Peras y manzanas: la economía conductual

La economía conductual está principalmente interesada en explicar por qué los individuos muchas veces se comportan de manera distinta a la de un agente racional, alejándose de uno de los supuestos fundamentales de la economía clásica. Igualmente sucede con las finanzas del comportamiento que se alejan de los supuestos de las finanzas tradicionales.

La economía conductual surge, por tanto, para tratar de explicar de alguna manera las razones por las que ciertos individuos toman decisiones que, a primera vista, parecen irracionales.

Sin embargo, es conveniente definir, en primer lugar, lo que es un agente racional o “actuar racionalmente”, y en este apartado vemos que la economía conductual critica de manera correcta la concepción de la economía neoclásica, la cual trata a los seres humanos como máquinas y piensa que actúan siempre de manera que consigan la mayor utilidad posible, concepción del ser humano a la que se suele llamar homo economicus.

Por otro lado, vemos que los proponentes de la economía conductual, como Daniel Kahneman, no abandonan esta visión, sino que a través de cuestionarios y experimentos tratan de incorporar una nueva variable “emocional” a sus modelos matemáticos que tratan de predecir lo que sucederá.

Para entender el concepto de racionalidad que utilizan estos autores daré el siguiente ejemplo: imaginemos que un individuo prefiere A en lugar de B y B en lugar de C, según ellos, se sigue invariablemente que preferirá A a C; para ilustrar lo infundado de esta conclusión sustituiremos las variables por objetos reales: si un individuo prefiere una manzana a un plátano y un plátano a una sandía, ¿se sigue que preferirá una manzana a una sandía? La respuesta es no. Esto se debe a que se está introduciendo de manera injustificada el concepto de consistencia en la racionalidad.

El sujeto en cuestión bien podría preferir una manzana a una sandía en un momento t1, pero podría cambiar de opinión en t2 sin dejar de ser racional en ningún momento.

Usemos un ejemplo típico para ilustrar, un ejemplo que incluye el llamado sesgo del «statu quo», el «efecto de dotación» y la «contabilidad mental».

De acuerdo con la teoría de la utilidad esperada, una pérdida de 1.000 dólares debería sentir lo mismo sin importar dónde y cómo suceda; después de todo, el dinero es fungible y, literalmente, desplazar 1.000 dólares en efectivo perjudica sus finanzas personales tanto como un costo extra inesperado de 1.000 dólares. Al ser encuestados, la mayoría de los estudiantes dicen que sufrir una pérdida de 1.000 dólares es peor que ver el valor de mercado de su cartera disminuir de 100.000 dólares a 99.000 dólares. ¿Conclusión conductual? Irracional. Y conciben todo tipo de «prejuicios» para explicar por qué la gente opta abrumadoramente por uno sobre el otro.

Ahora, si nos paramos a pensar, nos daremos cuenta de que los investigadores están comparando peras con manzanas. Al presentar los ejemplos como equivalentes, confían en que los estudiantes introduzcan a escondidas dos suposiciones ocultas en los diferentes escenarios.

La primera de las suposiciones es la que podríamos llamar “de comparación” o “de perspectiva”.

En el ejemplo de la cartera tenemos un punto de referencia natural: el tamaño de su cartera. Incluso si no podemos calcular rápidamente el porcentaje (una pérdida del 1%), entendemos que no es un cambio tan grande.

Sin embargo, en el primer caso no lo hacemos, así que naturalmente vamos a introducir nuestras propias referencias – comidas en restaurantes, café, alquiler – en cuyo caso 1.000 dólares es una cantidad considerable de dinero. Los conductistas están simplemente comparando lo que creemos que es «mucho» en dos circunstancias completamente diferentes. Ellos también podrían haber encuestado a posibles compradores de viviendas sobre lo que es un precio caro o barato para una casa estándar y luego contrastar esa cifra con lo que la misma gente piensa que es un café caro. Nadie sería tan tonto como para creer que una encuesta de este tipo tuviera algo remotamente útil que decir sobre las acciones económicas de los seres humanos.

La otra suposición introducida por la puerta trasera se encuentra en la descripción de la «cartera». Se nos dice explícitamente que se trata de un mercado de valores, e incluso aquellos que no tienen un conocimiento profundo de las finanzas saben que los mercados suben y bajan a diario. De hecho, los movimientos diarios en el S&P500 de alrededor del 1% ocurren en promedio cada cuatro días de negociación. Alguien que está pensando en una pérdida de 1.000 dólares de una cartera de 100.000 dólares entiende que se trata de un movimiento del mercado de valores común y que muy bien podría revertirse en breve. El primer escenario no tiene tal descripción de fondo y nos hace creer que se trata de una pérdida irreversible de una sola vez.

Por lo dicho hasta ahora podemos decir, por tanto, que la economía conductual no es una aplicación para nada útil de la psicología a la economía, y contestando rápidamente a la tercera pregunta, tampoco constituye una verdadera innovación, en tanto en cuanto se le podría aplicar la misma ley que al pensamiento keynesiano en algunas ocasiones, y es que todo lo bueno que tiene no es nuevo y todo lo nuevo que tiene es malo.

Ahora bien, no es suficiente criticar a una teoría particular de la economía, también es necesario ver por qué fracasa en sus intentos, lo cual haremos a continuación.

Pues bien, el error fundamental de la economía conductual es que critica la visión materialista o determinista del ser humano, pero en ningún momento la abandona.

Para el estudio de la acción humana es vital entender, en primer lugar, que cualquier acción es intencional y que persigue ciertos objetivos o metas, y que para conseguir estos fines son necesarios unos medios, los cuales, desafortunadamente son escasos en este mundo en el que vivimos. Los que proponen la economía conductual rechazan incluso proposiciones tan sencillas como esta última, aunque afortunadamente, para nosotros, ellos mismos se refutan, ya que argumentar en contra de que las acciones humanas son intencionales es una acción intencional que persigue ciertas metas mediante medios escasos (por lo menos el tiempo utilizado en hacerlo).

Este marco permite entender por qué una introducción de la psicología en la economía es de poca utilidad. En pocas palabras, la psicología se encarga de estudiar por qué el hombre escoge ciertos fines y cuál es el contenido de los mismos; mientras que la economía solo se encarga de estudiar cuales son los medios más adecuados para alcanzar unos fines dados a partir del axioma fundamental de la intencionalidad de la acción.

En palabras de Rothbard: “Los fines de un hombre pueden ser “egoístas” o “altruistas”, “refinados” o “vulgares”. Pueden enfatizar el disfrute de bienes materiales o comodidades, o también pueden buscar una vida ascética. La economía no se preocupa del contenido de estos fines y sus leyes se aplican cualesquiera que sea la naturaleza de estos fines.”

Por otro lado, un problema de la economía conductual es su concepción de la racionalidad, la cual se asemeja mucho a la de la economía mainstream. Sigue concibiendo la racionalidad o el agente racional como un agente que maximiza las utilidades entre unas elecciones posibles estáticas. Sin embargo, si observamos la realidad vemos que tal modelo formal no se da excepto en casos muy concretos, y que los agentes no miden los bienes en forma de utilidades y que la felicidad que da cada bien tampoco se puede medir.

Por ello, es más adecuado seguir el modelo misesiano, principalmente, admitir que la realidad de las valoraciones subjetivas es más compleja de lo que pensamos, que el acto de valorar siempre se da en la elección entre distintos bienes, es decir, de manera ordinal y no cardinal, por lo que la economía no es una ciencia que se pueda formalizar en modelos econométricos.

Aunque hasta ahora se ha dicho que la economía conductual es completamente inútil, esto no es del todo cierto. Yo por lo menos creo que muchos de sus ejemplos sirven para refutar o por lo menos hacer ver lo complicado que es la formalización por sesgos como el sesgo de confirmación o el sesgo del superviviente, además de su aplicación bastante útil en muchos casos a los mercados financieros y a la inversión en general.

Uno de los ejemplos más famosos es un experimento en el que se preguntó a una muestra de gente acerca de sus preferencias entre un viaje a París con todo incluido y un viaje a Roma con todo incluido, y a otra muestra se le hizo la misma pregunta; sin embargo, se añadió la opción de Roma sin desayuno, y a pesar de que nadie eligió esta opción cambió significativamente los resultados en favor de Roma.

Son este tipo de cosas las que trata de explicar la economía conductual.

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