI sólo han sido similares o menores que en las oleadas anteriores, pese al mayor número de contagios. Es decir, algo es distinto. O el porcentaje de vacunados, o el de inmunizados, o la letalidad de Omicron, pero la relación entre contagios y muertos-ingresos UCI ya no es la misma que en el pasado.

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Concretamente en Navarra, según el reporte sanitario oficial de ayer, el número de pacientes con COVID ingresados en UCI era de 26. La cifra no es irrelevante porque significa volver a los guarismos del mes de diciembre, pero en el camino de bajada o de vuelta. O sea, no hemos padecido una enorme tensión hospitalaria, al menos en las UCI, o en los fallecimientos, y además ya estamos bajando.

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La pregunta es hasta cuándo va el Gobierno de Navarra a prolongar unas restricciones que en primer lugar no han servido de nada durante el camino de ascenso de los contagios, como prueba la comparativa con las comunidades que no tomaron ese tipo de medidas, pasaporte COVID y restricciones a la hostelería incluidos. En segundo lugar por qué esas restricciones que no han servido para nada encima se mantienen, y se mantienen con el pie cambiado y mientras el resto de comunidades que también cometieron el error de adoptar ese tipo de medidas ahora las suavizan.

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No dieron ni una al principio de la pandemia, cuando desaconsejaron las mascarillas, aconsejaron hacer vida laboral, familiar y social normal después de haber estado con contagiados, o llamaron insolidarias a las mascarillas que mejor protegían en interiores, al punto que Chivite se reía de ellas desde la tribuna del Parlamento. Parece que al final de la pandemia tampoco van a dar ni una. Un reloj roto al menos da la hora exacta dos veces al día. Un reloj loco puede no dar la hora exacta en ningún momento. Ya a estas alturas no pedimos ni un reloj que funcione bien, sino uno que por lo menos no vaya a lo loco dando palos de ciego. El Gobierno de Navarra, desgraciadamente, se parece más a un reloj loco que roto.

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