Los coches sólo para ricos, otro éxito de la ideologia de progreso

Por donde pasa la izquierda no crece la hierba, podría adelantarse como conclusión a lo que a continuación vamos a ir desgranando. Otra conclusión es que la izquierda está condenando no ya a los españoles, sino a todos los europeos, como mínimo, a un proceso de descapitalización y empobrecimiento. En 2030 no tendremos nada y seremos felices, lo primero al menos sí será cierto. ¿Pero por qué cada vez somos todos más pobres por culpa del programa político global de la izquierda?

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Citaremos sin detenernos en ello el precio de la energía porque es algo de lo que ya se ha hablando en abundancia y respecto a lo que no caben demasiadas dudas respecto al diagnóstico: se ha demonizado la energía nuclear, se ha creado (en provecho de los gobiernos) un impuesto salvaje sobre las tasas de emisión de CO2, se ha apostado por las energías renovables y, cuando no hay luz ni viento, se ha elegido depender del gas natural. Todo esto no sólo tiene graves implicaciones geoestratégicas como cada día que pasa advertimos, sino que ha multiplicado los costes de generación y ha disparado nuestras facturas.

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Otro elemento que una vez más tan sólo citaremos es el de la vivienda. Puesto que suelo en España no falta, y de hecho no hacemos más que hablar de que España está vaciada de gente, o tenemos un problema con la competencia o tenemos un problema con el gobierno. No hay otra explicación que justifique los precios ni de la vivienda en propiedad ni de la vivienda en alquiler. A nadie se le escapa, por otro lado, que igual que los costes de la emisión de CO2 y la carga fiscal de la factura de la luz son una enorme fuente de ingresos para el gobierno (y de exacción de recursos para las familias y los individuos), el suelo y la fiscalidad de la vivienda es una son otras tantas inestimables fuentes de dinero para las arcas del estado, que encarecen y dificultan el acceso a la vivienda de todo el mundo. Tampoco puede extrañar la escasez de viviendas en alquiler, o sus precios, cuando la legislación tiende a dejar al propietario y arrendador completamente desprotegido. Cuanto más progresista e intenso el discurso del gobierno en defensa del derecho a la vivienda, si se fijan, más difícil su acceso al común de los mortales, salvo a los okupas. Pero volvamos a los coches, que es en lo que queríamos centrarnos.

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En los últimos años comprarse un coche se ha convertido en un lujo. Las ventas de coches se hunden y el parque de automóviles envejece porque la gente no tiene dinero para comprar uno nuevo. Obviamente en todo esto tiene mucho que ver el encarecimiento de los precios. Seguramente no hablamos de nada que la mayoría de nuestros lectores no estén sufriendo en carne propia, pero basta con comparar los precios de hace unos cuantos años con los de ahora para apreciar el brutal encarecimiento. Desde luego no hablamos de los coches de los ricos, sino de la cruzada de la izquierda contra la riqueza de la clase trabajadora. En 2014 un español podía comprarse un Volkswagen Polo desde 13.280 euros, ahora necesita 21.235 euros. Esta subida del 60%, que evidentemente nada tiene que ver con la inflación general (a la inversa un poco sí), tiene todo que ver con la lucha contra el cambio climático, las constantes y crecientes exigencias en cuanto a normativas de emisiones y el odio de la izquierda a los vehículos particulares. En 2014, por poner otro ejemplo, un español podía comprarse un Renault Megane desde 15.350 euros, en 2021 ese precio ascendió a euros. 21.822, un 42% más. Si cada vez nos cuesta más la luz, el combustible, la vivienda o la adquisición de un automóvil, ¿qué tiene de extraño que cada vez nos cueste más llegar a fin de mes?

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Aunque el pretexto para toda esta expoliación de las clases trabajadoras es el cambio climático, lo cierto es que podría cuestionarse toda la teoría desde su base. Por un lado podría cuestionarse el propio cambio climático, y si todo este encarecimiento es necesario por la existencia del cambio climático o si la existencia del cambio climático es necesaria para poder justificar el encarecimiento. Pero es que por otro lado no está nada claro que todo esto sirviera para combatir un supuesto cambio climático. Un estudio de VOLVO señalaba que resultaba mucho menos contaminante la construcción de un modelo de VOLVO convencional que uno eléctrico, de forma que hasta no recorrer entre 50.000 y 200.000 kilómetros con el coche convencional no se empataban las emisiones de CO2. Pero es que además contamina mucho más un rico que cambia de coche eléctrico o de coche convencional nuevo cada 3 ó 4 años que un españolito al que su coche le dura 20 años. Aunque contamine más en el día a día, le evita al planeta la contaminación de fabricar y desechar 4 coches. Pero las pegatinas ecológicas, las subvenciones y las ventajas fiscales se las dan al rico.

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Los políticos “progresistas” de la izquierda nos hablan por un lado de llenar la España vaciada, pero por otro hacen todo lo posible para dificultar la compra de vehículos particulares. ¿Esperarán que la gente se mueva por la España vaciada en burro? O nos dicen que habrá que reducir la producción de carne a la que puedan producir las microgranjas, y adecuar y reducir la población a la carne que puedan producir esas microgranjas. Pero entonces, ¿de qué vamos a rellenar la España vaciada? ¿De vacas? ¿Tendremos que reducir también el número de habitantes al número de personas que puedan comprarse un coche eléctrico?

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Las carteras vaciadas de la España que trabaja

Más urgente que rellenar la España vaciada de personas es rellenar de ideas las cabezas vaciadas por la izquierda. Rellenar el vacío creado en la cabeza por la izquierda puede ser también la única forma de rellenar las carteras de las familias y de resolver en general buena parte de nuestros problemas generados por el recetario de progreso. La hegemonía ideológica de la izquierda en los últimos años está coincidiendo con una apreciable caída de la riqueza acompañada de un apreciable recorte de los derechos de las personas y de la calidad democrática. No es una profecía, es un proceso que llevamos viendo hace años. Lo terrible es ir atisbando hacia dónde nos lleva implacablemente la línea de puntos.

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