El terror fiscal que existe en España

A menudo solemos calificar tal o cual territorio, o la propia España, como un “infierno fiscal”. Todos entendemos que este término se refiere a un lugar en el que sus habitantes padecen una elevada y asfixiante fiscalidad, o al que las empresas y los inversores no quieren ir porque resulta escasamente atractivo. Asociado con este término, lógicamente, deberíamos usar otro que a lo mejor podría llamarse totalitarismo fiscal, o ya puestos hasta “terrorismo fiscal”. ¿Es España un lugar en el que el estado practica el terrorismo fiscal? Pues a lo mejor sí, como algunos de los datos que aportaremos a continuación  invitan a sospechar.

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Existe un notable consenso social en contra de la figura del defraudador. Si no hay medicinas o escuelas para los niños es por culpa de los defraudares fiscales. O porque el gobierno gestiona muy mal. Irónicamente tiene mucha peor prensa el defraudador fiscal que el gobierno incompetente, tal vez porque los gobiernos tienen mucha más influencia sobre la prensa que los defraudadores, aunque sin duda es mucho más letal para que no haya medicinas o escuelas la mala gestión que el fraude fiscal. No obstante, de lo que está claro que nadie habla es no de cuando los ciudadanos defraudan a Hacienda, sino de cuando es Hacienda la que defrauda a los ciudadanos. Y así nos vamos aproximando al concepto de terrorismo fiscal.

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Hacienda pierde la mitad de los pleitos que los ciudadanos entablan con ella. O sea, no se puede decir que Hacienda afina mucho y es muy escrupulosa cuando reclama algo a un español. De hecho la mitad de las veces los tribunales no le dan la razón. Si la mitad de las causas de Hacienda no tienen fundamento, casi podría decirse que el rigor de Hacienda al reclamar una cantidad a los ciudadanos equivale a echar una moneda al aire. O sea, que no hay mucho rigor.

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Ayer mismo, la Audiencia de Madrid absolvía al empresario José María Aristrain de la acusación de fraude fiscal. Poco antes hemos visto los fallos a favor de futbolistas como Piqué, Juanfran Torres o Xabi Alonso. De momento nos limitamos a citarlos, pero profundizaremos en la cuestión.

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Frente a estos casos, podrían citarse los casos de Messi o Cristiano Ronaldo, pero también cabría matizar que se trató de casos que se saldaron con un acuerdo con Hacienda y no con una decisión de la Justicia. Es decir, ¿hasta qué punto el terror fiscal y el temor frente a la maquinaria del estado no invita a aceptar un acuerdo y una culpabilidad limitada en vez de arriesgarse a acabar en prisión?

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Podríamos traer a colación esta reflexión incluso a Jorge Javier Vázquez, que recientemente ha denunciado la existencia en España de este terror fiscal. Está claro que cuando alguien maneja cantidades importantes de dinero, ya sea una empresa o un particular, Hacienda puede encontrar fácilmente puntos discutibles, y puesto que hablamos de cantidades importantes, Hacienda puede encontrar en la compleja y voluminosa declaración de cualquier gran contribuyente el material para cargar contra él con o sin razón.

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Obviamente no ponemos la mano en el fuego por nadie, menos aún por Jorge Javier Vázquez, pero está claro que existe una absoluta asimetría entre Hacienda y el contribuyente. Si esta asimetría se produce cuando la declaración que se discute es la de un empresario, una estrella del deporte o la de un presentador de televisión, no digamos cuando el perseguido por Hacienda es un particular sin recursos y sin voz, que en gran número de casos puede considerar, y sin duda considera, que es mejor pagar de más injustamente que hacer frente a una cadena interminable de pleitos, correr el riesgo de acabar en la cárcel y hacer frente a recargos e intereses más propios de la usura que de la administración del estado.

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Recientemente se ha estrenado en España un documental totalmente inusitado, dado que refiere el caso de Agapito García, un empresario al que Hacienda puso en su mira convertido en el mayor moroso del fisco en España, y que ha sido sometido a un calvario judicial durante 30 años en los que ha pagado al fisco más de 20 millones de euros, aunque le quedan por pagar 16,9, cuando originalmente sólo le reclamaban 11 y teniendo en cuenta que le llegaron a exigir 53. Obviamente el documental no goza de mucha popularidad en las plataformas televisivas o de internet. No hay nadie que no tema o le compense desagradar a Hacienda por culpa de un documental en el que Hacienda queda mal.

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Lo cierto es que Hacienda no tiene razón ni siquiera la mayoría de las veces que reclama contra los ciudadanos, que muchos españoles no recurren a Hacienda aún considerando injustas las exigencias de Hacienda porque se trata de un enfrentamiento totalmente desigual no sólo en cuanto a los medios, o por tener la balanza legislativa y administrativa a su favor, sino también por lo que cada uno tiene que perder. Sumemos a ello el miedo a denunciar esta situación. Hay ciudadanos que defraudan a Hacienda y está muy mal, pero da mucho más miedo que sea Hacienda la que defraude a los ciudadanos y que lo haga amparada en un escenario de absoluta desigualdad y temor. Por supuesto cabe sospechar que la voracidad de Hacienda y el terror que despliega es directamente proporcional a los agujeros financieros que se le van abriendo al gobierno y su acuciante necesidad de dinero.

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Donde el estado es elefantiásico, por tanto carísimo y deficitario, pero con infinitos mecanismos de opresión a su disposición, resulta casi imposible que como fruto de esta peligrosa combinación no se empiece a generar un escenario de pánico fiscal, totalitarismo fiscal o terrorismo fiscal. Digamos que como poco, además de la necesidad, el estado tiene el móvil, los medios y la oportunidad de caer en la tentación.

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Comentarios (1)
  1. Marta says:

    Lo de Xabi Alonso fue épico, lo de Aristrain también. Lo de hacienda asqueroso. Terrorismo fiscal. La inmensa mayoría de la gente ante una inspección acepta el acuerdo por muy malo que sea antes que asumir ir a un pleito contra quienes son oscuros y sin rostro y recurren con el dinero de todos. Debería haber una ley donde los inspectores temerarios paguen de su bolsillo y con penas.

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